Felice Cimatti / El lugar de lo humano. Agamben y lo irrealizable

Filosofía, Política

Fuente: Antinomie.it

Un bosque nevado. En realidad (esa es la cuestión, ¿qué quieres decir con «en realidad»?) no vemos un bosque, vemos árboles. Con un lado del tronco cubierto de nieve. Pero en realidad (de nuevo), ni siquiera vemos árboles, sino un signo (un icono, para usar la terminología de la semiótica) que nos muestra árboles. Así pues, en algún lugar del mundo debe haber árboles reales, que alguien ha captado a través del objetivo de un dispositivo fotográfico; árboles a los que se refiere la imagen de arriba (el signo icónico). Y por último, las palabras -es decir, otros signos, ya no icónicos- con las que comentamos la imagen, es decir, un signo más. Si ahora pensamos en el complicado y tortuoso camino semiótico que nos llevó desde aquella tarde de invierno hasta estas notas, podemos empezar a entender cuál es el problema, qué ganamos al movernos siempre entre signos de signos, y qué, en cambio, perdemos, cuando nuestro mundo está siempre hecho de signos de signos. Mientras tanto, unas líneas antes hablábamos de un bosque, un bosque nevado. Inmediatamente nos corregimos, porque en realidad no es un bosque lo que vemos, sino árboles, muchos árboles juntos. Es una vieja historia, la del bosque y los árboles. Según esta historia, si prestamos demasiada atención a los árboles, perdemos de vista el bosque, y viceversa, si sólo prestamos atención al bosque, olvidamos que también hay árboles. La historia tiene su propia razón, sin embargo, sugiere que el bosque existe por sí mismo. De hecho, ¿podemos estar tan seguros de que sin la palabra «bosque» habría un bosque?

Aldo Bombardiere Castro / Geopolítica: tablero de guerra

Filosofía, Política

“Las consignas «No a la guerra», «Paz», «Ni con Putin ni con Biden» parecen débiles e impotentes si no encuentran su fuerza contra Putin y contra Biden. La oposición a la guerra debe basarse en una enérgica lucha contra las diferentes formas de capitalismo y soberanía en disputa e igualmente movilizadas en la organización de la dominación, la explotación y la guerra.” Maurizio Lazzarato, La guerra en Ucrania, Revista Disenso.

“La guerra es una mierda.” Inna Afinogenova, periodista de Ahí les va (RT en Español).

La guerra es una mierda. Y esa es nuestra tragedia.

Dentro de las múltiples perspectivas de abordaje interpretativo que resiste el acontecimiento de la invasión rusa a Ucrania todas remiten a un denominador común. Se trata de interpretaciones que descansan sobre un mismo “horizonte de sentido”: la geopolítica. La ironía está en que tal horizonte de sentido geopolítico, antes que permitirnos vislumbrar y crear nuevas formas de vida y modos de habitar la existencia, porta una amenaza angustiante: el advenimiento del sinsentido.

Pablo Enrique Abraham Zunino / Resonancias bergsonianas en el cine revolucionario de Deleuze: estética, ontología y política

Cine, Estética, Filosofía

El objetivo de este artículo es destacar la especificidad de la recepción deleuziana del pensamiento de Henri Bergson a propósito del concepto de imagen a partir de su desarrollo en los libros sobre cine de Gilles Deleuze: La imagen movimiento: estudios sobre cine 1 (1983) y La imagen tiempo: estudios sobre cine 2 (1985). Este análisis tiene una relevancia singular sobre los diversos planos de la experiencia: estéticos, ontológicos, políticos y pedagógicos. Se trata de mostrar de qué manera la teoría de las imágenes, propuesta por Bergson en Materia y memoria (1896), es reinterpretada por Deleuze asumiendo nuevas posiciones filosóficas, cuyo alcance excede el de la propuesta original, manteniendo, con todo, la absoluta coherencia argumentativa.

Rodrigo Uribe Otaíza / Cartografías V. La abeja y la araña

Filosofía, Literatura, Política

En un taller por Barrio Italia, debajo de las andanzas reinan las arañas. Pululan modestas como palabras enjutas. De achacadas piernas mientras duermen la siesta. Entre letras y minucias, durante pequeños placeres cotidianos, cercenan la información que en sus redes caen. Tensan sus telas, dejando una invisible red de historias andinas. Festín nocturno a la hora en que reposan los laureles. Portadoras del sello de un reino de soberanía en retirada. Apenas cuando el castaño oscurece. En las eras donde el canelo, incendiario, retorna a su ser. Esperan atentas y dialogantes a que se levante el alba. Y cuando llega, en medio del café matutino en llamas, reinan también las arañas gracias al discurso marcado por la tara de las ideas. Con un grotesco olor a polilla quemada que abandona la sala, las gobernantes de ocho patas entran en el juzgado de las acequias para ensoñar con ver correr otra vez a los pequeños niños esclavos por sus pasadizos. Tras el comando de la legión pastoral, una ilusión hace de la red una entelequia de concertaciones, uniones, pueblos y naciones. Las hordas de informantes chocan con sus redes; pobre comunicación de molares sin caries y anestesias sin dolores. La horda de comunicadores emanan de sus redes; ricas palabras sin sangre en la boca ni sosiego disimulo. Ahí, entre la vaporizada estética de monjes capuchinos perdidos en el desierto de Atacama, nuestro mapa pregunta ¿cómo son estas telarañas? La caligrafía atestada de interrupciones, de jóvenes estetas sin obra, de artesanos sin trabajo, de trabajadores cesantes, interroga contra su torturador ¿Bajo qué modo es el ser de la red que articula nuestra vida en esta perpendicular era de leyes sin monadas? Y tomando a la complicación como principio, ¿Cómo hace la clandestina vida para encontrar una simpatía negruzca con sus sistemas arácnidos?

