Rodrigo Karmy / El encuentro

Filosofía, Política

La derrota ya no es inminente. Es un hecho. Aún no se asume, pero es real. No se trata de “derrotismo” como de “realismo” mínimo para abordar lo que viene. La derrota se consumó el 4 de septiembre de 2022 con el triunfo del Rechazo sobre el nuevo texto Constitucional y, desde ahí, dejó a un gobierno trunco que, en virtud de aquella derrota, se mimetizó con la racionalidad política de los últimos 30 años. Una derrota “constituyente” que solo la derecha puede dar “salida”. “Salida” que será “entrada” a un nuevo ciclo político donde la mínima democracia liberal –si la hubo- y el devenir del capital ya no calzarán más. Pero, a diferencia de lo que sueña la derecha, cuyo triunfo supuestamente coincide con la expansión trumpista sobre el continente y la descarada intervención sobre Venezuela, esta nueva derecha, recomposición de la UDI en la forma de “Republicanos”, constituirá la vanguardia no de la hegemonía estadounidense que viene, sino del nuevo orden chino que ya está. Eso significa: el triunfalismo del kastismo, en rigor, es engañoso porque no constituye el triunfo estadounidense sobre la región, sino el de su despedida final situando definitivamente a la silenciosa China a la cabeza del planeta. Kast es chino. Y no le importa porque sea estadounidense o chino es equivalente, es capital.

Mauro Salazar J. / Bio-familia Parisi. Modernización y biopolítica de capital

Filosofía, Política

Hay que pensar la máquina parental como biopolítica del capital. La «bio-familia» del modelo terciario nunca tuvo rostro, pero se alzó como un proyecto voluptuoso (1990). Es la escisión llevada hasta sus últimas consecuencias. Hasta ese punto donde la intimidad se disuelve en la transacción que pretende ser intimidad. Una bio-familia no está en algún lugar específico, sino en cada esquina. Eco y recoveco de los rictus urbanos. En la madrugada cuando el padre regresa de su viaje pagado con cuotas infinitas y la madre lo recibe con la pregunta que ya es costumbre: «¿cuánto ganaste?» En la cocina donde los hijos comen en silencio, cada uno mirando su celular, cada uno calculando qué objeto poseerá mañana. En la alcoba donde la pareja hace el amor pensando en la cuota del siguiente viaje, donde el goce se convierte en cifra, donde la caricia es apenas el movimiento hacia la siguiente compra.

Dionisio Espejo Paredes / Fronteras interiores. Biopolítica y usos del miedo en la construcción del «otro» arabe-musulmán

Filosofía, Política

1. Violencia Estructural y Construcción del Otro

Este escrito analiza la continuidad histórica de la violencia contra poblaciones musulmanas, desde el genocidio de Srebrenica (1995) hasta la ofensiva en Gaza (2024), mostrándola como manifestación de una estructura profunda en la política occidental. A través de un enfoque interdisciplinar que combina filosofía política, estudios culturales y teoría crítica, se identifica un patrón recurrente de deshumanización y complicidad internacional. Intentamos identificar cómo la islamofobia opera como mecanismo estructural en la construcción identitaria europea, actualizando viejos arquetipos del «enemigo otomano» en figuras contemporáneas como el «inmigrante ilegal» o el «terrorista».

Tratamos de descubrir la instrumentalización política del miedo como herramienta de dominación, examinando sus raíces filosóficas —desde el platonismo hasta el nihilismo contemporáneo— y su manifestación en regímenes emocionales que favorecen el autoritarismo. Frente a esta realidad, el queremos contraponer la esperanza activa y el pensamiento crítico como antídotos necesarios para desmontar estas estructuras de violencia. El análisis concluye que solo mediante una reapropiación del proyecto ilustrado y el reconocimiento ético del otro puede construirse una política auténticamente emancipadora.

