Mauro Salazar J. / Richard. ¿Humanismo Crítico? Último pliegue

Estética, Filosofía, Política

En el contexto del próximo Premio Nacional 2025, habría que descifrar los trayectos (densidad crítico-inventiva) que implica la postulación de Nelly Richard. Nuestro afán no busca una sinopsis de una obra de más de cuatro décadas, y no solo por su relevancia en el concierto local e internacional, sino por posibles omisiones al fragmento en una obra de minoridad.

Ya en Márgenes e Instituciones (1986), Richard establece una crítica a las prácticas de la representación –Escena de avanzada– imputando el duelo entre arte y pueblo. Las poéticas de la donación no son aquí pensadas como instauración, sino como herramienta derogante del lenguaje cotidiano siniestrado por los gravámenes de la dominación. Una escritura transitada -extramuros- por el desasosiego capaz de interrogar las estéticas del marco, la monumentalidad del “arte militante”, y librarse a la circulación de despistes y disyunciones para instruir un deseo de presente. Ensambles entre artes visuales (crítica, poética y narrativa) en interacción crítico-efusiva al canon y una polémica en torno a la relación entre vanguardia y modernización bajo estado de excepción. Cuerpo Correccional (1980), cual precedente al inscribir la desencialización sexo-genérica del binomio masculino/femenino. Residuos y Metáforas (1998) donde cultiva una crítica a las postales de la transición y su vocación de acuerdos enfermizos (“civiles y militares”). Una textualidad que ha interrogado los signos del fatigado realismo post-transicional y las ciencias sociales adaptativas.

Omar Aziz / La humanidad está siendo enterrada en Gaza. Debemos levantarnos para salvar nuestro futuro colectivo

Política

¿Dónde te posicionas en la cuestión del mal? Esa pregunta ha resonado en mi mente desde que entrevisté a la autora palestina y superviviente de la Nakba, la Dra. Ghada Karmi, el pasado junio. Me contó que sus propias experiencias de infancia—ser expulsada étnicamente de Jerusalén en 1948—casi le parecen “nada” comparado con lo que ocurre hoy en Gaza.

Este fin de semana, amanecimos con la noticia de que Israel había incinerado a 33 palestinos más—en su mayoría niños—mientras se refugiaban en una escuela en la ciudad de Gaza. Un video muestra a una niña de seis años, llamada Ward (“flores” en inglés), corriendo desesperada. Su pequeña silueta quedó grabada contra el infierno que consumía el cielo nocturno.

También supimos que las fuerzas israelíes bombardearon la casa de la doctora palestina Alaa al-Najjar mientras trabajaba, matando a nueve de sus hijos y dejando herido a su esposo. Sobrevive un solo hijo, aferrado a la vida en cuidados intensivos.

Alberto Toscano / Palantir y el tecno-fascismo estadounidense

Filosofía, Política

Una nueva campaña de reclutamiento apareció en los campus universitarios de élite de Estados Unidos el pasado abril. En escuelas como Carnegie Mellon, Cornell y Penn, los carteles pegados en las paradas de autobús, con fondo negro, lanzaron una inquietante advertencia: «ha llegado el momento del ajuste de cuentas para Occidente», antes de acusar a la mayoría de las empresas tecnológicas de no considerar el «interés nacional» cuando deciden «qué debe construirse». Por el contrario, Palantir, el contratista de defensa especializado en análisis de datos y responsable de esta campaña de reclutamiento, declaró que no se limita a construir productos tecnológicos «para garantizar el futuro de Estados Unidos», sino, de hecho, «para dominar».

Mauro Salazar J. / El rictus Tohá. «Lázaro, levántate y anda»

Filosofía, Política

Unos van por un sendero recto,
Otros caminan en círculo,
Añoran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
Anna Ajmátova

La arremetida del universo post-concertacionista comenzó el 06 de septiembre de 2022 cuando Carolina Tohá asumió como Ministra del Interior y Seguridad Publica. En sus primeros días desplegó una serie de mensajes (de reposada raigambre PPD) que indicaban cómo el romanticismo termina estallado -trastornado- en los muros de la economía política. Más tarde, ya en modo electoral -su apellido e historial en los sucesos del país- ha puesto en circulación marcas, imágenes y trazas dúctiles del mundo concertacionista en una versión remasterizada. Desde un árbol semántico -en absoluto desarrollo- se aparta de una burocracia estatal, y no se agota en estigmas contra la revuelta y su clímax de calle (2019). Tampoco niega las modernizaciones pendientes, admite los déficits de gestión y territorio, suscribiendo un proyecto país. Lejos de la facticidad, la exministra estuvo a la diestra de Ricardo Lagos en un mítico momento político-medial, donde el futuro presidente apuntaba con el dedo a Pinochet en un canal afiliado a la dictadura (Tráiler del plebiscito como máquina publicitaria). A la luz de tal poética -la menos esperada- conviene suspender temporariamente el recurso neurótico “de los 30 años y la inflación de los torniquetes” -leyenda negra- y el pregón de sus épicas. Huelgan algunas preguntas sobre la complejidad del orden, sin soltar las diferencias parciales o insalvables.

Conversación de Miguel Valderrama con Rodrigo Zamorano / Stasis, anonimia, retrato

Estética, Filosofía, Política

En su más reciente libro, Guerra y democracia. Retrato, stasis, anonimia (Palinodia, 2025), el historiador chileno Miguel Valderrama se da a la tarea de dibujar los contornos de una escena de escritura crítica y filosófica que, tras la revuelta que se inició en Chile el 18 de octubre de 2019, busca volver a pensar desde la izquierda la relación entre violencia y política más allá de su interdicción por el consenso postdictatorial. Restitución que supone asimismo un cambio de escena, la señal de un desplazamiento, la puesta en juego de una lengua y un vocabulario otros. En el libro, que ha de leerse en serie con Prefacio a la postdictadura (Palinodia, 2018), se dan cita distintas voces y autorías, así como también distintas formas y medios –ensayo, fotografía, teatro, documental–, en un intento por capturar una “imagen de pensamiento” de interrupción y diferendo de un presente cuya reproducción mecánica no es otra que la del orden neoliberal.

Javier Agüero Águila / Decir izquierda

Filosofía, Política

1. Marguerite Duras, en un texto de 1980 titulado Los ojos verdes describía –con su laconismo tan propio y genial– el discurrir de su tiempo, o al menos de lo que ella experienciaba como su pasar por el mundo:

“El enrarecimiento de la actualidad y de la simultaneidad de uno mismo y del mundo se hace sentir cada vez más… ¿Y qué puedes hacer tú? Todo es distinto y, sin embargo, el truco está ahí. Tú sólo tienes que mirar, ¿entiendes?”.

El pasaje es desestabilizante a la luz de un individuo perplejo que no es capaz de definir su experiencia; la realidad rara, bizarra a los ojos verdes de quien la resiente como pura extrañeza, al tiempo que se concibe a sí mismo como una individualidad simultánea que se coordina con las variaciones también ingentes de una mundanidad revuelta. En breve, Duras nos habla de un individuo disuelto en una multiplicidad de roles exigidos por una existencia subordinada a la indefinición, atonal y sin rasgos; a no ser esto o aquello, sino, más bien, a quedar vacío en el tinglado infinito de posibilidades que se desparraman en el tartamudeo de las indecisiones, de lo indecible, de lo que no dispone de una secuencia básica que entregue una forma de habitar la vida; de existir más allá de solo vivir como resorte biológico natural.