Mauricio Amar / El disenso vigente

Política

La derrota política es por supuesto una cuestión difícil de enfrentar, sobre todo cuando lo que se ha perdido es la imagen de un horizonte abierto cuyo sostén había sido la revuelta de movimientos sociales, estudiantes, pobladorxs, trabajadorxs precarizados por décadas. La derrota en este caso, es la del sueño, tiempo de la imaginación, frente a la claridad insípida de la vigilia. En un horizonte cerrado como el que las élites económicas han formado por medio siglo, en el que son normales las zonas de sacrificio y la falta de agua, la mala y lucrativa educación, la explotación irracional de la tierra y el mar, la destrucción de la diversidad de la vida, el racismo, la misoginia, en este horizonte, digo, lo que perdura es la falta de mundo. La catástrofe como espacio de inscripción de la vida.

Sergio Espinosa Proa / Del primer Deleuze

Filosofía

El presente artículo aborda las primeras obras de Gilles Deleuze desde el ángulo que a él mismo le han merecido. Utiliza los textos, prólogos y entrevistas aparecidos en La isla desierta y otros textos (1953-1974), para proponer un comentario cuyo interés de fondo es la pregunta por la filosofía cuando a esta, sin ignorarlas, no le da por imitar a las ciencias positivas ni se presenta como sustituto de la religión.

Aldo Bombardiere Castro / Palabras e imágenes. Tres divagaciones imaginativas

Estética, Filosofía, Literatura

1

Rebotan y circulan. Tras algunos días, las palabras se van haciendo carne, pero también excarnándose, remitiéndonos a otros lares que exceden su propia referencia. Las escuchamos o vemos en una pantalla antes de dormir y, como si se tratase de un hechizo, vuelven al día siguiente, a las semanas, en cualquier lugar, adheridas al filo de un vidrio, contaminando el el vapor aséptico de una ducha desterrada o en el furtivo silencio que se posa sobre el almuerzo familiar. La psiquis no conoce de interiores y exteriores, de compartimentos y correspondencias. Pareciera que la intensidad y pluralidad insinuada en los bordes de una imagen o las constelaciones trazadas por un cúmulo de palabras, siempre fuesen más que una asociación azarosa o arbitraria, dependiente de la casualidad o de la mera voluntad, pero -y he ahí su vértigo y fascinación- sólo nos parece eso: nunca lo podremos comprobar. Como si el “como si” fuese la aparición de nuestra propia imagen. He ahí, tal vez, el sentir el sentido.

Federico Ferrari / Pompa de jabón

Estética, Filosofía

Cuanto más pasan los años, más tengo la sensación de que sólo viajamos dentro de nosotros mismos. No tanto en el sentido de que no quede nada por descubrir fuera de de nosotros. Sino, lo que es más sorprendente, porque «dentro» de nosotros hay un mundo tan desconocido que todo lo «exterior» parece un pálido reflejo en abyme de ese territorio, infinito y obscuro, al que comúnmente damos el nombre de psique. Sólo explorando las superficies impalpables y casi invisibles de la psique, sólo sacándolas de nosotros, dejándolas revolotear en el aire, somos capaces a veces, en un juego de reflejos, de ser sorprendidos por algo verdaderamente invisible. Como una reverberación esquiva en la frágil epidermis de una pompa de jabón, el invisible, el inconsciente de cualquier visión, si le prestamos atención, nos permite vislumbrar nuevos detalles, nuevos atisbos, nuevos puntos de vista. El resto es sólo un juego de luces y sombras, un caleidoscopio de distracciones que no añade nada ni quita nada. La visión sólo se da al voltear la mirada.

Aldo Bombardiere Castro / Nunca he leído a Averroes

Filosofía

-Si bien no soy especialista en el autor, pienso que…

¿Adónde apuntaría el tono de esta frase preventiva? ¿Lo haría hacia la legitimidad que el autor y sus comentaristas (la autoridad de una tradición) impondrían sobre la lectura de un libro, sobre la experiencia de pensar e imaginar gracias a un libro? En cuanto lectores, ¿hemos sido lo suficientemente agudos a la hora de luchar contra el orden disciplinar, contra las órdenes ordenadas por las disciplinas y los relatos que a ellas estructuran y las coordenadas con que diagraman la vida? ¿Por qué nos tiembla la mano incluso cuando acariciamos nuestra participación en lo que amamos, nuestro extravío en lo que amamos y nos da qué pensar? ¿Cómo puede ser posible que al momento de un erotismo inconfesable y sin deuda, nos embargue la vergüenza de no sentirnos apropiados para pensar-amar la potencia imaginal que (se) abre (junto a) un autor, que se filtra a través de un autor cualquiera? ¿Acaso esto no se debe a que también nos creemos autores de nuestras palabras, y que esas palabras son nuestras y, por ende, vienen a hablar por nosotros, por nuestra supuesta esencia e identidad? Al menos por un par de horas al día, ¿dejaremos de ser tan cómodos o cobardes? ¿Nos atreveremos a soltar la autoría que se escapa de nuestras palabras, especialmente de nuestras palabras en referencia a un autor de referencia, especialmente de nuestras palabras que al atestiguar un carácter no-especialista sólo idolatran la misma especialización de la cual, con falsa humildad o con solapada envidia, nos consideramos dignos e indignos? ¿Estamos dispuestos a des-apropiarnos de las palabras que nuestra boca reproduce, estamos dispuestos a contemplar el abismo de una boca monstruosamente abierta, origen sin fondo ni fundamento, que deroga la falacia del dentro y el afuera, de lo propio y de la apropiación?

Ana María Simón Viñas / El devenir expresivo de la materia. Deleuze y el arte

Arte, Estética, Filosofía

En este artículo hemos intentado poner de relieve la íntima solidaridad que existe entre la ontología y la estética de Gilles Deleuze. La conexión entre ambas disciplinas es tan estrecha que resulta materialmente imposible aproximarse a la teoría del arte de Deleuze sin tener una clara comprensión de las nociones nucleares que integran su pensamiento. Los conceptos de Deleuze no son estáticos, sino móviles, lo que les permite variar de fisonomía a medida que se desplaza el horizonte de la investigación. Este es el motivo de que, en el proyecto del filósofo francés, la obra de arte reciba un tratamiento conceptual que es tributario de tesis elaboradas en el ámbito de la más rigurosa especulación ontológica. Deleuze concibe el arte como un antídoto contra las pasiones tristes de las que hablaba Spinoza, un revulsivo contra una Sociedad que asfixia la creatividad con sus clichés, un «paisaje» nuevo que solo podemos habitar a condición de despojarnos de nuestra pretendida identidad.