Rodrigo Alarcón Muñoz / El manto del pasado y la inmunización del cuerpo social. Notas sobre el porvenir de chile

Filosofía, Política

En “Los patios interiores de la democracia”, páginas decisivas del debate transicional chileno, queda consignado que la posibilidad de la experiencia democrática supone la elaboración colectiva del tiempo (1985). Es decir, este acontecimiento ocurriría en la extraordinaria situación donde la fisonomía del pasado y la proyección del futuro surgen de las condiciones de producción del cuerpo popular y no de la representación político-institucional del Estado. Aquí, claramente Lechner parece conectar con la perspectiva negriana del poder constituyente, cuyas estrategias conceptuales desbaratan la raíz autoritaria de la soberanía. No obstante, cuando la perspectiva del alemán se enmarca, en una concepción que comprende el momento más decisivo de la república, el golpe de 1973, como fenómeno excepcional y acotado, queda completamente desactivada, en tanto hace directamente sistema con la inmunización del Estado y el “cuerpo social” que ejecuta la elite nacional, sobre todo potencial transformador activo o latente en el cuerpo social, relegando tácita y definitivamente los avances democráticos a un pasado ambiguo e imposible de ser referido (Villalobos-Ruminot, 2013).

Mauricio Amar / Hacer la barbarie

Filosofía, Política

En su infame texto de 1896, El Estado judío, Theordor Herzl –que daría cuerpo al proyecto colonial sionista en Palestina– afirmaba que «Para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio de los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie. En tanto que Estado neutral, mantendríamos relación con toda Europa, que tendría que garantizar nuestra existencia»1. Evidentemente las lecturas que se pueden hacer de esta cita tan simple son muchas, partiendo del reconocimiento por parte de Herzl del colonialismo sionista como un asunto europeo, al punto que serán estos los que garanticen su permanencia (hoy, sabemos, ese apoyo proviene principalmente de Estados Unidos). Lo que resulta tremendamente revelador, sin embargo, es la división que establece el autor respecto a civilización y barbarie, que había justificado hasta entonces los más terribles sometimientos, vejaciones y genocidios a diversos pueblos en todo el mundo, incluso en Europa. Y es que el colonialismo, donde vaya, lleva civilización precisamente como barbarie. Como decía Walter Benjamin en su VII tesis Sobre el concepto de historia «no existe un documento de la cultura que no lo sea a la vez de la barbarie». Civilización y barbarie, bajo los términos impuestos por Herzl pertenecen a la misma gramática y aunque el sionista quisiera establecer una separación dicotómica entre ambos, en realidad civilización como barbarie o barbarie como civilización es lo que realmente constituye el proyecto colonial europeo. Y aún así, el mismo Benjamin nos invita a pensar de otra manera la barbarie, una con la que la separación de Herzl podría coincidir y con la que, sin embargo, podríamos llegar a representarnos.

Rodrigo Karmy Bolton / La Universidad (norteamericanizada chilena) ya ha colapsado

Filosofía, Política

1.- No hay papel.

Quisiera seguir el hilo de la profunda columna de Gerardo Muñoz titulada La Universidad norteamericana ya ha colapsado, a partir de una experiencia biográfica que, me parece interesante de problematizar a propósito del colapso en curso. En el año 2020, en plena pandemia, mientras la universidad se había reducido a una pantalla, muchas veces con estudiantes que no eran más que pantallas negras premunidos de alguno que otro nombre, y con el pánico diario de que las vacunas se estaban probando y entonces nuestros múltiples dispositivos inmunitarios nos ofrecían algo más que limpieza cotidiana, sino que parecían asegurarnos una vida eterna, ocurrió una escena del todo singular. Pertenecía yo al decanato de esa época y, un día, se nos citó a una reunión de Consejo de Facultad que, entre los puntos que se debían discutir, era la exposición del encargado de la vicerrectoría de asuntos digitales que, hasta donde recuerdo y a propósito de la demanda pánica que impulsó la pandemia- nos venía a presentar una modernización de los sistemas digitales de la universidad, tan urgente como necesario.

