Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación acerca de la máquina: Tragedia-aporía

Filosofía

En nuestra primera divagación acerca de la máquina buscamos una imagen primigenia que fuera suscitada por la noción de máquina. Acto seguido, en la segunda divagación realizamos el movimiento contrario, es decir, reflexionamos acerca de la noción de máquina despertada por su imagen primigenia. En contraste, esta tercera divagación estará consagrada a radicalizar históricamente el concepto y uso de la máquina. Para ello, tomaremos el caso de la explícita aparición de la máquina en el contexto de la tragedia griega.

Tragedia

La génesis de la tragedia, en cuanto origen, sólo puede ser pensado porque aquella tragedia vital que algún día inflamó los escenarios de la Grecia antigua ha llegó a su fin. Nunca puede haber cabal pensamiento sobre lo pensado sin que aquello pensado haya sido, o esté siendo, asesinado y, de algún modo, resucitado. Pensar radicalmente es un entierro o una agonía: un asumir y un invocar, el acto de exponer nuestra vida para hablar con un mar de espectros. En las inmediaciones de este saber aporético se concentra la fatalidad de la tragedia y la maravillosa profundidad de su enigma. Pero algunos se han quedado sólo con la muerte de la tragedia: la han asesinado para levantar un trasmundo a sus espaldas, detrás de la conmoción de las gradas e inalcanzablemente más arriba de las calamidades del escenario. La luminosidad de un trasmundo parece constituir la tragedia de la tragedia: su destino histórico; es decir, una peripecia y epifanía en la narración de la historia universal.

Miguel Ángel Hermosilla / La imaginación sublevada en el mito, Mariátegui y Jesi contra la historia

Filosofía, Política

la sublevación conduce a no dejar que otros nos organicen, sino a organizarnos nosotros mismos.” Marx. La ideología alemana. La sublevación.

La imaginación popular, como reformulación de lo que Furio Jesi denomina mito autentico o propaganda genuina, y que expresaría el momento fulmíneo de todo acontecimiento subversivo1 , porque implicaría una experiencia de verdad y de conocimiento; “un instante de cognoscibilidad”, que fisuraría la intersección dominante entre mito e historia; entre eternidad y contingencia, y que, en efecto, rasgaría un hiato en el interregno abierto por la “verdad” que contendría la potencia de un gesto de insurrección, es que nos interesaría leer la importancia del mito político contemporáneo como topología de la sublevación.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Pensamiento adverbial

Filosofía

El lugar es aquí. Frente a la interrogación del dónde, lo más genuino consiste en responder con otro adverbio, pero ya no espacial, sino de tiempo: el lugar habita el mientras. Porque jamás un lugar podrá quedar apresado en un sustantivo. Más que sustantivos, simples agotadores de espacio en la presunta certeza de creer ser lo que son, el uso de la imaginación reverbera en los modos, en la caricia palmar con la que, de improviso, dicha palma desata la vibración de los entes. Por eso, imaginar nunca puede reducirse a la substancia reproductiva de lo imaginado por la imaginación. Mucho más poliforme que la economía de trasvasije estático -tan propia de la filosofía analítica- entre “objeto de contenido” y “continente subjetivo”, la manera en que habitamos este mundo es adverbial, gerúndica, circunstancial: desde el desde de lo siendo.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: recordar y olvidar lo soñado

Estética, Filosofía

Amanecer

Sólo hace falta que nos levantemos para olvidarlo. Es sencillo. Parece fácil. De hecho, lo hacemos todos los días. Pero algo nos detiene. Aunque sea por un segundo, algo nos detiene, apelando a nuestra facultad de retención. No se trata del cansancio, totalmente real, con que somos consumidos por la bestial dinámica de un capitalismo cada vez más acelerado. Por cierto, tampoco se trata de aquel goce sensualista al cual, cuando la marea amaina, abrimos la puerta: no hablamos del silencioso erotismo matinal, sino desde él. Se trata de un lugar mágico, suspendido interludio entre el sueño y la vigilia, pero siempre capaz de expresar su superávit de sentido en comparación con el espacio físico sobre el cual se abre tal experiencia. Así, pareciera que por medio de sensualidad contenida en un único acto ha de desplegarse el recuerdo de un universo otro, universo cuya legalidad resulta tan inexorable como incuestionablemente cierta, tan opaca como gozosa: en el acto de demorar-nos entre las sábanas, palpamos la lisura y rugosidad de éstas, escuchamos cómo el decadente ronquido va quedando atrás y recibimos la ingrávida presión del colchón contra nuestro cuerpo, a la manera de un molde perfecto y, pese a ello, siempre antagónico con respecto a nuestra carne. Todos estos parecen ser gestos que insinúan un prisma de sensibilidad dispuesto a dejarse afectar por minucias, como si ingresáramos en un microcosmos incoincidente con nuestra vivencias cotidianas ni, tampoco, con esta extraña experiencia, con esta suerte de proto-experiencia, donde, a contracorriente del tiempo del capital, hemos de morar en la demora matutita. Dicho ingreso demoroso lo hacemos en virtud del sueño recientemente concluido, el cual, inevitablemente dispuesto al olvido, nos empeñamos en retener, aunque sea en forma de última fragancia. Hablamos, en fin, del postrero eco de lo soñado resonando en quien apenas despierta, es decir, hablamos de estelas de sueño que nos llaman a seguir soñando, pero no por evasión de la vida, sino, al contrario, por excesivo amor a ésta: por deseo de seguir habitando el sueño que se nos va, tal vez, para siempre. Es la experiencia de la pérdida, de la irrevocable pérdida de algo íntimamente nuestro, de algo a lo cual nos hallamos implicados profundamente, pero que, a la vez, nunca tuvo por origen nuestra propia voluntad, lucidez o identidad. El sueño no es obra nuestra.

