Dionisio Espejo Paredes / Anatomía de la «incorrección política» en la era digital. Pensar una Nueva Ética Pública

Filosofía, Política

1. Introducción

Son muchos los que han decretado el fin del imperio woke. Parece algo así como el canto de liberación frente a una época de opresión y censura. Lo que se presenta como valentía y libertad de expresión es, en realidad, la nostalgia por una impunidad perdida: el derecho a humillar a los más débiles sin consecuencias. Este discurso de «incorrección» es, en esencia, un populismo reaccionario. Instrumentaliza el malestar social para atacar a minorías (migrantes, mujeres, colectivos LGTBIQ+) mientras protege los privilegios de las élites tradicionales. No construye alternativas; solo cultiva el resentimiento. Por ello, es el germen de un neototalitarismo que, disfrazado de rebelión, amenaza los derechos de todos.

Aquí, frente al falso dilema entre callar (censura) o decir cualquier cosa (libertad), se propone una libertad responsable. La frontera ética no está entre lo «correcto» e «incorrecto», sino entre la crítica legítima y el ataque a la dignidad humana frente al imperio del más agresivo. Desde una perspectiva antropológica, la civilización se basa en la renuncia a ciertas pulsiones destructivas. La incorrección agresiva representa una regresión a un estado pre contractual y prepolítico donde impera la ley del más fuerte. Demoler todos los tabúes no conduce a la libertad, sino a la ley de la jungla discursiva. Incluso podríamos decir como Adorno y Horkheimer que las pasiones privadas se vuelven a convertir en virtudes públicas (Dialéctica de la Ilustración) como en la era totalitaria.

Abdennur Prado / Escuchar la voz de Hind Rajab

Cine, Filosofía, Política

La voz de Hind Rajab (Túnez 2025, dirigida por Kaouther Ben Hania) es una película que duele. Lo crucial es lo que el título nombra: la voz de una niña de seis años atrapada en un coche acribillado y rodeada de cadáveres. Atrapada por el brutalismo de la política, por el Estado genocida de Israel, por la potencia de las armas, por la insensibilidad del poder, por la trama de la geopolítica, por el supremacismo judío…

Lo secundario es el envoltorio: una película de suspense, centrada en los esfuerzos de los miembros de la Media Luna Roja Palestina por rescatar a la niña. Una película dramática que apela a nuestros sentimientos, cuya atmósfera densa nos atrapa y no deja otra salida que afrontar los hechos en su crudeza insoportable. La respuesta natural es una mezcla de frustración y de ternura.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Sobre de una deriva ficticia de la literatura latinoamericana

Filosofía, Literatura

Una deriva. Solamente una. Podrían haber muchas. De hecho, las hay: existe una multiplicidad de derivas, reales y potenciales, ignoradas o al borde de quedar expuestas, cada cual con su significación y sus acentos, cada cual recalcando los lamentos de sus caídas o esmerándose en tejer las proyecciones de sus deseos. Hablamos de una deriva, entre muchas otras, sufrida por la literatura latinoamericana.

En efecto, la deriva que abordaremos ostenta un carácter interpretativo, o mejor dicho, doblemente interpretativo. Se trata de una interpretación donde lo interpretado ya constituye, a nivel esencial, una interpretación: la ficción es interpretación que, dichosamente, se ha desprendido de su principio de realidad y de la jactancia enunciativa de la verdad, de una sola verdad. Pero, paradójicamente, en la desenvoltura de tal ficción siempre termina por revelarse la máxima verdad. No la deslavada verdad de los hechos, sino aquella que acompaña e impulsa a vivir a cada ser humano: el deseo de la felicidad, la cual, cargada de angustias, se plasma en imaginación.

