Recordábamos en estos días a Joshua Clover (1962-2025) – ¿cómo no hacerlo? – y de lo mucho que se puede recordar de él, que no es poco, reparábamos en una observación que se deslizaba en Riot Strike Riot (2016): en la modernidad, decía Joshua, el estado se encontraba lejos de los cuerpos y la economía estaba muy cerca (pensemos nada más en la centralidad de la fábrica); mientras que en la época del neoliberalismo financiero y de subsunción real, el estado está en todos lados y los modos de acumulación se encuentran desperdigados, aunque organizados mediante las infraestructuras y las cadenas de suministro a escala planetaria que nos vincula a cada uno de nosotros como células en circulación perpetua. En nuestros tiempos, la unidad de especie se encuentra separada no sólo en virtud de las cosas que produce o consume al estilo del viejo presupuesto de la alienación, sino que emerge como separación fundamental de su propia pertenencia en los mundos. La inversión no es fortuita: el pasaje hacia la espacialización diferenciada es un efecto que produce un hundimiento aún mayor en las profundas aguas de la abstracción de la totalidad – esa caída en free fall nutre un gnosticismo inmanente que dista de ser un accidente casuístico. La devastación de las relaciones espacio-temporales, que es al fin de cuenta una dispensación del nihilismo, es la condición ontológica de las catástrofes en curso en las que participa buena parte de la Humanidad en una fase compulsiva de autodestrucción.
Neoliberalismo
Mauro Salazar J. / El rictus Tohá. «Lázaro, levántate y anda»
Filosofía, PolíticaUnos van por un sendero recto,
Otros caminan en círculo,
Añoran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
Anna Ajmátova
La arremetida del universo post-concertacionista comenzó el 06 de septiembre de 2022 cuando Carolina Tohá asumió como Ministra del Interior y Seguridad Publica. En sus primeros días desplegó una serie de mensajes (de reposada raigambre PPD) que indicaban cómo el romanticismo termina estallado -trastornado- en los muros de la economía política. Más tarde, ya en modo electoral -su apellido e historial en los sucesos del país- ha puesto en circulación marcas, imágenes y trazas dúctiles del mundo concertacionista en una versión remasterizada. Desde un árbol semántico -en absoluto desarrollo- se aparta de una burocracia estatal, y no se agota en estigmas contra la revuelta y su clímax de calle (2019). Tampoco niega las modernizaciones pendientes, admite los déficits de gestión y territorio, suscribiendo un proyecto país. Lejos de la facticidad, la exministra estuvo a la diestra de Ricardo Lagos en un mítico momento político-medial, donde el futuro presidente apuntaba con el dedo a Pinochet en un canal afiliado a la dictadura (Tráiler del plebiscito como máquina publicitaria). A la luz de tal poética -la menos esperada- conviene suspender temporariamente el recurso neurótico “de los 30 años y la inflación de los torniquetes” -leyenda negra- y el pregón de sus épicas. Huelgan algunas preguntas sobre la complejidad del orden, sin soltar las diferencias parciales o insalvables.
J. Dionisio Espejo Paredes / Construyendo enemigos. Motosierras parlamentarias y otras figuras del Anarco-liberalismo totalitario del siglo XXI (II)
Filosofía, Política19. Pensar, desenmascarar el fetiche
Hoy, como ayer, nos toca desfetichizar la «mercancía Trump», que es solo un icono para un largo listado de satélites nacionales como Milei, Meloni, Bolsonaro, Abascal, Orban…, nos toca neutralizar todo sentimiento, positivo o negativo, que quieren despertar en nosotros. En el mundo en red tiene poder lo que centra la atención de millones de espectadores. Las formas discursivas son decisivas, no tanto las promesas y los programas. Los discursos representan el sentir de un conjunto que los toma por propios, no basta con cambiar los discursos hay que plantearse la fuente de ese sentimiento, no basta con decirles que ese discurso es falso, eso es indiferente porque, para ellos, es verdad que ese discurso expresa lo que ellos sienten, y por lo tanto es verdad, verdad sentida, no proposición verdadera. Por eso de nada sirve que denunciemos que su discurso es metafórico, como metafórica es su guerra, su batalla, metafórico pero no poético. De nada sirve que denunciemos que su cientificismo es banal, que su apología de una nueva verdad oprimida o cancelada es solo la más vieja mentira. Pues ellos, los libertarios, defensores de una libertad que el Estado (social) tiene en peligro no tienen el menor problema en iniciar un plan organizado de censura estatal, sí, ese Estado que tanto deploran, es el que, cuando ellos lo ocupan, comienza suprimiendo y censurando todo aquello que la sociedad y sus individuos libremente producen. Y eso, digan lo que digan, los que lo dicen, eso es totalitario. Ahora no es un partido único como en los sistemas totalitarios, pero es una ideología única, la suya. Como el viejo judaísmo que se creyó el único pueblo elegido, o el nazi que creyó en la superioridad de su raza, ellos creen la mixtura y diversidad daña su concepción de la sexualidad, la familia, la nación…Ese es su peligroso totalitarismo.