Sergio Villalobos-Ruminott / Foucault: Arqueología y anarquía

Filosofía, Política

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Llamaré archivo no a la totalidad de los textos que una civilización ha conservado, ni al conjunto de las huellas que han podido salvarse de su desastre, sino al juego de las reglas que determinan en una cultura la aparición y desaparición de los enunciados, su persistencia y su borradura, su existencia paradójica de acontecimientos y cosas. Analizar los hechos de discurso en el elemento general del archivo es considerarlos no como documentos (de una significación oculta o de una regla de construcción), sino como monumentos, es —al margen de cualquier metáfora geológica, sin ninguna atribución de origen, sin el menor gesto hacia el comienzo de una arjé- hacer lo que podríamos llamar, según los derechos lúdicos de la etimología, algo parecido a una arqueología. Michel Foucault, Sobre la arqueología de las ciencias. Respuesta al Círculo de Epistemología (1968).

Sea cual sea la variante de la arqueología-genealogía de Foucault que se examine el yo práctico no sale bien parado. En cuanto “hombre” en la episteme moderna es recibido con una “risa filosófica” y comparado con una “figura dibujada en la arena en el límite del mar” que pronto será borrada. Como originario hacedor de eventos acaba siendo destronado por el descubrimiento de dispositivos epistémicos y de poder en la historia que sufren incesantes mutaciones. “Preservar, contra todos los descentramientos, la soberanía del sujeto” fue una obsesión típica del siglo XIX. No puede haber una historia significativa —es decir, lineal— sin el sujeto como su agente duradero y como su otorgador sintético de sentido. “La historia continua es el correlato indispensable de la función fundante del sujeto”. Nada sorprendente que corran algunas lágrimas cuando se descubren umbrales y rupturas en la formación de nuestro pasado: “Lo que de ese modo es lamentado con tanta vehemencia no es la desaparición de la historia sino el borramiento de aquella forma de historia que estaba, secreta y enteramente, referida a la actividad sintética del sujeto”. Reiner Schürmann, Sobre constituirse a sí mismo como sujeto anárquico (1986).

1. – De la ocasión

En la invitación al encuentro Tracking Infrapolitics, Alberto Moreiras definía así la ocasión:

La pretensión es ambiciosa, tal vez desorbitada, pero no nos apena: la infrapolítica es una posición nueva en la historia del pensamiento, y nos ha tocado en suerte desarrollarla. Es nueva no porque la infrapolítica sea nueva: la infrapolítica es la actividad humana más antigua, más antigua que la política, más antigua que la religión, y es posiblemente la actividad -la forma de actividad- que define lo humano como tal. Pero su tematización es nueva. Y su novedad sólo es relevante porque, en tanto que nueva, toca lo que ha quedado sin pensar, sin tematizar: lo que ha sido impensado históricamente y lo que nunca ha alcanzado una articulación adecuada en los lenguajes conocidos.

Nos interesa mantener este texto, que funciona al modo de una declaración, como subtexto que justifica y prefigura la intención con la que me propongo, en lo que sigue, elaborar un comentario sobre la relación entre arqueología y anarquía en el pensamiento de Michel Foucault. Parto por advertir entonces que no pretendo producir una nueva síntesis relativa a su trabajo, cuestión que se ha hecho con relativa eficacia en los últimos años, gracias a la sistemática publicación de sus Cours au Collège du France (1970-1984). Tampoco intento elaborar una contra-lectura sistemática de un obra que todavía no termina de definir sus contornos ante nosotros, aunque, como tal, no deje de interpelarnos constantemente.

Aldo Bombardiere Castro / Pensar la pandemia. Poros, lenguaje y asombro

Filosofía, Política

Enfermedad: cuerpo y fatiga

Fiebre y vómitos. La fatiga emblandece los cuerpos. Una sombra rodea a otra sombra: la amenaza es más poderosa que la ejecución. El mundo ha sido capturado por el virus y su paranoia: la epidemia se ha globalizado. La pandemia y su afán de totalidad cierra todas las puertas y ventanas. Hay que resguardarse. Cubrir la boca. Vacunarse. Por el bien no sólo de uno, sino de todos.