Mauro Salazar J. / No literal. Contrabando e institución

Filosofía, Política

Comentario crítico a No-literal: filosofía en órbita de Javier Agüero Águila (Editorial Deriva, 2025)

EX-ERGON:No-literal: ensayos de filosofía en órbita (2025), es un libro que no se deja situar en la estela de un solo contrabando, sino en la zona de intersticios e incomodidades de tres economías de la escritura que hicieron del género discursivo un problema antes que un recipiente: el agotamiento beckettiano de una voz que persiste más allá de toda capacidad y de todo deseo de expresar, el goce barthesiano que infiltra la pulsión del cuerpo allí donde la teoría exigía la asepsia del concepto y la destinerrancia (Derrida) de un envío que porta en su estructura misma la posibilidad de no llegar nunca a destino. El subtítulo, «filosofía en órbita», nombra una temporalidad que no coincide con ninguna de esas tres (no habría parergon del saber académico) y que sin embargo las requiere a todas como condición de su propia inteligibilidad: la de una escritura que gira alrededor de lo real sin la pretensión (epistémica, disciplinar, programática) de convertirlo en objeto de apropiación cognitiva, que se mantiene en la zona de atracción del mundo resistiéndose a la ficción de que el conocimiento pueda atrapar aquello que orbita, porque atraparlo sería fijarlo, y fijarlo sería matarlo como pensamiento para resucitarlo como dato. La «órbita» es la forma chilena del contra-bando (ensayo de extramuros); una textualidad que va más allá de las biografías existenciales y los territorios vigilados de la academia filosófica. Tal operación se produce después de octubre de 2019, que dejó a la escritura crítica en estado de orfandad hermenéutica, desprovista de las categorías que antes le garantizaban un lugar en la distribución de lo legible.

Mauricio Amar / Fetichismo, fascismo, máquinas

Filosofía, Política

La reaparición del fascismo, por supuesto con formas de organización y violencia nuevas y ropajes quizá más coloridos, no trata tanto de la transformación del mundo, sino de su aceleración hacia la destrucción completa. Lo que Marx indicaba en el capital como fetichismo de la mercancía, debe volver a estar sobre la mesa en tanto no refiere simplemente al proceso de ocultación de los procesos que hacen posible la forma mercancía, sino a una forma en la que los humanos se constituyen, se subjetivan y relacionan entre sí y con el mundo como «cosas». Norbert Lenoir dirá que «el fetichismo es en un sentido la constitución de un mundo, de un medio en el que los humanos actúan y piensan» (Lenoir, 2018, p. 63). Este actuar y pensar se constituye como realidad objetiva de la misma manera en que circulan las mercancías. Hay algo de endurecimiento en este proceso o peor, de mutilación de aquello que es fundamentalmente sensible en toda relación. El fetichismo es, en este sentido, el modo de aparecer del mundo en la época del capitalismo y su expansión e intensidad no conocen límites.

Felipe Valdés / Política, imaginación y escritura

Filosofía, Política


Sobre No-literal. Ensayos de filosofía en órbita (Deriva, 2026) de Javier Agüero Águila

Hay escrituras que no buscan únicamente la analítica de un mundo dado, sino abrir cuestiones al pensamiento allí donde la máquina gubernamental1 pareciera administrar toda experiencia. No-literal. Ensayos de filosofía en órbita de Javier Agüero podría pertenecer a esta constelación. En efecto, No-literal no trataría solo de un libro que busca comprender su tiempo, sino, más bien, de uno que busca interrumpirlo. En una época para la cual parecen haberse agotado los conceptos filosóficos “(…) que inhabilitan comprender una comunidad, su sociología, su flujo” dando paso a un “tipo de sociedad mutante” (Agüero, 2026, p. 47), el esfuerzo de Agüero explora otras “maneras y «modos» (al decir de Nelly Richard) de hacer inteligible nuestro mundo” (Agüero, 2026, p. 13). Dando un pie atrás de las lógicas del saber estandarizado en las cuales toda inventiva queda reducida a cifras de desempeño, el autor releva al ensayo como expresión filosófica, “homenajeándolo” en su uso2, cuyas imágenes al tiempo que ponen en juego momentos de inteligibilidad, interrumpen el normal funcionamiento de la lengua dominante.

