Uno de los problemas políticos fundamentales —si no el más urgente— es cómo pensar una multiplicidad (o una multitud) no numerable. Como concepto político, el pueblo solo tiene sentido a condición de no ser numerable; si se puede contar, entonces lo decisivo ya no es el pueblo como tal, sino una cantidad numérica, la llamada mayoría, en la que el pueblo se disuelve según el perverso dispositivo de las elecciones o de los plebiscitos. El pueblo —como también el género humano— no es un conjunto constituido por singularidades numerables: el carácter «popular» o «genérico» —es decir, el carácter político— debe pertenecer integralmente al singular como tal. Es lo que Marx intentó pensar con el concepto de Gattungswesen («ser genérico»), que define a cada hombre y no a una cantidad numerable. En tanto cada hombre «se refiere a sí mismo como al género presente y vivo», este no puede ser una suma numérica de individuos, sino que es una realidad esencial y plenamente presente en cada uno. Si el pueblo, como el ser genérico, se numera, se divide no solo en una mayoría y en una minoría, sino también en facciones, entre las cuales se establece necesariamente una guerra civil. Hobbes, en el Leviatán, intentó salir de esta aporía, hipotizando una multitud numerable, que llama multitudo disunita, la cual se constituye en unidad en el cuerpo del soberano; pero esto significa que el pueblo no tiene unidad sino aboliéndose en la persona artificial del soberano.
Mauro Salazar J. / Chile, las palabras que no llegan
Filosofía, PolíticaChile atraviesa, bajo el «gobierno de emergencia», una ceremonia fúnebre sin difunto: una sociedad vestida de negro que no sabe a quién vela, y no puede pensar el sentido del velatorio. Se administra la urgencia como quien custodia la contabilidad del presente: se declara una lengua permanente. Todo se vuelve excepción y, por lo mismo, nada se explica. La emergencia, como lengua neutralizadora del deseo, no promete salir de la emergencia, sino su continuación ordenada. Al tiempo que se expande el expediente iliberal como inmunización retórica.
Se dirá que las «emergencias» pasan. Las que pasan, en verdad, no son «emergencias»: son accidentes. Giorgio Agamben (2004) lo formuló con una exactitud incómoda: la excepción que se invocaba como provisoria se instala como «paradigma de gobierno», y la ley aprende a convivir con su propia suspensión, como con un vecino de toda la vida. Chile habita esa zona de indeterminación donde lo extraordinario se hace «domicilio», una manera de residir en el pánico por costumbre y no por convicción.
Giorgio Agamben / Esperanza y deseo
FilosofíaNuestra condición, en cuanto a la esperanza y el deseo, se asemeja a la de aquellos que, en la Comedia dantesca, permanecen suspendidos en el limbo y que, en palabras de Virgilio, desean sin ya esperar (sanza speme vivemo in disio). También nosotros, como los habitantes del limbo, estamos suspendidos entre deseo y esperanza: hemos perdido la esperanza en un mundo mejor y, sin embargo, seguimos vanamente deseándolo y no podemos prescindir de ello. Para salir de esta condición liminal, es necesario dirigir la esperanza no a un bien que nos falta y queremos poseer, sino a aquello que ya tenemos, al bien que está en nosotros, para que siga vivo y nos haga vivir. Y si la fe es, en palabras del apóstol, la existencia de las cosas esperadas [cf. Hebreos 11,1], éstas están presentes en nosotros y ante nosotros, y el deseo de un bien en el que creemos está siempre ya satisfecho. La esperanza en lo que tenemos es, luego, una forma especial de memoria, que no se limita a recordar un bien pasado, sino que incesantemente obra para que éste permanezca presente y vivo. Y esta inversión de la esperanza en memoria es el pensamiento, la vida de la mente.
Roque Farrán / ¿Milei está loco? De la vergüenza ajena al atravesamiento de la propia locura
Filosofía, PolíticaEn torno a todas estas discusiones sobre si Milei está loco o no, y si eso es determinante para la política o no, quiero ser bien claro. No importa si Milei está efectivamente loco, podría tratarse de una performance actoral o una estrategia política (personalmente no lo creo, pero no importa), el problema es que el efecto que produce resulta concreto y real: el enloquecimiento de las relaciones sociales. Sus ostensibles contradicciones a nivel discursivo, la pobreza argumental de sus alocuciones, como la crueldad o el desprecio constante que demuestra hacia los demás, resultan completamente destructivas para el conjunto de la sociedad. Incluso para quienes puedan sentirse identificados con algunas de sus posiciones ideológicas o hasta quienes se benefician con su política económica. No es solo cuestión de imagen o lenguaje, sino algo mucho más básico: la ruptura del lazo social y la desconfianza brutal en el Otro como lugar simbólico de intercambios elementales. No debería sorprendernos porque de algún modo expone la verdad cruda del capitalismo: la disolución de todos los lazos sagrados en las frías aguas del cálculo y la ganancia. La novedad es que hasta ahora ningún personaje lo había encarnado de manera tan patética y cabal.
Aldo Bombardiere Castro / Temporalidades. Apuntes sobre Imagen y reverso de Julio Rodajo Ureta
Estética, Filosofía, Poesía1. Movimiento y fijación
Por un instante pareciera engañarnos. La imagen nunca permanece estática. Más bien, desde un comienzo ella resuena en otras miradas, se moviliza sobre otros ojos. Son los ojos de quienes, contemplando su agitación, sopesando los márgenes y desfondando toda perspectiva, permanecemos absortos frente a ellas. Las imágenes nos embargan al compás de una ritmicidad extraña, cuyo hechizo hace que mantengamos la vista frente a ellas y, a la vez, más allá de ellas. Sólo allí, ardiendo en nuestro iris, notamos que hemos sido doblemente engañados: creíamos que las imágenes no conocían de movimientos; creíamos que la contemplación implicaba la pasividad y la quietud. Ingenuos, ahora nos asombramos: las imágenes no dejan de moverse. Las imágenes, aunque no hablen, danzan al interior de nuestras pupilas, hasta hacer que éstas dancen junto a ella. Lo estático, lo fijo que hay en ellas únicamente denota otra fijación: la que ella despierta en nosotros, donde permanecemos “fijados” en lo que ellas dinamizan.
Javier Agüero Águila / Polvo
FilosofíaEscribe Leonard Cohen en el poema “Lot” aparecido en el libro Flores para Hitler (1964):
“Devuélveme mi lista de la infancia,
le susurré al polvo cuando se terminó el sendero”
Y entonces todas las preguntas posibles y las que no llegarán nunca –mas no por esto imposibles– Primero ¿cuál es esa lista de la infancia? ¿Se está refiriendo aquí, Cohen, a toda la batería de recuerdos que resguardó de su natal Westmount y en donde descubrió, por primera vez y en la guitarra de un tocador de flamenco callejero, que su destino era la poesía y la música? ¿O bien se trata de lo que no pudo retener? ¿De todo aquello que se evaporó en la rapsodia de una vida por venir repleta de (sin)sentidos, de literatura, de excesos y depresiones?