J. Dionisio Espejo Paredes / La destrucción de los consensos. Motosierras parlamentarias y otras figuras del Anarco-liberalismo totalitario del siglo XXI (I)
Filosofía, PolíticaEl texto critica la transformación del poder político en un espectáculo y la fusión del Estado con intereses empresariales, representados por figuras como Elon Musk. Destaca la crisis del Estado-nación, la pérdida de representatividad democrática y el auge de movimientos populistas fuera del sistema partidista. Se aborda el nacionalismo tribal, que sustituye la ciudadanía por identidades étnicas, y cómo estos movimientos, impulsados por miedo y frustración, buscan destruir el Estado, acercándose al totalitarismo. Además, analiza los movimientos ultraliberales y neototalitarios, como los de Trump o Milei, que no buscan fortalecer el Estado, sino desmantelarlo desde dentro, promoviendo valores regresivos bajo la apariencia de libertad y socavando la democracia, los derechos humanos y el bien común.
Maurizio Lazzarato / ¡Armarse para salvar el capitalismo financiero! La lección de Rosa Luxemburg, Kalecki, Baran y Sweezy
Filosofía, PolíticaPor muy grande que sea una Nación, si ama la guerra perecerá; por muy pacífico que sea el mundo, si olvida la guerra estará en peligro. Del Wu Zi, antiguo tratado militar chino
Cuando decimos sistema de guerra entendemos un sistema como el vigente que asume la guerra, incluso si solo está programada y no combatida, como fundamento y culminación del orden político, es decir, de la relación entre los pueblos y entre los hombres. Un sistema donde la guerra no es un evento, sino una institución, no es una crisis sino una función, no es una ruptura sino un eje del sistema, una guerra siempre deplorada y exorcizada, pero nunca abandonada como posibilidad real. Claudio Napoleoni, 1986
El advenimiento de Trump es apocalíptico en el sentido literal del término: desecha lo que cubre, quita el velo, desvela. La agitación convulsiva del magnate tiene el gran mérito de mostrar la naturaleza del capitalismo, la relación entre guerra, política y beneficio, entre capital y Estado – usualmente ocultada por los mecanismos democráticos, por los derechos humanos, por los valores y la misión de la civilización occidental.
La misma hipocresía está en el centro de la narrativa construida para legitimar los 840 mil millones de euros para el rearme que la Unión Europea impone, a través del recurso al estado de excepción, a los Estados miembros. Armarse no significa, como dice Draghi, defender «los valores que han fundado nuestra sociedad europea» y han «garantizado durante décadas, a sus ciudadanos la paz, la solidaridad y con el aliado americano, la seguridad, la soberanía y la independencia», sino que significa salvar el capitalismo financiero.
Miguel Ángel Hermosilla / Contra todo dispositivo un arte-facto
Filosofía, PolíticaIronía del dispositivo: nos hace creer que en ello reside nuestra “liberación”. Michel Foucault. Historia de la sexualidad. La voluntad de saber.
Si las sociedades de control caracterizadas por Foucault y Deleuze como dispositivos abiertos del ejercicio del poder, propios de los modos biopoliticos de producción de subjetividad en las sociedades neoliberales contemporáneas, son también variaciones de la soberanía del capital, como fórmulas de adaptación de las transformaciones de los patrones de acumulación en la fase expansiva y flexible del capitalismo tecno planetario, entonces habría que trazar una interrogación radical respecto de las formas modernas de organización del poder y sus efectos inmediatamente políticos y materiales de apropiación del sentido como algo dado e incuestionable. El arte- facto como contra- dispositivo, que interrumpe las narrativas lineales de la dominación mercantil y las formas del mando social, tendríamos que entenderlo como un “acontecimiento” que irrumpe y pone en cuestión la razón cronológica del tiempo de la explotación, o como “gesto “que suspende las lógicas productivas del orden establecido por los consensos del capital sobre nuestras vidas.
