Maurizio Lazzarato / ¡Armarse para salvar el capitalismo financiero! La lección de Rosa Luxemburg, Kalecki, Baran y Sweezy

Filosofía, Política

Por muy grande que sea una Nación, si ama la guerra perecerá; por muy pacífico que sea el mundo, si olvida la guerra estará en peligro. Del Wu Zi, antiguo tratado militar chino

Cuando decimos sistema de guerra entendemos un sistema como el vigente que asume la guerra, incluso si solo está programada y no combatida, como fundamento y culminación del orden político, es decir, de la relación entre los pueblos y entre los hombres. Un sistema donde la guerra no es un evento, sino una institución, no es una crisis sino una función, no es una ruptura sino un eje del sistema, una guerra siempre deplorada y exorcizada, pero nunca abandonada como posibilidad real. Claudio Napoleoni, 1986

El advenimiento de Trump es apocalíptico en el sentido literal del término: desecha lo que cubre, quita el velo, desvela. La agitación convulsiva del magnate tiene el gran mérito de mostrar la naturaleza del capitalismo, la relación entre guerra, política y beneficio, entre capital y Estado – usualmente ocultada por los mecanismos democráticos, por los derechos humanos, por los valores y la misión de la civilización occidental.

La misma hipocresía está en el centro de la narrativa construida para legitimar los 840 mil millones de euros para el rearme que la Unión Europea impone, a través del recurso al estado de excepción, a los Estados miembros. Armarse no significa, como dice Draghi, defender «los valores que han fundado nuestra sociedad europea» y han «garantizado durante décadas, a sus ciudadanos la paz, la solidaridad y con el aliado americano, la seguridad, la soberanía y la independencia», sino que significa salvar el capitalismo financiero.

Mauro Salazar J. / Toda su tristeza es italiana

Estética, Filosofía, Política

«El Abuelo, estando en Italia, confunde Buenos Aires con Roma, Mussolini con Perón, y cree todavía estar en Buenos Aires y estar en deuda con el deseo de volver a su patria. Su lengua, por otra parte, híbrida y de frontera entre el español y el italiano, consolida este espacio de tránsito perpetuo entre dos culturas y dos tiempos, sin que se produzca una diferenciación entre ambos, un distanciamiento o una integración. Podría decirse que esta lengua intermedia es el índice del movimiento identitario del sujeto y de la imposibilidad de una definición o, en todo caso, su indefinición que, paradójicamente, lo localiza en esa identidad “otra”. (Cossa, 2009.)

A partir de las escisiones entre lengua y dialectos, la cuestión del nacionalismo patriótico puso de relieve el enraizamiento itálico. Los saltos demográficos fueron masivos, estructurales y espontáneos. En alusión a esto último Massimo D’ Azeglio (1698-1866), sostuvo que “una vez hecha Italia, hay que hacer italianos”. Más tarde Lothar von Metternich (1773-1859) limitó la Cuna del Renacimiento a ´una expresión geográfica´ excedida por dialectos peninsulares que responden a fragmentaciones lingüísticas. La dispersión étnico-lingüística fue inédita dentro de las realidades europeas y contribuyó a la fuerza expansiva de los idiolectos minoritarios -oralidades costumbristas y usos del fonema- sin vocación de comunicabilidad- que excedieron la promesa de la reunificación italiana y -posteriormente- la joven identidad nacional argentina. En medio de una especie de «nosotros genealógico» (mercantilismo cosmopolita), no es casual que, en el punto seis de la Constitución Italiana, se establezca lo siguiente, ‘La República protegerá a las minorías lingüísticas mediante normas específicas’. Tal paradoja hunde sus huellas en la nación más ancestral en acervos europeos (pintura, escultura, arquitectura, artes medievales), aunque atribulada entre Monarquía y República.

Javier Agüero Águila / Llámenla locura o digan filosofía

Filosofía

A Valeria Campos,

por su amistad sincera

en tiempos de desapariciones

1. La filosofía es una forma de locura y, como toda locura, lo es en su singularidad. No se pretende en este breve texto –no se puede– ir más allá de lo que ya se ha escrito sobre este “tópico” a lo largo de la historia del pensamiento (Sócrates, Descartes, Voltaire, Nietzsche, Foucault, Derrida y el largo etcétera), sin embargo, en este intento de buscar lo irreductible, de la insistencia en aquello que no permitiría ninguna hendidura más en la razón; o tratando de explorar la experiencia de la no experiencia en lo hiperbólico, en el exceso del exceso por encima de cualquier presente no-loco sino situado, es que la filosofía, en su momento, ahí donde “actúa”, está loca, y solo un loco o loca podría asistir esta condición.