Rodrigo Karmy / El encuentro

Filosofía, Política

La derrota ya no es inminente. Es un hecho. Aún no se asume, pero es real. No se trata de “derrotismo” como de “realismo” mínimo para abordar lo que viene. La derrota se consumó el 4 de septiembre de 2022 con el triunfo del Rechazo sobre el nuevo texto Constitucional y, desde ahí, dejó a un gobierno trunco que, en virtud de aquella derrota, se mimetizó con la racionalidad política de los últimos 30 años. Una derrota “constituyente” que solo la derecha puede dar “salida”. “Salida” que será “entrada” a un nuevo ciclo político donde la mínima democracia liberal –si la hubo- y el devenir del capital ya no calzarán más. Pero, a diferencia de lo que sueña la derecha, cuyo triunfo supuestamente coincide con la expansión trumpista sobre el continente y la descarada intervención sobre Venezuela, esta nueva derecha, recomposición de la UDI en la forma de “Republicanos”, constituirá la vanguardia no de la hegemonía estadounidense que viene, sino del nuevo orden chino que ya está. Eso significa: el triunfalismo del kastismo, en rigor, es engañoso porque no constituye el triunfo estadounidense sobre la región, sino el de su despedida final situando definitivamente a la silenciosa China a la cabeza del planeta. Kast es chino. Y no le importa porque sea estadounidense o chino es equivalente, es capital.

Entrevista a Paula Cucurella / Sobre Rabia / Pena. Poesía migrante

Poesía

En Ficción de la razón, conversamos con Paula Cucurella, que acaba de editar la antología de poesía migrante Rabia / Pena en la casa editorial DobleAEditores.

Ficción de la razón: Paula, considerando el contexto mundial de auge de diversas formas de fascismos y la creciente persecución a los inmigrantes, cuestión que en Estados Unidos ha llegado a un nivel delirante, ¿qué significa como gesto la publicación de Rabia / Pena?

Paula Cucurella: La expansión del fascismo nos hace convivir con cosas profundamente contradictorias. En Estados Unidos, donde vivo y trabajo, conviven un nacionalismo agresivo —sostenido en mitologías de origen, políticas identitarias divisorias y discriminatorias y discursos de “defensa” de la nación— con una economía globalizante de libre mercado que necesita entrar en todas las economías locales, precarizarlas y desestabilizarlas, y luego desentenderse de las consecuencias de esa intervención.

En este contexto, se produce una situación muy sintomática: comunidades migrantes que llegaron hace cien años, ya asentadas en las economías locales, discriminan a las migraciones recientes invocando su “originariedad”, que fundamentalmente significa simplemente haber “llegado antes”. Esta es una de las grandes contradicciones del fascismo que vemos hoy, pero que también reconocemos en sus expresiones históricas. Lo peor es que nada nos garantiza que los migrantes de hoy en todo el mundo no harán lo mismo con les migrantes del futuro.

Mauro Salazar J. / La Máquina Metropolitana. La inhallable vida de Santiago

Filosofía, Política

Contra esta glosa gris —tú, revenida, profeso felicidad, vitalidad, no de otra forma posible: alegría donde la planta no sabe sino crecer en sus espinas, sus verdores, sus resurrecciones sin memoria. Brota fertilidad de la grieta donde la vida no pregunta «¿por qué?» simplemente afectos. A ti, f. c.

Pórtico. En una misiva circulada, publicitada, decimos, como si la publicidad fuera asunto de comunicación transparente y no ya de espectáculo político, Margaret Thatcher («The Prime Minister británica», aunque qué significa ser Prime en un ordenamiento sin verdadera comunidad es pregunta que la misiva nunca formula) escribe al profesor Friedrich von Hayek el 17 de febrero de 1982. Y ocurre algo particularmente inquietante aquí: Thatcher reconoce los «éxitos de la experiencia chilena» en cuanto a «reducir la participación del Estado chileno en la economía». Dice esto, lo enuncia y respalda. Pero entonces, y aquí la paradoja se condensa de forma casi perfecta, le recuerda enfáticamente (enfáticamente, subraya el énfasis) al profesor von Hayek lo siguiente: «Estoy segura de que usted estará de acuerdo que, en Gran Bretaña, con nuestras instituciones democráticas y la necesidad de alcanzar un alto grado de consenso, alguna de las medidas adoptadas en Chile es bastante inaceptables».

¿Qué ha ocurrido en este movimiento? Diremos: la imposibilidad de la comunidad ha sido revelada. Gran Bretaña posee, según Thatcher, «nuestras instituciones democráticas» (¿nuestras? ¿de quién? ¿de la comunidad británica?). Y posee, además, «la necesidad de alcanzar un alto grado de consenso» (necesidad que, para Chile, aparentemente, no existe, o que existe de forma tan reducida que es prescindible).