En este artículo se estudia el problema de la relación entre lo visible y lo enunciable, imagen y texto, en el pensamiento de Jean-Luc Nancy. Para ello, se traza en primer lugar el marco teórico de este problema en lo que se denomina “la estética del pensamiento”, mostrando qué desplazamiento con respecto a la estética convencional introduce el pensador francés en el tratamiento de este problema y su relación, en este aspecto, con otros pensadores como Blanchot, Derrida o Foucault. Se reconstruye, en segundo lugar, el desplazamiento que la cuestión visible/enunciable sufre en la reflexión de Nancy, desde una interpretación principalmente lingüística, o gramatológica, a otra, más fundamental, de carácter eminentemente figural. En ese plano figural radical, las artes y la literatura parecen quedar en un segundo plano con respecto a lo que Nancy denomina “el arte de hacer un mundo”.
Filosofía
Rodrigo Uribe Otaíza / Cartografías III. La pax araucana
Filosofía, PolíticaHabita al lenguaje, desplegante en sus tecnologías del dialogo. Se imbuye del inmenso párrafo dotado de mitologías políticas poderosas, de liturgias intransitivas, de rituales no intensos. Logo o no logo. Palabra o verbo. Una vez los militares salieron a la calle en el 18 de octubre del 2019, la marcha de los fusiles, los comandos de escritorio, no han dejado de derramar ríos de tinta roja por calles tuertas. La fotografía política recalcó al lapsus compartido que recordaba a un Sebastián Pinochet al mando. Vendaval contra el barco, timón apretado por brazos cortos y tiesos, velas desplegadas. Ahí donde la digitalidad se definía por el mundo dentro de mundos, por el enjambre infinito de una red de redes1, su gesta política reiteró el discreto justificativo frugal: gran crisis dada dentro de la época general de las crisis2. Erección del gran epitafio político de la transición, su criminología, su letarguismo ilustrado. Cifra elemental, de palacios monetarios dentro de una democracia presupuestaria. Todo ha sido convocado por la pregunta por el origen de su archivo: ¿es el Estado de Sitio una alternativa política? ¿Puede retomarse la relación original entre violencia legal y extracción productiva?
Rodrigo Uribe Otaíza / Cartografías II. En la boca de los legalistas
Filosofía, PolíticaLa transición nunca de dejó de ser un burdel en el que figuras de televisión y policías hacían el amor. Un motel de arquitectura multicultural, con pilares neoclásicos, techos góticos y paredes barrocas. Una estructura repleta de luces de neón, clamando vacancia mientras los relieves de los muros forma el claroscuro de una poderosa crítica cabalística y mesiánica. El terror, la mentira y el abismo no dejan de estar a la base de la fuerza que ordena a la letra en su página, en la intensidad que comanda que la caligrafía devenga gramática. Y así, en el perpendicular suelo que sostiene a este burdel, vemos una extraña simpatía. Pequeña, perversa simpatía. Es esta la que mantiene a un fundamento político en ciernes. ¿Podrá el Nuevo Pacto Social, alguna vez siquiera, ir más allá del deseo refundacional de Carabineros de Chile?
Julien Coupat / Engrenages, ficción policial
Estética, Filosofía, PolíticaLos días 28 y 29 de marzo de 2013 tuvo lugar, por iniciativa del CNRS, en un auditorio del arrondisement XIV de París, uno de esos coloquios sin objeto, a través de los cuales el aburrimiento académico intenta distraerse entre dos bostezos. Su título, en una resolución salvaje –“La policía entre ficción y no-ficción”- sonaba como una garantía de que se haría lo posible por no formular la más mínima idea, y que se mantendría educadamente en ese intervalo del discurso donde la neutralidad disputa con la nada. Para darle un poco más de picante al largo túnel de banalidades que se anunciaba, los organizadores habían sazonado el programa con una tarde de proyección-debate “entorno al caso de Tarnac”, que en la época daba de qué hablar en las crónicas, y cuya instrucción aún estaba lejos de cerrarse. Debían intervenir allí David Dufresne, Éric de Barahir, comisario de policía y co-guionista de la serie Engrenages y el juez antiterrorista Gilbert Thiel, que se volvió en esos momentos actor y consultante para la misma serie.
Durando De Arcilaxis / Contemplación del signo
FilosofíaMe gusta tanto cómo cantan las cosas.
Yo las toco: están quietas, son mudas.
Vosotros me matáis todas las cosas.
R. M. Rilke, Poemas juveniles.
Heidegger definía la modernidad como la “época de la imagen del mundo”. Lo moderno consistiría en hacer del mundo justamente una imagen. Desde este punto de vista, no cabría hablar de una cosmovisión medieval, pues sólo a partir de la Edad Moderna ha podido devenir el mundo una imagen para el hombre. Esto significa que el mundo no es más que una “representación” y el hombre moderno una especie de homo videns. Pero la modernidad es también la época de la secularización, o por decirlo otra vez con Heidegger, la era de la “desdivinización o pérdida de dioses”. Ahora bien, frente a los tiempos modernos, la Edad Media se nos presentaría como una época que no necesita sensu stricto de una concepción cristiana para poder “leer” el mundo como siendo de alguna manera simbólico.
Gerardo Muñoz / El mundo dibujado: tres glosas sobre la pintura de Osmy Moya
Estética, FilosofíaI. “El mundo es dibujado, dibujamos el mundo”. Así piensa Osmy Moya una vez que se coloca ante el espacio vacío de la tela. En el comienzo de la procedencia del “acto pictórico”, la tela deviene un fieltro que deshace la caída de la articulación entre figura y espacio. Y en ese origen comienza un trazo sobre sobre el vacío que despeja un color sobre el contorno y que aísla una franja de la composición. En realidad, estos elementos componen un mundo extravagante y en movimiento; un espacio que antes vagamente se asomaba. Una línea nunca es un territorio, sino que divide en su performance una tierra de nadie en la que despejamos una posible escisión ante lo indiferenciado. Así, la línea errante desficcionaliza la unidad del mundo a la vez que muestra el ascenso de la figura. Las líneas del mundo transfiguran los topoi de toda ubicación. Se inventan otras geografías a espaldas de los agrimensores de turno. De ahí que la pintura de Osmy Moya también implique una relación tenue y zigzagueante con la corporización del espacio. El cuerpo delimita un espacio, pero solo a condición de que el espacio mismo devenga un cuerpo como necesidad entre las cosas. Pues ahí donde hay espacio hay una pequeña comarca en la que los sentidos reanudan los usos de nuestras formas con los lugares que cruzamos. Por eso cada línea es una intensidad de un cuerpo que descoloca el diagrama del cuadro. El trazo del dibujo inaugura una insurrección corpórea mediante un montaje que desidentifica absolutamente el espacio con la aparición de volúmenes atizados por el color. Hablar de la pintura es mostrar el parargon de la obra: encarar el momento de la ruina de sus artificios. Así, la infraestructura de la pintura entra en suspenso.
