Julio Cortés Morales / Etnocaceristas: ¿populismo radical o postfascismo decolonial?

Filosofía, Política

Una forma extremadamente curiosa de llevar las posiciones “etnodiferencialistas” de la Nueva Derecha francesa1 al límite es la de los denominados “etnocaceristas” del Perú, creación de los Humala (Isaac y sus hijos Ollanta y Antauro) que condujo a la formación de un movimiento político integrado primeramente por militares; una curiosa variedad de populismo radical según algunos2, que a mi juicio bien podría ser considerada una forma de postfascismo andino.

Los etnocaceristas reivindican la “raza cobriza” (una de las cuatro que según ellos existen en el planeta, junto a la blanca, amarilla y negra), el Imperio Inca, al general Andrés Avelino Cáceres -héroe antichileno de la Guerra del Pacífico- y al gobierno militar del general Velasco Alvarado. El movimiento fue creado por Issac Humala, abogado que había militado en el Partido Comunista del Perú y luego en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y sus hijos militares, Ollanta y Antauro, que en 1989 formaron el movimiento clandestino Militares Etnocaceristas (MEC). El objetivo del MEC era “estudiar la realidad peruana, la historia militar del país y su situación étnica, para elaborar una forma de lucha contra el terrorismo del Sendero Luminoso diferente de las brutales represiones ejercidas por las autoridades estatales, no sólo contra los senderistas sino también contra la población civil de los Andes”3. En el proceso los Humala fueron acuñando la idea de una revolución militar que arrebate el poder a los civiles occidentalizados, la que fueron fundiendo con la reivindicación de un nacionalismo étnico del Tahuantinsuyo.

Felicia Sjögren / HULDA

Música, Sonido

Partamos el día escuchando atentamente. En Ficción de la razón presentamos el álbum HULDA de la artista sonora y compositora sueca Felicia Sjögren. La música de este álbum fue creada e interpretada en un órgano de lengüetas de dos manuales y pedales, construido por Alfred Cedergren, un artesano sueco activo entre 1870 y 1925 en Vänge, en la isla de Gotland. En esa misma localidad vivía, por aquellos años, una joven llamada Hulda Veström. A los catorce años, Hulda dejó atrás a su madre y hermanas para viajar al encuentro de su padre en Los Ángeles. En la primavera de 1912, subió al Titanic junto a su tía, también llamada Hulda. Una fotografía de ambas mujeres se conserva en la capilla de madera de Vänge, el mismo lugar donde hoy se reúnen los órganos construidos por Cedergren.

Gonzalo Díaz-Letelier / La lengua del otro. Traducción, imperialidad occidental y cibernética

Filosofía


Presentación ante Comité de Defensa (University of California, campus Riverside, 20 de mayo de 2026)

Miembros del comité, colegas, amigxs.

La investigación que presento hoy, titulada The Tongue of the Other. Translation, Western Imperiality, and Cybernetics, es el resultado de un largo recorrido intelectual que comenzó hace años con conversaciones mantenidas en distintos lugares y lenguas, y que ahora culmina provisionalmente en este escrito. Quisiera comenzar agradeciendo a mi comité, presidido por el profesor Dr. Jacques Lezra, y a todas las personas que hicieron posible este trabajo. Pero pasemos directamente al tema que nos ocupa.

El problema en cuestión

Esta disertación parte de una observación y de una sospecha. La observación es que, hoy en día —en medio del régimen contemporáneo de guerra y genocidio—, los dos polos que emergen como los nuevos articuladores del “orden mundial” parecen ser la soberanía estatal y la “globalización”. O, si se prefiere, nacionalismo e imperialismo. La cuestión de la identidad se polariza alternativamente entre el cosmopolitismo liberal de la globalización y todo tipo de autoafirmaciones inmunitarias y repliegues en la idiosincrasia. Pareciera que uno debiera elegir —sin otra salida posible— entre ser partisano de la globalización o, “por el contrario”, del nacionalismo.

Gerardo Muñoz / La verdadera gnosis: una postal desde el norte

Filosofía, Política

Las figuras deambulan de un lado a otro sin saber muy bien a dónde ir, si es que hay que ir a algún lado o permanecer a la espera. Ahí está la pareja de Martín Soto, uno de los huelguistas detenidos del centro de detención, que lleva puesta una camisa remangada y un chaleco de obrero. En el área de espera, muy cerca de la entrada para vehículos, se pasea un niño pequeñito, de unos ocho o nueve años, que lleva mascarilla puesta y alza una pancarta “Fuck ICE”. Otra pancarta se eleva a su derecha en la que leemos “Chinga la Migra”. Los chicos de la militancia autónoma con sus balaclavas se desplazan como pequeñas hormigas levantando adoquines del perímetro para trasladarlos a una pequeña barricada que en pocos minutos va tomando forma. Otros conversan, se saludan, o se acercan a preguntar; y con cierta frecuencia pasan los camiones y rastras que hacen presencia con sus cláxones. En una carpa blanca aguardan aquellos encargados de primeros auxilios y meriendas, porque tal o temprano, llegada la noche también llega el hambre. Todos asumen la necesidad de hacer otra cosa con un tiempo que permanece fuera de sí y que pareciera escurrirse a lo largo de la estirada Avenida Doremus.