Mauro Salazar J. / Piazzolla. Diagramáticas

Filosofía, Música

I. Organología y movimiento

Piazzolla. El ‘swing’ de las texturas, movimiento suspensivo que no pretende monumentalizar representaciones ni abrazar identitarismos, despliega una artesanía poiética donde la metaforicidad produce sentido en un diagrama de sonoridades espacio-temporales. «Cronotopos» sería la expresión más contigua para pensar el tiempo fuera de las sucesiones. Un «ensamblaje», en el sentido deleuziano (assemblages), comprende singularidades: cuerpos, potencias y afectos donde priman las relaciones más que las esencias: ontología relacional en su radicalidad.

Astor Pantaleón cultiva un «ritmo» irreductible a los estructuralismos de época, a los nacionalismos musicales que lo precedieron y a las estéticas del marco institucional. Las energías pulsionales abren un momento suspensivo que fractura los paradigmas narrativos, cronológicos e historizantes. No se trata de cifrar a Piazzolla como «categoría narrativa», sino de reconocer su fractura radical con el orden de la sintaxis ciudadana que, sin embargo, habita en el nacional-cosmopolitismo. Los intervalos son ineludibles: Aníbal Troilo (1939-1944), sus típicas de transición (1946-1954), la composición de música para concierto y, puntualmente, la música popular como tropo singular. El Octeto de Buenos Aires (1955) —ruptura radical— marca un punto de inflexión; la prolífica creación del Nuevo Tango (1955-1977), luego la contemporaneidad masificada (1978-1989). Aquí no existe progresión de secuencias de ritmos y figuras, sino un ‘jeu’ de temporalidades signadas por el desacato.

Gerardo Muñoz / La vigilia de unas voces: una postal desde el norte

Filosofía, Política

Como en toda ciudad portuaria, en Newark las distancias pesan y se materializan de forma inconspicua, como ya hemos dicho en otra ocasión en la que hicimos un trazado del entorno. Entre la estación del tren de New Jersey y el centro de detención Delaney Hall hay por lo menos unos quince minutos en automóvil. Hemos vuelto esta vez con los amigos del jóven colectivo católico Nuevo Personalismo, cuyo programa y formas de actuar no se define por una militancia irrestricta y cerrada, sino por una singular persistencia en testimoniar el actual embrutecimiento generalizado. Ya con esto bastaría para decir que estos jóvenes son lo suficientemente despiertos para que sean nuestros amigos, pero además de esto hay que agregar que ellos también se desviven para generar encuentros de palabra y pensamiento, un gesto caritativo y por lo demás raro en la época en la que nos ha tocado vivir. Si es difícil definir al “movimiento personalista” es porque se resiste a las costuras de un movimiento programático y con todas las respuestas a la mano. Lo ‘nuevo’ del personalismo es que reconoce que atravesamos el desierto, y en esa búsqueda espera encontrar amigos. No es tampoco la búsqueda de quienes quieren llegar a casa; más bien, es el ejercicio que parte del hecho de la devastación de la casa común que define el desierto incluso si se está en los espacios auráticos de la metrópolis (el nuevo personalismo tiene su base neoyorquina, lo que quiere decir que son herejes de la ciudad).

Rodrigo Karmy Bolton / Mutación feudal

Filosofía, Política

El llamado nuevo “realismo político” se revela, así, como una especie de realismo de la crueldad donde la “realidad” de la crueldad, lejos de ser un “dato natural”, es un agenciamiento estratégico, es decir, la realización de una crueldad: su puesta en obra desde la impotencia del poder para reducir el mundo a una economía bajo su comando soberano. Junypero Loyola

I

En su última columna publicada recientemente en CIPER, titulada Venezuela y nuevo orden internacional1 el destacado economista José Gabriel Palma ofrece una lectura clave respecto de la mutación que se despliega antes nuestros ojos. Para esto, Palma inicia con una crítica al análisis reduccionista presente tanto en las derechas como en las izquierdas, según el cual, la intervención trumpista habría tenido lugar para iniciar un proceso de transición democrática (versión de derechas) o bien, dicha intervención habría servido exclusivamente para apropiarse y extraer el petróleo (versión de izquierdas). Frente a los análisis reductivos de ambas posiciones, Palma avanza otra tesis que llamaremos, la mutación: en su perspectiva, la cuestión de fondo que pone en juego la intervención trumpista de Venezuela, con la inacción tanto de Rusia como de China, no parece ser solo el aislamiento económico y político de Cuba en función del posible desmantelamiento de su régimen por parte de las fuerzas estadounidenses, sino una destrucción de largo alcance del orden internacional vigentes desde finales de la Segunda Guerra Mundial en función de instaurar otro orden no basado en el liberalismo imperial y el derecho sino en la restitución de un neofascismo necesariamente imperial bajo la mano de la fuerza. De esta forma, Palma argumenta que Rusia podría quedar tranquila con su influencia sobre las ex repúblicas soviéticas como Ucrania, China podría no ser molestada con la anexión de Taiwán, Israel con Medio Oriente y los Estados Unidos –premunidos de su antigua doctrina Monroe- con el llamado “hemisferio occidental” que, por cierto, incluye la totalidad de Latinoamérica. La tesis de Palma es interesante y rigurosa porque ofrece una mirada más amplia para analizar los fenómenos globales. Mi lectura se apuntala en la suya. Pero pretende enfatizar los diversos planos de la mutación acontecida situando la noción, absolutamente provisoria de imperialismo feudal, junto al énfasis sobre la industria cibernética como una función teológica decisiva, en la medida que orienta sus dispositivos a la captura de la vida, es decir, del alma, que provee de nueva vida a la máquina para posibilitar su paso hacia la segunda fase global: la del imperialismo feudal. Por cierto, esta columna no tiene más que un sentido experimental, en el sentido que todas sus conclusiones necesariamente han de ser provisorias.

