Nabokov, en su libro sobre Gogol’, intentó definir qué es el pošlost’, la miseria barata y ruin en la que viven los personajes de ese inmenso escritor de cuyo abrigo, decía Dostoievski, «salimos todos». Del pošlost’, emblema, policía y, al mismo tiempo, encarnación es Čičikov, el inefable comprador de almas muertas, es decir, de aquellos siervos difuntos, por los que el amo seguía pagando el testatum, proporcionándoles así una especie de falsa supervivencia. No creo proponer nada descabellado al sugerir que Čičikov es para nosotros un símbolo de quienes hoy gobiernan -o creen gobernar- la vida de los hombres. Como Čičikov, manipulan y trafican, de hecho, con almas que ya están muertas, cuya única apariencia de vida es que ellas mismas pagan los testatis y compran los bienes de consumo que se les dice que compren. Poco importa, pues, que esas almas estén realmente muertas o que sólo lo parezcan a quienes las gobiernan, ya que lo esencial es que se comporten -y lo hagan bien- como si estuvieran muertas. «Sí, claro que están muertas», dice Cicikov de sus almas, «pero, por otra parte, ¿qué sacamos hoy de los vivos? ¿Qué clase de hombres son?», y al interlocutor que objeta que éstos al menos están vivos, mientras que sus almas no son más que una ficción, responde indignado: «¿Una ficción? ¡Pues sí! Si las hubieras visto… Me gustaría saber dónde encontrarías semejante ficción.
Política
Mauro Salazar J. / Comunismo e imaginación. Escena emancipatoria
Estética, Filosofía, PolíticaLos libros de filosofía y las obras de arte contienen también su cantidad inimaginable de sufrimiento que presentifica la constitución de un pueblo. Tienen en común la resistencia a la muerte, a la servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente. Felix Guattari y Gilles Deleuze-1991
Apostilla. “Los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantarla par décret du peuple»-dice Marx en La guerra civil en Francia-.Utopía es un término ético-político que solo puede invocar una dimensión fundamental, que abunda y exalta “lo imaginal” por cuanto carece de topografía y se resiste a las descripciones totalizantes. El comunismo -elusivo y espectral- parece ser un acontecimiento que no ha sido superado por la prevalencia nihilista. La hipótesis comunista es la hipótesis de la emancipación -dice Badiou. Con todo, la imaginación utópica tiene lugar en el mundo, en un anclaje que será siempre una “capa de lo real”. Y una amenaza donde el acceso lo universal es una latencia de la imposibilidad. El intelectual de Tréveris leyó las condiciones reales e inmateriales respecto a sus propios contextos de producción. Ya sabemos la toma de distancia con el utopismo francés. Hemos padecido décadas de asedió por curadores –los lacayos de la pluma- y fóbicos de occidente que nos hablan de un arkhe, de una tierra firme donde el significante -comunismo igualitario- se debe vincular a regímenes despóticos. Era la URSS, la cadena del eslabón más débil, las infamias de los socialismos reales, luego la Sierra Maestra y una mezcla de guerrillas que borraría la potencia de los singulares en una comunidad. Con todo, tales experiencias no pueden ser obliteradas lisa y llanamente.
Sofía Esther Brito / Reír, arder resistir: notas en torno a Stasiología/Guerra civil, formas-de-vida y capitalismo de Rodrigo Karmy
Filosofía, PolíticaReír, arder, resistir. Con estos tres verbos, los ensayos que componen Stasiología/Guerra civil, formas-de-vida y capitalismo, conjugan su gestualidad. Las notas, interrogan en la escritura de Rodrigo Karmy desde un impulso. Las leo como movimiento de pequeñas piedritas a la ventana, quizás desde un patio donde se ve una lámpara encendida; quizás porque se espera que, al otro lado, el castigo no impida salir a jugar. Hay una especie de señal de ‘alerta’ o llamado de atención ante el tradicional léxico de las izquierdas, arraigado en nuestro modo de imaginar. Un pensamiento -como diría el escritor argentino Damián Tabarovsky- que se opone a la idea de transición, a la lógica de la política avanzando por etapas, con puntos de partida y puntos de llegada; [más bien] apela al fantasma en la grieta, en el terremoto, en la tormenta, en el remolino que todo lo cambia de un instante a otro1”.
Hugo Sir / Y la guerra, apenas ha comenzado…. Imaginación y organización, un comentario sobre la indicación de stasiología de Rodrigo Karmy
Filosofía, PolíticaEste artefacto que Rodrigo nos entrega y que él ha dudado en llamar libro y prefiere llamarlo, por ejemplo, pasquín de lucha, se muestra contra toda expectativa habitado o, quizás, invadido por voces disímiles, momentos de duda, elecciones al calor de ciertos acontecimientos y revisitadas bajo el impulso de otros. Rodrigo, en los tres textos y medio que componen la materialidad del libro, abraza distintas intensidades, se deja llevar por ritmos que lo conducen a afirmar territorios hasta cierto punto contrapuestos. Y qué bueno que así sea. Al igual que en los últimos años en Chile, uno puede viajar desde una frenética o al menos afirmativa perspectiva del momento de las fuerzas políticas “radicales” (como cuando nos dice que las “sublevaciones no son la excepción, sino la regla” – en la cuarta de las 22 tesis sobre la devastación mundial) a la sensación, bastante corporal, de que la clausura y la derrota final se extiende sobre nosotros (como cuando nos enteramos que el “reino de las pasiones tristes se ha consumado, uniéndose al proceso de neofascistización global o, lo que es igual, la ‘americanización’ del mundo”, respecto a la muerte del proceso constitucional chileno en la apostilla 15). Ciertamente, este vaivén afectivo nos embarga no solo al leer, sino al seguir de más o menos cerca los acontecimientos políticos nacionales y globales. Y, sin embargo, entre medio de estas diferencias, desfases, titubeos, ensayos, aparecen unas líneas, unas fuerzas que le dan justamente por ello, un ritmo. Yo agruparía estas fuerzas alrededor de tres campos problemáticos: comunismo, revolución y forma-de-vida. Quisiera abordar brevemente los tres, a partir de lo que stasiología invita a discutir.
