Mauro Salazar J. / Piazzolla sin subsidios parisinos. Movimiento y contemporaneidad popular

Estética, Filosofía, Política

«Vendrá el tiempo en que las almas se tocarán sin la mediación de los sentidos» A ti, a ti (f.c)

1921. Assemblage.

Deleuze y Guattari nombran al ensamblaje como una constelación de singularidades y rasgos deducidos del flujo ‘seleccionados, organizados, estratificados de tal manera como para converger, artificial y naturalmente’. Solo existe la creación. Si el ensayo es una escritura -una promesa de sentido- que al producir se produce, el ritmo es la respuesta al compás dogmático. El ritmo es crítico (Deleuze & Guattari, 1987, 13). No podemos olvidar el interés de Paul Klee cuando en alusión al movimiento nos decía, “nos falta esa última fuerza, buscamos ese apoyo popular, hemos comenzado en la Bauhaus, no podemos hacer más…(nota 38 MM). La música es la desterritorialización del estribillo, y en este sentido el estribillo es el bloque de contenido propio de la música (MP 368; 299). El estribillo territorializa el caos en la formación de un medio.

Melissa Nungaray / Regocijo amurallado por las aspas del viento y otros poemas

Poesía

Regocijo amurallado por las aspas del viento,

nada es mío, nada es mío, deseo que no seas mío,

corazón colibrí, adonde no estás te veo y escucho,

aquí los ojos diluyen cicatrices, fronteras y rayos.

Somos la aurora que danza en la resonancia de la lluvia,

lodosa resonancia que se dice vuelo estelar de la memoria,

aquí la estrella se devora a sí misma en fulgor silente.

Ojo túnel en los retazos de la carne ángel:

a rose is a rose is a rose

Brotan racimos de cielo, llaves, versos espirales

en la concatenación de los espectros.

Ojo túnel en el corazón colibrí,

latidos ferroviarios de la noche,

cántame, oh luna, lo que seré.

Más allá del más allá pronunciado

estoy completa en mis partes divididas.

Y yo que no soy lo que digo

huyo de lo que me dice.

Y yo que soy lo que digo

digo lo que no digo que me dice.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: sobre decir “no”

Filosofía

Decir “no” nada tiene que ver con negar algo, un “x”, de manera tajante y absoluta; tan tajante que lo aniquiles. Lejos de la connotación destructiva o limitante que habitualmente le atribuimos a la negación, el acto de negar se vincula, previamente a sí mismo, con una positividad material que da lugar a la consecuente negación: aquello que será negado preexiste (y también subsistirá) al “no” que lo excluye. La negación, por ende, reside y detona en el reino de lo a posteriori: siempre constituye una reacción. Por ende, el “no” de la negación se distancia esencialmente de lo inconcebible, de lo impensable y de lo inefable. La negación, por lo mismo, no sólo cuenta con un estatuto derivado, secundario y reactivo; también, su naturaleza difiere sustancialmente del nihilismo. Sólo somos capaces de hablar de “x” en la medida que a ésta la dotamos de un mínimo grado de existencia, exista contra la cual la negación encuentra su propio fracaso: la misma prexistencia y persistencia existencial de lo negado por la negación trasluce el sentido pre-originario de todo lo existente.

Efrén Giraldo / Un ensayo de mirada

Estética, Filosofía, Literatura

Sobre La mirada disyecta de raúl rodríguez freire, Santiago de Chile: Mimesis, 2024.

El más reciente libro de raúl rodríguez freire ejemplifica la manera en que, desde la reflexión y la creación, en América Latina se siguen desarrollando nuevas formas y modos del ensayo. La mirada disyecta. Corpoficción es una obra que trata de responder a la extraordinaria movilidad que el género de Montaigne ha empezado a tener en contextos que parecerían distantes de la literatura. Y también, da ocasión para discutir el punto que han alcanzado los cruces entre edición, imagen y ensayo.

Ahora bien, antes de discutir los perfiles ensayísticos que se insinúan en este libro, valdría la pena referirse a la relación entre mirada y ficción que se plantea desde el primer capítulo, un texto “redondo” sobre La invención de Morel, la célebre novela de Adolfo Bioy Casares. En este capítulo, rodríguez freire se ocupa de algo más bien desatendido: el modo en que la novela Bioy hace suyas algunas preguntas cruciales sobre la mirada. Desde el prólogo de Borges hasta el libro aquí reseñado, pasando por el ensayo de Blanchot y la película de Resnais, podemos darnos de cuenta de un tema que ha permanecido, hasta cierto punto, en la sombra: que la novela de Bioy es una ficción sobre el mirar. Esto, como se sabe, ya estaba en el referente fundamental de la novela: El castillo de los Cárpatos, una novela de Verne publicada en 1892 que reelabora una larga tradición que se remonta hasta el mito de Pigmalión. O, incluso, hasta el mito de Pandora, que recientemente ha sido reelaborado por películas como Her de Spike Jonze y, un poco antes, por novelas como La ciudad ausente de Ricardo Piglia. Este mito no es otro que el de la mujer imaginaria, proyección de un hombre.

Gerardo Muñoz / El aflorcerer por la palabra

Filosofía, Política

Plenario sobre Mahmoud Khalil en Manhattan en la noche del sábado 22 de Marzo. Se me ocurre describirla, al vuelo, como una experiencia agridulce y detallista, aunque con eso decimos poco. Sabemos que el detalle expone la tentación de invocar plenamente a la figura ausente. Si al mundo hoy le falta la especie humana en su conjunto, aquí nos falta un hombre: falta Mahmoud Khalil entre nosotros. Este era el pathos subyacente a las previsibles consignas que todos sabemos. Buscar y anotar el detalle que reverbera entre nosotros, eso pensé desde el fondo y ahora lo sigo pensando. Hace unos meses solo cierto milieu del Upper West metropolitano sabía de Mahmoud Khalil, o había podido escuchar su voz durante las acampadas propalestinas en Columbia University. En su capacidad de detalle que ha astillado la totalización en la que nos encontramos, el nombre de Mahmoud Khalil nos da entrada a todo lo que nos falta. Divagar es promover una enunciación de pequeñas ruinas: falta Mahmoud Khalil, falta Palestina, faltan esos otros, recordados en la carta de Khalil, que pueblan los oscuros calabozos a la espera de una deportación sin proceso en el país de la “Originalist Constitution”.

Giorgio Agamben / Solo un Dios puede salvarnos

Filosofía

La brusca afirmación de Heidegger en la entrevista al «Spiegel» de 1976: «Solo un Dios puede salvarnos» siempre ha suscitado perplejidad. Para entenderla, es necesario, ante todo, situarla en su contexto. Heidegger acaba de hablar del dominio planetario de la técnica, que nada parece capaz de gobernar. La filosofía y otras potencias espirituales —la poesía, la religión, las artes, la política— han perdido la capacidad de conmover o, en cualquier caso, de orientar la vida de los pueblos de Occidente. De ahí el amargo diagnóstico de que estas «no pueden producir ningún cambio inmediato en el estado actual del mundo» y la inevitable consecuencia de que «solo un Dios puede salvarnos». Que aquí no se trata en absoluto de una profecía milenarista se confirma inmediatamente después con la precisión de que debemos prepararnos no solo «para la aparición de un Dios», sino también y más bien «para la ausencia de un Dios en su ocaso, para el hecho de que nos hundimos frente al Dios ausente».