Dionisio Espejo Paredes / Anatomía de la «incorrección política» en la era digital

Filosofía, Política

1. Introducción

Son muchos los que han decretado el fin del imperio woke. Parece algo así como el canto de liberación frente a una época de opresión y censura. Lo que se presenta como valentía y libertad de expresión es, en realidad, la nostalgia por una impunidad perdida: el derecho a humillar a los más débiles sin consecuencias. Este discurso de «incorrección» es, en esencia, un populismo reaccionario. Instrumentaliza el malestar social para atacar a minorías (migrantes, mujeres, colectivos LGTBIQ+) mientras protege los privilegios de las élites tradicionales. No construye alternativas; solo cultiva el resentimiento. Por ello, es el germen de un neototalitarismo que, disfrazado de rebelión, amenaza los derechos de todos.

Aquí, frente al falso dilema entre callar (censura) o decir cualquier cosa (libertad), se propone una libertad responsable. La frontera ética no está entre lo «correcto» e «incorrecto», sino entre la crítica legítima y el ataque a la dignidad humana frente al imperio del más agresivo. Desde una perspectiva antropológica, la civilización se basa en la renuncia a ciertas pulsiones destructivas. La incorrección agresiva representa una regresión a un estado precontractual y prepolítico donde impera la ley del más fuerte. Demoler todos los tabúes no conduce a la libertad, sino a la ley de la jungla discursiva. Incluso podríamos decir como Adorno y Horkheimer que las pasiones privadas se vuelven a convertir en virtudes públicas (Dialéctica de la Ilustración) como en la era totalitaria.

Rodrigo Karmy Bolton / La ley del fuego

Filosofía, Política

1.- En un pequeño texto que dedicara a su hija Anima titulado Tierra y Mar, el jurista alemán Carl Schmitt proponía el término nómos de la tierra para referirse a la “apropiación originaria del espacio” sobre cuyo acto se erige un ordenamiento específico de índole jurídico-político. Según Schmitt, quien leía el término griego nómos (Ley) en la forma de una “toma de tierra”, la historia del nómos coincidiría, época tras época, con la de los elementos naturales identificados por Aristóteles para explicar el ordenamiento del cosmos. Así, durante mucho tiempo, habría predominado el nómos de la tierra que no solo se habría basado en la “toma de tierra” sino en la configuración del orden jurídico-político sobre el espacio terrestre, dejando al espacio marítimo como res nullus. Para Schmitt, desde el Imperio romano hasta el Imperio hispánico abierto por el “descubrimiento del nuevo mundo” se habrían edificado en base al elemento terrestre.

Yanis Iqbal / Círculos y escaleras

Filosofía, Poesía

Me preguntas mientras contemplamos las estrellas

¿Cuál podría ser la forma del duelo?

te digo que el duelo es un círculo,

una escalera de caracol quizás

una que no tiene fin

pienso en cómo vuelvo en círculos

a ti cada vez también

cómo amar es también sufrir y llorar

Todo vuelve a ti de alguna manera

y así sucede entonces

mis ojos vuelven en círculos a ti

y pienso en todas las veces

que seguiré subiendo la escalera

y así sucede entonces

que «quizás» te digo

«el duelo es una escalera de caracol.»

— Aliya Akbar


El poema de Aliya Akbar abre con un deseo de darle al duelo un contorno, de permitirle tomar forma, de permitirle aparecer. El duelo llega aquí como algo que reclama forma, figura, un gesto de decir. La pregunta inicial ya sitúa el sentimiento dentro de la mediación. El duelo entra en el pensamiento a través de la geometría, a través de la analogía, a través de un intento compartido de nombrar. No hay apelación a la inmediatez aquí, ninguna fantasía del afecto como puro desbordamiento. El sentimiento aparece ya tocado por el lenguaje, ya transportado por la interpelación, ya plegado en la relación. Incluso la escena de contemplar las estrellas importa. Suspende la interioridad y dirige la mirada hacia afuera, hacia la distancia, hacia un cielo que recibe la mirada sin ceder posesión. El duelo surge en este intervalo, ni confesional ni crudo, sino contemplativo, pronunciado junto a otro.