He estado pensando mucho en esta cuestión, y me ha dado algunos problemas. Algo como el placer de pensar nunca ha sido realmente articulado o elaborado en filosofía. La paradoja -normalmente no me gustan las inversiones sistemáticas- es que el placer de pensar en filosofía se convierte inmediatamente en placer de pensar filosóficamente. Cuando Kant habla del placer que podemos obtener al mirar un objeto bello, por ejemplo, transforma inmediatamente la pregunta en «¿Qué es el placer?» en general. Sus respuestas dan paso a un análisis sistemático del placer. A veces se pueden encontrar definiciones filosóficas del placer intelectual, como éxtasis o experiencias místicas. Sin embargo, algo así como el equivalente de un placer corporal para la mente está bastante ausente del análisis filosófico. Entonces tenemos que encontrar una salida a esta doble trampa del placer pensante, por un lado, o del éxtasis total que nos hace desaparecer en el océano de la contemplación, por otro. En cuanto al goce -éxtasis, deleite, especialmente sexual- es extremo. El goce no es placer porque destruye su objeto. En realidad, el goce destruye el placer. Vemos entonces que el placer en filosofía es extremadamente difícil de aprehender.
Filosofía política
Mauro Salazar y Carlos del Valle / El realismo. Fidel en el imaginario Unidad Popular.
Filosofía, Política“Entiéndanlo. No quiero ser presidente, ¡necesito ser presidente! Salvador Allende (1969). En referencia a su cuarta candidatura de 1970.
En “Los Diálogos de América” (1971), escena de escenas, Salvador Allende expone las trayectorias de la izquierda chilena en el momento de mayor verdor del proceso cubano ante su líder, Fidel Castro1*. La Revolución fue el faro de las transformaciones para América del Sur. En ese marco, existe un esfuerzo por mencionar los momentos vitales de la cultura política chilena. La consolidación del clivaje político, PS/PC, como así mismo, las batallas obreras de la primera mitad del “pequeño siglo XX». La trama implica una economía de significados que irrumpen en torno a la cuestión social y las idiosincrasias ancestrales. El salitre, Ricos y Pobres de Recabarren, el campo sindical y la Central Única de Trabajadores. Y por los resquemores, la sumisión de las Fuerzas Armadas al dictum Repúblicano.
Cansu Nur Simsek / Preocupaciones medioambientales en los mundos virtuales: experiencia interactiva de la vida efímera más allá de las fronteras
Arte, Estética, Filosofía, PolíticaEl aleteo de las mariposas más allá de las fronteras (2016) es una instalación digital interactiva de un colectivo artístico interdisciplinar teamLab con sede en Japón. El título de la obra suscita preguntas e implicaciones críticas como, por ejemplo, ¿están las mariposas o los participantes más allá de las fronteras de las tecnologías digitales en esta obra? ¿Cómo y por qué se configuran estas fronteras? Si consideramos las mariposas digitales como el sustituto de la naturaleza, ¿quién tiene el control sobre la naturaleza más allá de las fronteras, la tecnología digital o el ser humano? La obra sitúa al cuerpo humano no sólo como parte de su entorno natural, sino también como factor dominante para modelar el futuro de la naturaleza, así como el de la obra. Los participantes se vuelven gradualmente más conscientes de sus comportamientos, que repercuten en la continuidad y el bienestar del entorno natural, a través de la experiencia de la interacción íntima con la obra de arte, en particular con su tacto físico. Al construir una instalación de naturaleza digitalizada, los artistas crean una experiencia no para priorizar el sentido ilusorio de la visualidad, sino para aumentar y manipular la conciencia social del entorno natural. Esta obra de arte multimedia presenta una experiencia excepcional y oportuna con sus comentarios sobre el giro ecológico contemporáneo a través del entrelazamiento de los seres humanos, la naturaleza y la tecnología.
Aldo Bombardiere Castro / Copamiento
Filosofía, PolíticaResulta sintomático notar cómo durante estos últimos años la -así llamada- esfera de opinión pública se ha caracterizado por un acelerado copamiento discursivo. Si, según el sueño del liberalismo habermassiano, la opinión pública moderna estaba destinada a constituir un terreno capaz de garantizar tanto la discusión y la deliberación racional, como el ejercicio y perfeccionamiento del Estado de Derecho, de la libertad de expresión y de una cultura democrática al amparo del ideal de la autonomía subjetiva, durante la última década tal sueño ha quedado definitivamente sepultado. La opinión pública, en tanto esfera presuntamente autónoma y posibilitante del ejercicio de la propia autonomía subjetiva, ya no va más: ha extraviado -en caso de alguna vez haber contado con ellas- sus propias condiciones de posibilidad: el carácter crítico de la racionalidad.
Gerardo Muñoz / El eclipse de la clemencia
Filosofía, PolíticaEl último correo que recibí de mi amigo, el filósofo Emilio Ichikawa (1962-2021, antes de fallecer decía lo siguiente: “Eres clemente, creo que esa palabra ya ni se usa”. En efecto, la clemencia (o ser clemente) ha caído en desuso terminal en nuestro presente. Uno imagina algunas de las razones que han contribuido a la desaparición de la clemencia en un mundo que ahora aparece enteramente gobernado por la fuerza. Es notable cómo para Séneca en su tratado De Clementia (55 d.C.) el alcance de esta noción remitía a la estabilización del vínculo político (vinculum) en momentos de desintegración social. Dirigiéndose a los gobernantes romanos, Séneca argumentaba que el poder estatal nunca puede ser autosuficiente; también había un requisito irrenunciable en la clementia necesaria para tratar con los miembros más débiles del lazo social (membris languentibus) [1]. En las discusiones jurídicas contemporáneas, la clemencia no sólo ha desaparecido como práctica, sino que se ha incorporado a la función ejecutiva de la potestad de indulto; y que, como hemos visto en los últimos años en Estados Unidos, se ha convertido en una mero trueque político en favor de los poderosos, mas nunca de los más débiles de la sociedad.
Gabriel Giorgi / Dar el salto. Odio y mutación
Filosofía, PolíticaLa discusión sobre la relevancia del odio como afecto político en las democracias contemporáneas tiene, creo, una función fundamental: la de trazar un registro sensible —en los tonos, las expresiones, los gestos y las voces— de la mutación, a escala global, de las derechas en ultraderechas. Plantear el odio como un afecto propio de lo que se denomina, erróneamente, «polarización» de las sociedades o, al menos, del arco político es equívoco, por la sencilla razón de que tal polarización no existe1. Lo que vemos sucederse desde Trump hasta Vox es la fuga de las derechas hacia las ultraderechas: el odio nombra y le da resonancia afectiva a eso. Dar el salto a la ultraderecha: esa es la postal móvil de los últimos años, y que se conjuga en los lenguajes y las formas expresivas bajo el signo del odio. «Odio» es la herramienta —ciertamente limitada— para mapear esa mutación que tuvo lugar bajo nuestra mirada y que reconfiguró las esferas públicas y la posibilidad misma de la vida pública en muchas sociedades.
