Visita al correccional Daleney Hall, en Newark, donde la semana pasada se fugaron cuatro detenidos por ICE en medio de una confusión nocturna, entre zarandeos y gritos. Hoy algunas almas permanecían en la entrada a la espera de otros, pero tal vez ya los reclusos habían sido desplazados a otro recinto. O al menos eso se comunicó a horas tempranas de la mañana. Como ya sucedió en el 2020, es obvio que la gran marcha organizada en diversas ciudades puntuales – con los hospicios y los dólares de la heredera de Walmart – es otro instrumento contrainsurgente para ralentizar los focos dónde se ha coagulado, a lo largo de estos días, la energía del disturbio ampliado, en el que se entrecruzan la destrucción de la mercancía y el desplome de los salarios. Daleney Hall es ciertamente un ominoso lugar: el gris del día lluvioso se confundía con el arabesco del alambre de púas sobre las rejas. Las cámaras de seguridad multiplican los ojos ad infinitum, y es algo que sentimos de inmediato. Como tantos otros correccionales administrados por grupos privados, Delaney Hall es una entidad privada a manos del GEO Group, cuyas ganancias netas este año fiscal superan los 2 billones de dólares. En un momento de crecientes excedentes poblaciones, en medio de la crisis demográfica y del agotamiento del crecimiento laboral, la prisión es un reservorio ineludible para sostener el patrón de acumulación en picada. No otra cosa quedó clara en la disputa entre los federales y el alcalde Baraka hace unas semanas. Las disputas por la representación en Estados Unidos casi siempre son pugnas por cómo organizar, acoplar, y distribuir la tasa de ganancia en las diversas capas institucionales. Y poco más.
Revuelta
Rodrigo Karmy Bolton / Derecho al retorno
Filosofía, PolíticaQuizás, no haya reivindicación más decisiva en la historia del movimiento nacional palestino que la del derecho al retorno. Pero en las actuales circunstancias, en las que Palestina deviene la verdad del mundo en que vivimos y la nakba no es solo la marca del genocidio sionista que ya cursa casi 80 años sino la catástrofe global por la que la escena liberal muta hacia la movilización fascista, el problema del retorno tiene que ser visto como la apuesta con la que se mide toda sublevación.
No se trata de un “retorno” hacia un origen más auténtico que habría sido dejado atrás, una esencia que, invariante, espera silente nuestro regreso. Más bien, “retorno” puede designar, tal como lo marca la resistencia palestina, un retorno a la Tierra de la que hemos sido despojados. Incluso, el retorno de la Tierra y su poética frente al colapso del territorio y su régimen de equivalencia general.
Conversación de Miguel Valderrama con Rodrigo Zamorano / Stasis, anonimia, retrato
Estética, Filosofía, PolíticaEn su más reciente libro, Guerra y democracia. Retrato, stasis, anonimia (Palinodia, 2025), el historiador chileno Miguel Valderrama se da a la tarea de dibujar los contornos de una escena de escritura crítica y filosófica que, tras la revuelta que se inició en Chile el 18 de octubre de 2019, busca volver a pensar desde la izquierda la relación entre violencia y política más allá de su interdicción por el consenso postdictatorial. Restitución que supone asimismo un cambio de escena, la señal de un desplazamiento, la puesta en juego de una lengua y un vocabulario otros. En el libro, que ha de leerse en serie con Prefacio a la postdictadura (Palinodia, 2018), se dan cita distintas voces y autorías, así como también distintas formas y medios –ensayo, fotografía, teatro, documental–, en un intento por capturar una “imagen de pensamiento” de interrupción y diferendo de un presente cuya reproducción mecánica no es otra que la del orden neoliberal.