Alejandra Castillo / Me creas una ventana. Una nota sobre Marciano de Nona Fernández

Filosofía, Literatura, Política

“En mi celda de Brasil aprendí a jugar ajedrez mentalmente. Cerraba los ojos y dibujaba un tablero imaginario en mi cabeza. Un gran cuadrado trazado por ángulos rectos, que a la vez se conformaba de sesenta y cuatro cuadrados pequeños que hospedarían a una pieza, también imaginaria, en algún momento del juego”. (Nona Fernández, Marciano)

Contar una historia como quien vuelve a una partida de ajedrez que ha quedado congelada en el tiempo. Repasar los movimientos de memoria, una y otra vez, avanzar por las mismas casillas advirtiendo salidas donde se pensaba un fin de camino. O, quizás, contar una historia solo para trazar cuatro ángulos rectos que en su unión abren una ventana para mirar el mar y desde ese lugar ver a Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Nona Fernández crea esa ventana en su novela Marciano1.

Giorgio Agamben / Sobre la inteligencia artificial y la estupidez natural

Filosofía

«Comienza una época de barbarie y las ciencias estarán a su servicio». La época de barbarie no ha terminado aún y el diagnóstico de Nietzsche se ve hoy puntualmente confirmado. Las ciencias están tan atentas a satisfacer e incluso adelantarse a toda exigencia de la época que, cuando esta decidió que no tenía ganas ni capacidad de pensar, le proporcionó de inmediato un dispositivo bautizado «Inteligencia artificial» (para abreviar, con la sigla IA). El nombre no es transparente, porque el problema de la IA no es el de ser artificial (el pensamiento, en cuanto inseparable del lenguaje, implica siempre un arte o una parte de artificio), sino el de situarse fuera de la mente del sujeto que piensa o debería pensar. En esto se asemeja al intelecto separado de Averroes, que, según el genial filósofo andalusí, era único para todos los hombres. Para Averroes, el problema, en consecuencia, era el de la relación entre el intelecto separado y el individuo singular. Si la inteligencia está separada de los individuos, ¿de qué modo podrán estos unirse a ella para pensar? La respuesta de Averroes es que los individuos se comunicaban con el intelecto separado a través de la imaginación, que permanece individual. Es sin duda un síntoma de la barbarie de la época, así como de su absoluta falta de imaginación, que este problema no se plantee respecto de la inteligencia artificial. Si esta fuese simplemente un instrumento, como las calculadoras mecánicas, el problema, en efecto, no existiría. Si, en cambio, se supone, como de hecho ocurre, que, al igual que el intelecto separado de Averroes, la IA piensa, entonces el problema de la relación con el sujeto pensante no puede evitarse. Bazlen dijo una vez que en nuestro tiempo la inteligencia ha acabado en manos de los estúpidos. Es posible que el problema crucial de nuestro tiempo adopte entonces esta forma: ¿de qué modo un estúpido —es decir, un no pensante— puede entrar en relación con una inteligencia que afirma pensar fuera de él?

Gerardo Muñoz / La universidad norteamericana ya ha colapsado

Filosofía, Política

En uno de los últimos números de Princeton Alumni Weekly que llega a mi buzón mensualmente aparecía una breve nota sobre el desplome de la participación activa de estudiantes graduados de Princeton en las donaciones anuales de esa institución [1]. Al menos desde la pandemia, si no antes, la contribución de los egresados vive un marcado declive que se ha vuelto una nueva tendencia en las métricas institucionales. Y una tendencia de la época, añadiremos nosotros, puesto que hasta aquí el artículo no llega. En una época marcada por la stagnation o declive; fenómeno que Marx vinculó a la caída de la tasa de ganancias en la crisis interna de la acumulación, ahora se expresa también al interior del aparato universitario norteamericano. Desde la crisis financiera del 2008, las universidades (aunque mucho más las públicas), se vieron a la esquina de un colapso, lo que llevó a una reestructuración fiscal sin precedentes, aferrándose y dependiendo aún más de los esquemas bursátiles federales a dos bandas. Las universidades privadas, por su parte, aprovecharon para ampliar sus assets y fondos financieros de inversión en una “global mission” que ahora ha entrado en directa confrontación ante el auge neonacionalista que pone en cuestión, función unitaria del poder ejecutivo mediante, la rentabilidad de un cuerpo estudiantil de active clients.