Julio Cortés Morales / ¿La histeria se repite? Los “nuevos fascismos” como tragedia y farsa al mismo tiempo

Filosofía, Política

“Apelar a que la gente abandone sus ilusiones sobre su condición es apelar a que abandone una condición que requiere ilusiones”. Marx, Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.

1.- Dice la leyenda que el profesor Karl Marx corrigió al viejo maestro Hegel en cuanto a que si bien parece cierto que da la impresión de que varios personajes y acontecimientos “se repiten en la historia”, o es como si “ocurrieran dos veces”, el barbón de Tréveris agregó que esto ocurría “la primera vez como tragedia y la segunda como comedia” (o “farsa”, según la traducción).

Habiendo superado el paradigma lineal/evolucionista de la Historia (con mayúscula) (en mi caso, gracias al compañero Walter Benjamin), podríamos poner en duda el orden de estas “repeticiones” aparentes: bien podría pasar que ocurra primero la farsa y posteriormente la tragedia. Me atrevo a sospechar que la historia (con minúscula) ofrece varios ejemplos de eso. O también podría pasar que la historia proporcione momentos como el actual, que cada vez parece más una repetición permanente y tragicómica de varias formas de contrarrevolución y momentos reaccionarios previos, articulados y potenciados como una mega-pesadilla en “el cerebro de los vivos”.

Vivimos indudablemente un momento ultra-reaccionario a nivel global, que parece adoptar la forma de una contrarrevolución permanente1. La “izquierda” parece haber desaparecido del mapa: el “progresismo” chileno gobierna como cualquier derecha: ofrecían una nueva Constitución, pero nos legaron una nueva Ley Antiterrorista2. Los escasos grupitos revolucionistas3 que quedan parecen más ocupados de tomar partido en los “campos” de “imperialismos” enfrentados “geopolíticamente” entre Oriente y Occidente, Norte y Sur global. El “realismo capitalista” los afecta también a ellos: ya nadie cree en serio que China sea comunista o Corea del Norte socialista, y es evidente que el régimen cubano, Maduro y Ortega no son baluartes de la lucha anticolonial comparables a Mariguella, Guevara o Fanon. Pero no importa, ahí siguen con su “apoyo crítico” a estos regímenes que ya ni siquiera podrían denominarse como de “socialismo real”, dándole a la gente la idea de que en eso consiste ser de izquierda y luchar por el socialismo: creo que este es el mejor regalo que le han hecho hasta ahora a la derecha global (y local).

Gerardo Muñoz / El odio, umbral de la civilización

Filosofía, Política

Como a veces suele pasar en los mejores encuentros, en el sur de España se dieron cita algunas indagaciones no previstas. Escuchamos a alguien preguntar desde la más profunda honestidad desinteresada: ¿por qué tanto odio contra los palestinos? ¿Por qué se odia al palestino concretamente? Nunca estamos listos para preguntas así, quizás porque ponen la mirada en un problema que, como mancha de tinta, va recorriendo el hilado del mantel en el que ponemos nuestra propia mirada. Se dijo “Palestino” y también pensamos en “existencia negra”, tal y como insiste el afropesimismo, pero en cualquier caso ciertamente la pregunta por la perseverancia del odio no es otra que la consulta por la tonalidad fundamental del Americanismo cuya orientación es el mundocidio atravesado por vectores de fuerza. Llegados a este punto civilizatorio, ya no hay mundo más allá de los trámites de la fuerza, mediante los cuales la descarga dionisiaca apresura la disolución de sus sinuosas lenguas. Si la modernidad política trabajó con la divisa negativa del miedo, el interregno se autoafirma desde la producción de los odios (así, omnes et singulatim).

Rodrigo Karmy Bolton / Mundocidio

Filosofía, Política

La histórica colonización de Palestina no se explica sino como una intensificación de las formas de acumulación que implica, ante todo, la cuestión de la apropiación de la tierra. Tal apropiación se expresó en la transformación del régimen de la propiedad impuesto por el mandato colonial británico una vez las tropas del general Allenby invadieron el territorio en 1917. La noción teológico-gestional de “Tierra Prometida” (que, a diferencia de la Biblia hebrea, el sionismo reinterpreta como “territorio”) funciona como la designación de aquél territorio disponible para un solo pueblo, el pueblo de “blancos” que ahora si harán de los judíos europeos, verdaderos representantes de la “civilización occidental” –es decir, la creación de Israel es la cristalización, podríamos decir, de la “conversión” judía al cristianismo en la medida precisa que el sionismo –en sus diferentes formas- se define por ser una teología política de matriz cristiana. Hoy día, la estrategia sigue siendo la que Israel plantea desde 1948: despoblar toda la Palestina histórica para apropiarse de todo el territorio. Pero se agrega un detalle que no estaba necesariamente en los cálculos originales: el descubrimiento de dos yacimientos gasíferos frente a las costas de Gaza y la apuesta israelí de intentar reemplazar a Rusia en el negocio del gas para surtir de él a Europa. Pero para Israel esa “geoeconomía” se inscribe al interior del colonialismo de asentamiento que impulsó desde su fundación y que consiste en despojar al pueblo palestino de sus tierras y, en último término, de su mundo.

Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación acerca de la máquina: imagen – musgo

Estética, Filosofía, Política

Una fisura. Algo se ha trizado. Más que algo: todo. Entonces, algo -que hoy es todo- se ha empezado a fracturar y, tal vez, a quebrar. Quizás todo se termine por quebrar. Sin duda. Con rabia y con esperanza. Aunque también, apenas sobreviviendo a la indesmentible nebulosa de la tristeza. Pero es cierto, es verdad, corazonada no requerida de comprobación: hoy, entre el acero, las placas y los tornillos, el musgo reverbera desde el mismo cataclismo del óxido. La sangre de los mártires derramada es el ácido y el presagio de la fertilidad. Porque el musgo que le parasita, más que oxidar, gesticula la inexorable implosión de la máquina.

Mauro Salazar J. / Carlos Peña. Sinuosidades de El Rector

Filosofía, Política

a Javier Agüero…

En nuestro mundanal tupido las vocerías de izquierdas que, aún pululan, suelen establecer comentarios molares -obesos- para descalificar velozmente (perezas cognitivas) el campo de sus adversarios, hundirse en la demonología y estimular el negacionismo parroquial. Este ha sido el expediente más frecuentado para estigmatizar vitriólicamente a Carlos Peña González. En efecto, las críticas van desde retratar a un neoliberal –hegemón– que ha participado de las “cogniciones adaptativas”, o bien, un sujeto de permutas con elites en trayectorias liberales diferidas. También ha sido calificado como un normativista solvente que, por la vía del Kantismo (razón, modernidad, progreso, orden), oferta un somnífero a nuestra a nuestras elites -sin retrato de futuro-. Una especie de médium -principio de realidad- que establece los destinos de la quietud conteniendo los delirios partisanos. Y aunque el Rector Peña estableció juicios que nunca hemos terminado de comprender -compartir o tolerar- en el contexto de la revuelta (2019), ello incluye su furioso llamado a las fuerzas del orden, todo queda limitado a una enemización del juicio simple -donde finalmente se impone el slogan. Otros sostienen que Peña -el Rector- no es un lector fino de Jacques Ranciére, Jean-Luc Nuncy o el faro de la deconstrucción, Jacques Derrida. Casi como carta de triunfo nuestros filósofos enrostran un argot (precrítico) para desacreditar la dimensión mercurial de El Rector -en tanto abogado-. De suyo Peña, y pese a su innegable talento, no está desprovisto de corporaciones, sistema de medios y poderosas cadenas de influencia, ha cultivado el expediente del sermón para preservar la continuidad dominical de las modernizaciones.

Miguel Angel Hermosilla / Para un devenir insurrecto de los pueblos. Acerca de “El Nudo del Mundo. La cuestión palestina en la era del trumpismo” de Rodrigo Karmy

Filosofía, Política

“Los vencidos sabrán disfrutar del umbral de la tierra del ultimo sabor que el habitar deparó para ellos”, Rodrigo Karmy

La intifada planetaria o el devenir insurgente del mundo, que desafía y pone en suspenso las lógicas soberanas de sacralización y sacrificio de toda forma- de- vida, intensifican las luchas que los diversos pueblos de la tierra despliegan por la justicia y el derecho de exigir una vida digna de ser vivida en el mundo, arrasado por el nómos de la excepción permanente y la violencia de la lengua imperial asediante.

La potencia que la “escritura” de Rodrigo Karmy despliega en el “Nudo del mundo”, un texto que se sostiene en una seguidilla de ensayos críticos y abiertos a la discusión pública, armados desde Ediciones Escaparate, y que, animados por el deseo de la sublevación y el anhelo de resistir los embates del genocidio en curso sobre el pueblo palestino, articulan una topología de la resistencia que excede el paradigma del reconocimiento y las equivalencias reparatorias de la retórica “humanitaria”.