Mauro Salazar J. / Allende en las escrituras de Placilla. El Golpe entre nosotros
Filosofía, Políticaa Daniel Mansuy, a las condiciones de posibilidad, al cómo y porqué, es posible que enuncie su propio mito, el mito de la necesidad del golpe. A ese afán de objetividad mitificante que distribuye culpas tras 50 años. Y cuya obsesividad final -mediaciones mediante- recae en un solo nombre, Salvador Allende. Tarde de Julio, 20231*.
Placilla, 28 de agosto de 1891. Dos mil muertos. He aquí el escenario ensangrentado donde capituló la fuerza hegemónica del Balmacedismo (1886-1891)2 con su oscilante potencia entre modernismo (estéticas plebeyas y artes cultas) y modernización (técnica, obras públicas, progreso). La guerra civil dictaminó el trágico desenlace del texto liberal cifrado en múltiples potencias. Prosas, poesías populares, crónicas, epístolas de la tempestad y emplazamientos al púlpito de la Iglesia. En suma, aquí se desplegaron intensidades semióticas, imágenes de prensa, exaltaciones imaginativas y construcción de Estado Laico. La banca privada se sintió amenazada por el proyecto gubernamental de crear un banco público, que buscaba mitigar la prevalente oligárquica, las ambiciones de banqueros y elencos del mundo crediticio-feudatario. Entre enciclopedismos, furias patrióticas y diccionarios nacionalistas, quedaba pulverizada la posibilidad de fortalecer un incipiente programa industrial perpetrando una herida al régimen hacendal que inviste la «oligarquía revolucionaria-reaccionaria» afincada en el Congreso, en los astilleros de Iquique y el monopolio extranjero. El “presidente [personaje proverbial] se ha colocado fuera del régimen Constitucional” -dice Waldo Silva el 07 de enero de 1891, invocando el significante libertad secuestrado por el ensayismo oligárquico (Ismael Valdez, nota 1891). El preciado oro blanco ha depravado la época. Aquel obrerismo lumínico quedaba siniestrado, pese al vigor comprometido contra el extractivismo salitrero, la preocupación por el pueblo, antes que por los círculos aristocráticos financieros, locales e internacionales.
Giorgio Agamben / Comas y llamas
Filosofía, PolíticaA un amigo que le hablaba del bombardeo de Shanghai por los japoneses, Karl Kraus le contestó: «Sé que nada tiene sentido si la casa se incendia. Pero mientras sea posible, cuido las comas, porque si los que tuvieron que hacerlo se hubieran preocupado de que todas las comas estuvieran en el lugar correcto, Shanghai no se habría incendiado». Como siempre, el chiste esconde aquí una verdad que vale la pena recordar. Los hombres tienen su morada vital en el lenguaje, y si piensan y actúan mal, es porque su relación con su lenguaje está corrompida y viciada en primer lugar. Hace tiempo que vivimos en una lengua empobrecida y devastada, todos los pueblos, como decía Scholem de Israel, caminan hoy ciegos y sordos sobre el abismo de su lengua, y es posible que esta lengua traicionada se esté vengando de algún modo, y que su venganza sea tanto más despiadada cuanto más la hayan estropeado y descuidado los hombres. Todos nos damos cuenta, más o menos claramente, de que nuestra lengua se ha reducido a un pequeño número de latiguillos, que el vocabulario nunca ha sido tan estrecho y gastado, que la fraseología de los medios de comunicación impone su miserable norma por doquier, que las conferencias sobre Dante se dan en mal inglés en las aulas universitarias: ¿cómo, en tales condiciones, puede alguien esperar ser capaz de formular un pensamiento correcto y actuar en consecuencia con probidad y prudencia? Tampoco es de extrañar que quienes manejan semejante lenguaje hayan perdido toda conciencia de la relación entre el lenguaje y la verdad y, por tanto, crean que pueden utilizar palabras que ya no se corresponden con ninguna realidad, hasta el punto de no darse cuenta de que están mintiendo. La verdad de la que hablamos aquí no es sólo la correspondencia entre el discurso y los hechos, sino, incluso antes, el recuerdo del apóstrofe que el lenguaje dirige al niño que pronuncia con emoción sus primeras palabras. Los hombres que han perdido todo recuerdo de esta llamada sumisa, exigente y amorosa son literalmente capaces, como hemos visto en los últimos años, de cualquier maldad.