Aldo Bombardiere Castro / Imaginarios, imaginales e invisibles. Chile a cinco años de la revuelta popular

Filosofía, Política

El último fin de semana de octubre, a cinco años de la revuelta popular de 2019, se celebraron las Elecciones Regionales y Municipales 2024. En virtud de tal hito eleccionario los intelectuales del orden (principalmente columnistas de diarios y panelistas de televisión) han intentado cerrar el análisis político acerca del presunto ciclo de anomia institucional que, según ellos, caracterizó al -así llamado- “estallido social”. Por supuesto, a sus ojos dicho episodio produjo una fisura democrática, cargada de inadmisible violencia, pero, a su vez, también nos ha permitido extraer valiosos aprendizajes. Entre estos últimos, los intelectuales del orden destacan la necesaria promoción de la redistribución económica, la creación de condiciones más ampliadas al consumo, así como la readaptación de las instituciones políticas y, por parte de la ciudadanía, el compromiso con el desarrollo de facultades dialógicas y “empáticas” en aras de evitar la reiteración de un nuevo estallido. En suma, aprovechando de utilizar el reciente hito eleccionario en calidad de ejemplo cívico, el grupo de intelectuales públicos nos buscan dar una lección, con toda la doble carga de violencia que porta dicho término: una lección, en cuanto clase magistral de conocimiento teórico y sociologismo (el “estallido” fue sólo esto: negatividad, anomia, malestar aspiracional, déficit de capitalismo que ha de solucionarse con más capitalismo); pero, también, pretenden darnos una lección en tanto castigo, disciplinamiento y advertencia disuasiva (nuestra democracia no puede permitirse otro “estallido” y para eso estará Carabineros y el conjunto de fuerzas de orden y seguridad). En efecto, tras la conjunción de “opinión pública”, por un lado, y evento eleccionario, Chile ha consolidado su retorno al orden democrático e institucional, marcado por el voto obligatorio y el republicanismo liberal. Poco importa que la democracia se reduzca a lo procedimental, pues, el imaginario con que Chile pareciera concebirse a sí mismo parece haber recuperado su lugar.

Mauricio Amar / Utopía

Filosofía, Política

El mundo que conocíamos se disuelve a gran velocidad sin que en el horizonte veamos esperanzas de un mundo más justo. La guerra a gran escala ha despertado nuevamente y, como deberíamos saberlo todos, la guerra es siempre el juego del capital. Como siempre, se trata de conseguir recursos para territorios del centro productivo de los últimos doscientos años que, sin embargo, debido a su propio proceso de aceleración del capitalismo, ahora devienen relativamente descentrados y con una hegemonía cuestionada. La promesa del mundo capitalista es hoy que no hay futuro, cuestión que, aunque no todos lo comprenden, hasta la deriva fascista de Europa lo intuye. Que no haya futuro significa que para la mayor parte del planeta lo que se avecina es la vida en territorios hostiles a ella, la propagación de diversas y desconocidas enfermedades pandémicas, enfrentamientos cada vez más intensos por asegurar los recursos naturales, lo que va de la mano con grandes oleadas migratorias y la instalación sobre los propios recursos de las corporaciones que hoy controlan los datos y la banca, que serán las únicas con capacidad militar. Esa imagen ciberpunk del mundo la imaginamos muchos, pero nuestra imaginación se ha construido con las películas y novelas de una industria cultural ligada a la propia acumulación de capital ¿podemos imaginar de otro modo?