Paz, Guerra; Israel, Gaza; Derechos Humanos, Democracia; Amor, Revuelta; aquí solo algunas de las imágenes que entrecruzan los arcos de sus textos, las cuales han adquirido una intensidad decisiva, allí donde la arremetida del fascismo y la violencia de la guerra amenazan toda la vida en su deriva imperial. No-literal ha adquirido su momento de inteligibilidad de la mutación en tránsito de nuestro presente, allí donde lo que se juega es la feroz disputa por un nuevo “Nomos de la tierra”3. Dicho en otros términos, No-literal piensa en medio del obsceno reparto del mundo (cuya figura paradigmática es Trump) allí donde parece no haber ni maneras ni modos para hacer inteligible dicho reparto. Y a la vez, en la violencia de este reparto, No-literal hace urgente pensar la guerra, es decir, la guerra después de la guerra, que no es otra que la violencia estructural que sostiene al régimen del capital, y que el régimen del capital sostiene sobre la imaginación y los cuerpos.

Rodrigo Karmy Bolton / Mutación feudal

Filosofía, Política

El llamado nuevo “realismo político” se revela, así, como una especie de realismo de la crueldad donde la “realidad” de la crueldad, lejos de ser un “dato natural”, es un agenciamiento estratégico, es decir, la realización de una crueldad: su puesta en obra desde la impotencia del poder para reducir el mundo a una economía bajo su comando soberano. Junypero Loyola

I

En su última columna publicada recientemente en CIPER, titulada Venezuela y nuevo orden internacional1 el destacado economista José Gabriel Palma ofrece una lectura clave respecto de la mutación que se despliega antes nuestros ojos. Para esto, Palma inicia con una crítica al análisis reduccionista presente tanto en las derechas como en las izquierdas, según el cual, la intervención trumpista habría tenido lugar para iniciar un proceso de transición democrática (versión de derechas) o bien, dicha intervención habría servido exclusivamente para apropiarse y extraer el petróleo (versión de izquierdas). Frente a los análisis reductivos de ambas posiciones, Palma avanza otra tesis que llamaremos, la mutación: en su perspectiva, la cuestión de fondo que pone en juego la intervención trumpista de Venezuela, con la inacción tanto de Rusia como de China, no parece ser solo el aislamiento económico y político de Cuba en función del posible desmantelamiento de su régimen por parte de las fuerzas estadounidenses, sino una destrucción de largo alcance del orden internacional vigentes desde finales de la Segunda Guerra Mundial en función de instaurar otro orden no basado en el liberalismo imperial y el derecho sino en la restitución de un neofascismo necesariamente imperial bajo la mano de la fuerza. De esta forma, Palma argumenta que Rusia podría quedar tranquila con su influencia sobre las ex repúblicas soviéticas como Ucrania, China podría no ser molestada con la anexión de Taiwán, Israel con Medio Oriente y los Estados Unidos –premunidos de su antigua doctrina Monroe- con el llamado “hemisferio occidental” que, por cierto, incluye la totalidad de Latinoamérica. La tesis de Palma es interesante y rigurosa porque ofrece una mirada más amplia para analizar los fenómenos globales. Mi lectura se apuntala en la suya. Pero pretende enfatizar los diversos planos de la mutación acontecida situando la noción, absolutamente provisoria de imperialismo feudal, junto al énfasis sobre la industria cibernética como una función teológica decisiva, en la medida que orienta sus dispositivos a la captura de la vida, es decir, del alma, que provee de nueva vida a la máquina para posibilitar su paso hacia la segunda fase global: la del imperialismo feudal. Por cierto, esta columna no tiene más que un sentido experimental, en el sentido que todas sus conclusiones necesariamente han de ser provisorias.