Aldo Bombardiere Castro / Imaginarios, imaginales e invisibles. Chile a cinco años de la revuelta popular
Filosofía, PolíticaEl último fin de semana de octubre, a cinco años de la revuelta popular de 2019, se celebraron las Elecciones Regionales y Municipales 2024. En virtud de tal hito eleccionario los intelectuales del orden (principalmente columnistas de diarios y panelistas de televisión) han intentado cerrar el análisis político acerca del presunto ciclo de anomia institucional que, según ellos, caracterizó al -así llamado- “estallido social”. Por supuesto, a sus ojos dicho episodio produjo una fisura democrática, cargada de inadmisible violencia, pero, a su vez, también nos ha permitido extraer valiosos aprendizajes. Entre estos últimos, los intelectuales del orden destacan la necesaria promoción de la redistribución económica, la creación de condiciones más ampliadas al consumo, así como la readaptación de las instituciones políticas y, por parte de la ciudadanía, el compromiso con el desarrollo de facultades dialógicas y “empáticas” en aras de evitar la reiteración de un nuevo estallido. En suma, aprovechando de utilizar el reciente hito eleccionario en calidad de ejemplo cívico, el grupo de intelectuales públicos nos buscan dar una lección, con toda la doble carga de violencia que porta dicho término: una lección, en cuanto clase magistral de conocimiento teórico y sociologismo (el “estallido” fue sólo esto: negatividad, anomia, malestar aspiracional, déficit de capitalismo que ha de solucionarse con más capitalismo); pero, también, pretenden darnos una lección en tanto castigo, disciplinamiento y advertencia disuasiva (nuestra democracia no puede permitirse otro “estallido” y para eso estará Carabineros y el conjunto de fuerzas de orden y seguridad). En efecto, tras la conjunción de “opinión pública”, por un lado, y evento eleccionario, Chile ha consolidado su retorno al orden democrático e institucional, marcado por el voto obligatorio y el republicanismo liberal. Poco importa que la democracia se reduzca a lo procedimental, pues, el imaginario con que Chile pareciera concebirse a sí mismo parece haber recuperado su lugar.
Willy Thayer / ¿En qué lengua se escribe la revuelta? Un texto, y dos notas suplementarias sobre performatividad y performance
Filosofía, Política«Butler introducirá una torsión, un cambio de camino a la hora de describir la teoría de los actos de habla. Más que eficiencia performativa, Butler apostará por el fracaso del performativo». Alejandra Castillo, «Fracaso del performativo», en el circuito que sea, es a lo que aquí llamaremos «performance».
PAISAJE
1.- La revuelta de octubre, la inmediatez mítica de sus consignas, imágenes y ritmos, heráldicas y banderas, su iconoclastia, sus manadas y gentíos, sus jornadas y marchas, asambleas y concentraciones, adoquines y humaredas, sus agrupaciones, colectivos, coordinadoras y vocerías, sugiere erigirse y ejercitarse desde sus propios fueros y antagónicamente a la traza neoliberal chilena, como si volando desde fuera se dejara caer sobre ella defraudando la performatividad de sus instituciones.
Al mismo tiempo, la declaración de guerra a la revuelta de parte de la gubernamentalidad neoliberal el día mismo de su estallido, tildándola de enemigo exterior e interior, vendría a confirmar este registro comprensivo, inmediato mítico, de la revuelta y del neoliberalismo chileno, como fuerzas que chocan desde sus respectivas autonomías.
Sergio Villalobos-Ruminott / Realismo capitalista: revuelta, interrupción, restauración
Filosofía, PolíticaLos años setenta también vieron el crecimiento en Gran Bretaña de movimientos gay, antirracistas, feministas y verdes. En muchos sentidos, fue el éxito sin precedentes de la izquierda y la contracultura en los años 1970 lo que obligó al capital a responder con el neoliberalismo. Esto se desarrolló inicialmente en Chile, después de que el golpe de Estado de Pinochet, respaldado por la CIA, derrocara violentamente al gobierno socialista democrático de Salvador Allende, transformando el país –a través de un régimen de represión y tortura– en el primer laboratorio neoliberal. Mark Fisher, K-Punk (2018: 372)
I. Introducción
En estos días se cumple el quinto aniversario de las revueltas chilenas del 2019. En términos generales, cinco años no parecen ser suficientes para aprehender tendencias y evaluar la naturaleza de cualquier fenómeno histórico; sin embargo, lo ocurrido durante estos últimos años requiere contravenir esta creencia e intentar un análisis que nos permita dimensionar el alcance de dichas revueltas y poner atención a las diversas narrativas originadas en torno a ellas. Recordemos brevemente la concatenación de hechos recientes con el fin de hacer ciertas precisiones: el viernes 18 de octubre de 2019, lo que comenzó como un ciclo más de protestas estudiantiles motivadas por un aumento arbitrario de las tarifas del metro, se convirtió en una revuelta social generalizada. El siguiente viernes 25 de octubre, más de un millón de personas participaron en una serie de manifestaciones que se desarrollaron en Santiago y en las principales ciudades del país. Durante las siguientes semanas y a pesar de la brutal política represiva implementada por el entonces presidente Sebastián Piñera, la situación continuó escalando, aglutinando de paso a la población de manera transversal. En respuesta a esta escalada, el viernes 15 de noviembre, en una jugada estratégica, políticos de distintos sectores se reunieron en el Congreso nacional y alcanzaron un acuerdo denominado Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución que, como su nombre deja claro, fue un reconocimiento oficial de la necesidad de una nueva constitución.