Partiendo del marco teórico de la experiencia del shock (Benjamin, Adorno, Klein) y la construcción del «Gran Otro» (Žižek), se examina cómo la islamofobia opera como tecnología biopolítica que gestiona el miedo y legitima la exclusión. El estudio establece tres ejes analíticos principales, en primer lugar la continuidad genocida desde Bosnia hasta Palestina, en segundo puesto los usos políticos del miedo como herramienta de dominación, y en tercer lugar la genealogía histórica de la islamofobia en la construcción identitaria europea. Queda en evidencia cómo el poder contemporáneo moviliza pasiones fóbicas mediante estrategias de shock permanente, donde la figura del musulmán encarna sucesivamente al «turco interior», al «terrorista» y al «inmigrante amenazante». Frente a esta economía afectiva del miedo, se propone la esperanza como categoría política emancipadora, capaz de desmontar los dispositivos de dominación emocional.

Javier Agüero Águila / Soberanía, guerra y violencia plástica

Filosofía, Política

Comencemos con la siguiente cita de Horacio Potel:

No hay un centro, ni un original que funde las repeticiones, no existe el antepasado primordial, el origen primigenio. No hay origen que pueda servir para identificar el original del suplemento, ni para dominar su diseminación. Lo que reemplaza al centro-origen es una prótesis, un parásito, un suplemento1

¿Qué es lo que nos dice Potel cuando indica que no existe algo así como un origen que funde las repeticiones? Se piensa que no habría un punto de partida, una economía absoluta que aglutine al pasado, que condense un presente y que repercuta en un futuro dándole forma. El origen siempre remitirá a otro y es imposible rastrear su primer impulso. Si pensamos en la guerra, ésta no tendría ni ascendencia ni descendencia, no obstante, parece heredarse a sí misma reproduciéndose en un incesante espiral histórico.

Giorgio Agamben / Cocineros, actores y capitanes

Filosofía, Política

Una frase de Kierkegaard describe perfectamente nuestra situación histórica: «Tengan cuidado: el barco está ahora en manos del cocinero de a bordo y las palabras que transmite el megáfono del capitán ya no se refieren al rumbo, sino a lo que se comerá mañana». A veces, quien dirige el barco no es el cocinero, sino un actor que, en lugar de hablarnos de la ruta, nos habla de la obra de teatro que está representando. En cualquier caso, el barco no podrá evitar naufragar.

Rodrigo Karmy Bolton / Consideraciones sobre el sionismo

Filosofía, Política

1.- Israel se inventó antes de Israel

Es clave atender al hecho de que Israel copa la imaginación del cristianismo imperial desde los textos calvinistas y evangélicos del siglo XVII hasta Theodor Herzl hacia fines del XIX. Me interesa que, si es cierto que, como decía Freud, un sueño es un “cumplimiento de deseo” diríamos que Israel no es más que eso: un cumplimiento de deseo en el que se juega el dominio imperial de Occidente sobre la tierra. Israel es, por eso, el sueño del imperialismo occidental y, precisamente por eso, el sionismo cristiano que emerge ya en el siglo XVII constituye la condición de posibilidad del sionismo judío de fines del siglo XIX. En este sentido, Israel fue inventado imaginariamente antes que el Estado de Israel. Como tal, “Israel” fue la condensación onírica de la aspiración última del imperialismo occidental: restituir a los judíos a su Tierra originaria, en razón de proveer de la conversión completa al cristianismo y así prodigar el triunfo de Cristo sobre toda la tierra. La tesis teológico-política del triunfo de Cristo sobre la tierra debe traducirse en clave geoeconómica: se trata del triunfo del capital occidental sobre todo el planeta. Así, el sionismo cristiano es el sueño que impulsa al sionismo judío a realizarse en la forma político-estatal, pero sobre todo, la inervación onírica del imperialismo occidental, la materialidad que ensambla su máquina mitológica. De aquí que, en una famosa visita que hiciera Joe Biden a Tel Aviv en 1986, dijera: “Si Israel no existiera, los Estados Unidos tendría que inventarlo”. El punto clave de esta afirmación es que Israel es un sueño que irriga estructuralmente a la imperialidad británica, europea y estadounidense.