Paola Caridi / Consejo de la Paz. La propuesta indecente

Política

“Impunidad disfrazada de diplomacia”. Eso es lo que se escucha en Gaza, gracias a los periodistas palestinos que siguen dando testimonio de lo que ocurre en la Franja. En este caso, es Tareq Abu Azzum, uno de los corresponsales de Al Jazeera English, quien sintetiza así la frustración que recorre la población, sobre todo después de que Benjamin Netanyahu fuera invitado a formar parte del Consejo de la Paz instituido por Donald Trump. ¿Cómo es posible que el autor del genocidio palestino sea invitado a llevar la “paz”? ¿No tiene Netanyahu una orden de arresto internacional en su contra, emitida por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad?

Junípero Loyola / El Rey Lobo. Tel Aviv, Washington, Berlín y Santiago de Chile

Filosofía, Política

SEGUNDA PARTE. BERLÍN, SANTIAGO DE CHILE

La Fuerza Pública (…) representa la organización que el Estado se ha dado para el resguardo y defensa de su integridad física y moral y de su identidad histórico-cultural. (Augusto Pinochet)1

Esta lógica fascista, en sentido amplio, fue esencial en la filosofía esotérica del hitlerismo, a comienzos del siglo XX. La Sociedad Thule (Thule-Gesellschaft), un grupo ocultista alemán que en aquel entonces tuvo fuerte influjo sobre el nazismo, inseminaba la mitología de la “raza aria”, “quinta raza raíz descendiente de los atlantes” (una adaptación de la teosofía de Helena Blavatsky), así como el de la “patria hiperbórea” (Thule), que no era un lugar geográfico, sino un símbolo abstracto de pureza espiritual en el extremo norte del planeta. El racismo, además, se entendía no sólo desde la “ciencia de la raza” de la época, sino también desde la concepción de un “racismo esotérico”, según el cual el judío no era sólo un “enemigo racial” en sentido biológico-político, sino una “fuerza metafísica corruptora del espíritu ario” (antisemitismo esotérico): el judaísmo representaba la “contra-raza” que encarna el materialismo (apego a lo corporal, concreto), versus el espiritualismo ario (dedicado a símbolos abstractos: origen, destino, honor, espíritu). En consecuencia, el cuerpo judío —y luego el eslavo, gitano, no-heterosexual, comunista, discapacitado, etc.— era un obstáculo material (contaminación degenerativa física, estética, moral e intelectual) para la realización del símbolo abstracto y su teleología: la raza aria como realidad espiritual. Todo esto se alineó, por supuesto, desde fines de los años veinte, con la “metafísica de la sangre” de Alfred Rosenberg: la sangre como vehículo del alma racial. La sangre no sería un mero fluido biológico, sino un símbolo espiritual que porta el “alma étnica”, de modo que los cuerpos individuales sólo importan como portadores de esa sangre simbólica: como corolario, el sufrimiento corporal es irrelevante si sirve a la purificación de la sangre racial (símbolo abstracto). En efecto, las SS (Schutzstaffel, Escuadrón de Protección), bajo su aspecto de aparato policial-militar dirigido por Heinrich Himmler, funcionaba como “orden esotérica”, y tenía bajo su comando a la Ahnenerbe (Forschungsgemeinschaft Deutsches Ahnenerbe, Sociedad de Estudios de la Herencia Ancestral Alemana), que entre otras cosas buscaba vehementemente “artefactos simbólicos” (Santo Grial, Lanza de Longinos) para “activar el poder espiritual ario”. En el Castillo de Wewelsburg, en el norte del Estado federado alemán de Nordrhein-Westfalen, Himmler estableció un centro de rituales SS donde se practicaba una suerte de religión que reemplazaba al cristianismo (considerado “judaizado” por su compasión por los débiles), y, en ese contexto, los cuerpos de los oficiales SS eran vistos como “templos del espíritu ario”, mientras los cuerpos “inferiores” eran considerados descartables, sacrificables, matables impunemente.