Aldo Bombardiere Castro / Ocasos

Filosofía, Política

1

A pies descalzos, los niños juegan sobre la arena gris y gastada. Las madres mantienen sus imágenes al interior de las pupilas, a una distancia incierta tanto de los niños como de los hombres. Los padres y los padres de los padres florecen en el cóncavo pecho de los niños. Anochece. Y a la luz de los venideros espectros, los nombres empiezan a desdibujar los contornos de las sonrisas: la cifra, el número, las bombas, son implacables.

2

Los niños juegan y se agitan entre la arena, mientras, aún con los pies descalzos, sienten cómo la aspereza y la humedad oxidan sus huesudas rodillas. Las madres, desde sus hogares, sueñan la estela que los niños han dejado en sus faldas durante años; estelas lejanas, cuan estrellas fugaces e incumplidos deseos idos con ellas, pero, así y todo, estelas capaces de evaporar ira cuando roza convertirse en odio. Los padres han perdido a sus padres, y el corazón de los niños huérfanos lleva a hermanos y hermanas a las entrañas de otros cielos. Anochece y un ángel anaranjado se anuncia desde lo alto. El rojo de la sangre es más veloz que la luz, pues, incluso antes de dejar de palpitar, arde desde dentro.

Giorgio Agamben / Lo viejo y lo nuevo

Filosofía

¿Por qué somos capaces de describir y analizar lo viejo que se desvanece, pero no logramos imaginar lo nuevo? Quizás porque creemos, más o menos inconscientemente, que lo nuevo es algo que llega —no se sabe de dónde— después del fin de lo viejo. La incapacidad de pensar lo nuevo se revela así en el uso imprudente del prefijo «post»: lo nuevo es lo post-moderno, lo post-humano, en todo caso, algo que viene después. La verdad es precisamente lo contrario: la única manera que tenemos de pensar lo nuevo es leerlo y descifrar sus rasgos ocultos en las formas de lo viejo que pasa y se disuelve. Esto es lo que Hölderlin afirma con claridad en el extraordinario fragmento sobre La patria que declina, donde la percepción de lo nuevo es inseparable del recuerdo de lo viejo que se hunde y cuya figura, de hecho, debemos asumir amorosamente de algún modo. Aquello que ha cumplido su tiempo y que parece disolverse pierde su actualidad, se vacía de su significado y vuelve a ser, de algún modo, posible. Benjamin sugiere algo similar cuando escribe que, en el instante del recuerdo, el pasado, que parecía concluido, se muestra incompleto y nos ofrece así el regalo más precioso: la posibilidad. Verdaderamente nuevo es sólo lo posible: si ya fuera actual y efectivo, estaría inevitablemente destinado a envejecer y decaer. Y lo posible no proviene del futuro, sino que es, en el pasado, aquello que no fue, que quizás nunca será, pero que pudo haber sido y que por eso nos concierne. Percibimos lo nuevo solamente cuando somos capaces de captar la posibilidad que el pasado —es decir, lo único que tenemos— nos ofrece por un instante, antes de desaparecer para siempre. Es de esta manera como debemos referirnos a la cultura occidental que hoy, a nuestro alrededor, se deshace y disuelve.

Rodrigo Karmy Bolton / El nudo del mundo

Filosofía, Política

Palestina es el nudo del mundo. El lugar en el que éste se ahorca, sitio baldío donde la respiración se corta. Si el reino de la fuerza se ha tomado el planeta, devorándolo de un zarpazo, es precisamente porque tal fuerza arrasa ante todo a Palestina. La cuestión de fondo es que Palestina porta consigo el genocidio consumado por décadas en virtud de la colonización sionista donde el derecho internacional ha quedado en suspenso hasta implosionar como ocurre en la actualidad.

Netanyahu viaja por Europa ahora. Pasea por varios países que le acogen con total normalidad, a pesar, que todos esos países se debían a la obligación de llevar al asesino a la Corte Penal Internacional. Hubiera sido Putin todo habría cambiado. Pero Israel goza de impunidad, lo sabemos. El punto no es solo eso sino, además, en virtud de la intensificación de la nakba bajo la forma genocida, en Israel tiene lugar la implosión del marco liberal clásico que triunfó en la Segunda Guerra Mundial, cuestión que se expresa en el permanente triunfo de la ultraderecha proveída del fundamentalismo religioso remitida a las capas militaristas israelíes, durante las últimas décadas.