Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación en torno a la muerte: Posibilidad

Filosofía


No-poder

No podemos. Lo más seguro es que nunca podamos. Ni hoy ni nos será permitido hablar de nuestra muerte. A lo más, podremos sabernos abrazados por el declinar de su aura, percibir el temblar de nuestro cuerpo al interior de su vientre. Si Dios lo quiere (aunque en caso de existir, con seguridad lo quería), podremos ver la disolución del horizonte, acunarnos tras la caída de unos párpados que nunca más habrán de alzar el vuelo. No podemos hablar de nuestra muerte. No hay fenomenología de la muerte porque no existe experiencia, en primera persona y susceptible de soportar un análisis descriptivo, de tal vivencia. Nos resultará imposible atestiguar nuestra disolución. Pero, no obstante, casi a diario hablamos de la muerte. No de nuestra muerte, sino de la muerte de los otros, de la muerte de los nuestros. A su vez, las pupilas idas, lánguidas y estériles de nuestros muertos anuncian la inminencia de nuestra propia, de nuestra propia e ineludible muerte. Porque cada muerto, en cuanto gestualiza la finitud de nuestro destino, es nuestro muerto y también nuestro destino: el (incom)probable ocaso que se habrá de llevar consigo la curvatura de todo horizonte. He ahí la mayor, la única de todas las certezas: hemos de morir, amigos míos. No hay otra posibilidad.

Giorgio Agamben / El número de los asesinados

Filosofía, Política

Es preciso meditar una y otra vez el pasaje del Apocalipsis (6,9-11) donde se lee: «Y cuando (el cordero) abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían dado. Y clamaron con fuerte voz diciendo: “¿Hasta cuándo, oh Señor santo y veraz, no juzgarás y vengarás nuestra sangre en los que habitan sobre la tierra?” Y se dio a cada uno de ellos una vestidura blanca y se les dijo que descansaran aún un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que debían ser asesinados como ellos».

Ros Bandt y LIME / Soft and Fragile

Música, Sonido

Ros Bandt es una compositora, artista sonora, académica e intérprete australiana. A lo largo de cuatro décadas, ha creado y promovido nuevas formas de arte sonoro, entre las que se incluyen actuaciones en lugares específicos e instalaciones interactivas en espacios antiguos y patrimoniales. Bandt es conocida por sus colaboraciones interculturales, su experiencia en instrumentos de viento históricos y su interés por el vibrante potencial del sonido en espacios acústicos reales y digitales.

En Ficción de la razón presentamos Soft and Fragile, un disco emblemático dentro de su trayectoria del colectivo LIME (Live Improvised Music Events), lanzado originalmente en 1983. Se trata de una propuesta pionera que fusiona las texturas experimentales de instrumentos acústicos con el uso de intervenciones electrónicas y la improvisación libre, reflejando la visión de Bandt sobre la música como un espacio de exploración híbrido. A disfrutar la escucha atenta en un mundo que no quiere que escuchemos.

Giorgio Agamben / El trabajo y la vida

Filosofía

A menudo se elogia la Constitución italiana por haber puesto el trabajo en su fundamento. Sin embargo, no solo la etimología del término (labor en latín designa un sufrimiento angustioso), sino también su adopción como consigna de los campos de concentración («El trabajo hace libres» estaba escrito en la puerta de Auschwitz) habrían debido advertirnos contra una concepción tan imprudentemente positiva. Desde las páginas del Génesis, que presentan el trabajo como castigo por el pecado de Adán, hasta el pasaje tantas veces citado de La ideología alemana, en el que Marx anunciaba que en la sociedad comunista sería posible, en vez de trabajar, «hacer hoy una cosa, mañana otra, ir a cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado al anochecer, tras la comida criticar, según surja el deseo», una sana desconfianza hacia el trabajo forma parte integrante de nuestra tradición cultural.

Rodrigo Verdugo / Poemas de Anuncio, XIII Parte

Poesía

258

Bajo una dorada gloria

el mar es besado por muertos

polen que se disputan los dioses,

semen que se disputan los barcos.

Me estrello contra tu templo

antes que un cóndor ciego

conquiste a una golondrina.

El mar besa dioses

que lo van besando

y la suma de todos esos besos

son el oleaje que al atardecer

contemplarán todas

las parejas que vendrán.

Monica Ferrando / Cuatro entradas sobre la chôra

Estética, Filosofía

1 de Abril. Sin imaginación no hay pensamiento de la «chôra» .

En la tercera especie, en la que es el devenir visible el que acontece incesantemente, son las imágenes, es decir, el resultado de la imitación (mimèmata). El nombre de esta «tercera especie» fue, según Aristóteles, el de hyle, término nunca utilizado por Platón salvo en el sentido de «materia para la construcción» (69b) y adoptado, en cambio, por Aristóteles como sinónimo de chôra (Física 209b, 11-16). La concepción de esta tercera especie definida por Platón como «difícil e incierta» (49a) resplandece en la Enéada III de Plotino a propósito de la idea de «grandeza», donde «materia» e imaginación parecen superponerse, revelándose en la virtud omniabarcante del alma, en la que sólo las formas acceden a la palabra, que sigue siendo el único anclaje firme de las ideas despertadas por ella. Leemos en Plotino: “Tampoco se identificará con la Magnitud misma, porque la Magnitud es una Forma, y no algo receptivo. Además, la Magnitud es magnitud por sí misma, no magnitud de un modo determinado. Sólo que, como la Magnitud sita en la Inteligencia o en el Alma desea tomar magnitud, por eso dio poder a los seres que sienten una especie de deseo de imitarla, aspirando a ella o poniéndose en marcha hacia ella, para que inyectasen en otra cosa su propio sentimiento. En consecuencia, en el curso de su manifestación progresiva, la Magnitud hizo que la pequeñez de la materia emprendiese el mismo curso en dirección, justamente, a esa misma magnitud. […] El color proviene de un principio que no es color, y la cualidad sensible, de un principio que no es cualidad; más por el hecho mismo de manifestarse, tomaron un nombre que les viene de sus principios. Pues lo mismo le sucede a la magnitud, la cual proviene también de un principio que no es magnitud o lo es meramente de nombre. Es que las referidas manifestaciones son consideradas como intermedias entre la materia misma y la forma misma. Se manifiestan porque provienen de allá pero son engañosas porque el sujeto en que se manifiestan no es real. Ahora bien, las cosas particulares toman magnitud porque se dilatan en virtud de la potencia de las imágenes que se reflejan y se hacen sitio, mas se dilatan en todas direcciones sin violencia porque el universo existe por la materia. Cada imagen determina una dilatación proporcional a su potencia, y esta potencia la posee como propia, pero la recibe de allá. La causa de la aparente magnitud de la materia estriba en el reflejamiento de la Magnitud, y ésa es la magnitud refleja, la magnitud de aquí. Mas la materia, sobre la cual la magnitud se ve obligada a coextenderse, se brinda a ello toda a la vez y en todas partes. Esto se debe a que es materia y materia de algo determinado, pero no algo determinado» (Enéadas, III, 6, 17-35). Al mostrar que está empujando a la materia hacia un estado de absoluta pasividad que podría preludiar peligrosamente la res extensa cartesiana, Plotino revela esa inseparabilidad de la chôra de las imágenes y del poder de la imaginación, así como lo demuestran los pasajes del Timeo en los que la palabra, partiendo de su aspecto propiamente literal, sigue siendo el punto crucial e inatacable de todo discurso sobre la naturaleza de las cosas.