Dionisio Espejo Paredes / El sujeto (islamo) fóbico: el miedo como mercancía

Filosofía, Política

0. Introducción

Este artículo analiza el shock como categoría fundamental de la modernidad tardía, examinando su función como estructura de dominación, experiencia emocional y forma mercantilizada en las sociedades contemporáneas. Partiendo del marco teórico de la doctrina del shock (Klein) y su genealogía en la teoría crítica (Benjamin, Adorno, Horkheimer), se argumenta que el poder ha perfeccionado un régimen de shock permanente que, mediante crisis, impactos mediáticos y catástrofes espectacularizadas, anula la capacidad crítica, suplanta la racionalidad por respuestas emocionales y transforma el trauma en un bien de consumo.

La investigación demuestra cómo este mecanismo no se limita a la esfera política, sino que constituye una tecnología de gestión afectiva que opera mediante la administración del miedo y el deseo. Como caso paradigmático, se analiza la islamofobia en Europa, revelando su función como instrumento de biopolítica que legitima medidas autoritarias y estructura identidades colectivas a través del rechazo al diferente.

Carlos Flores Cancino / Tesis críticas sobre el Manifiesto Tecnopolítico

Filosofía, Política

Las siguientes tesis nacen como réplica a propósito, y en contra, al reciente texto titulado “Manifiesto tecnopolítico” aparecido en un primer momento en Arqueologías del porvenir —como Manifiesto geotecnopolítico 0.1 — y posteriormente en la Revista Supernova. En este texto, en su última versión, Emmanuel Biset, Flavia Costa y Javier Blanco nos ofrecen una atenta lectura de los impactos que trae consigo la aceleración de la mediación técnica sobre las formas de vida y la crisis ambiental como consecuencia de los procesos antropogénicos. Sin embargo, vale la pena detenernos y poner algunos puntos de tensión para discutir y tomar distancia de sus propuestas tecnopolíticas. Veamos.

Alejandra Castillo / Democracia y revuelta

Filosofía, Política

A seis años de la revuelta de octubre

La democracia y la revuelta no parecen ir juntas. Solemos imaginar escenarios distintos para una o la otra. La democracia es participación ordenada, de pasiones moderadas. La revuelta es ebullición y desorden. Lo que la democracia establece, la revuelta suspende. De habitual, la democracia es asociada a la estabilidad lograda por acuerdos consensuados. La revuelta es agitación y destitución. Si la democracia instala, la revuelta altera. La temporalidad de la democracia y la revuelta parecen diferir también. El tiempo de la democracia se organiza en un devenir planificado. El tiempo de la revuelta es acontecimental. En El día de antes de la revolución, Ursula K. Le Guin imagina el tiempo de la revuelta en Laia Odo; su cuerpo es figura y memoria de la revolución anarquista1. El día antes de la revolución es ella, su cuerpo. Si bien la revuelta toma lugar sin avisar, hay un cuerpo que la vuelve posible. Historias, privadas y comunes, afectos propios y ajenos, resistencias grandes y pequeñas van dejando huella en ese cuerpo que hace posible el acontecimiento de la revuelta. El acontecimiento para que advenga necesita un cuerpo. De tal modo, el día después de la revuelta, el día en que se instituye un orden, se organiza a partir de ese cuerpo y ese cuerpo da cuenta de un archivo.

Rodrigo Alarcón Muñoz / El manto del pasado y la inmunización del cuerpo social. Notas sobre el porvenir de chile

Filosofía, Política

En “Los patios interiores de la democracia”, páginas decisivas del debate transicional chileno, queda consignado que la posibilidad de la experiencia democrática supone la elaboración colectiva del tiempo (1985). Es decir, este acontecimiento ocurriría en la extraordinaria situación donde la fisonomía del pasado y la proyección del futuro surgen de las condiciones de producción del cuerpo popular y no de la representación político-institucional del Estado. Aquí, claramente Lechner parece conectar con la perspectiva negriana del poder constituyente, cuyas estrategias conceptuales desbaratan la raíz autoritaria de la soberanía. No obstante, cuando la perspectiva del alemán se enmarca, en una concepción que comprende el momento más decisivo de la república, el golpe de 1973, como fenómeno excepcional y acotado, queda completamente desactivada, en tanto hace directamente sistema con la inmunización del Estado y el “cuerpo social” que ejecuta la elite nacional, sobre todo potencial transformador activo o latente en el cuerpo social, relegando tácita y definitivamente los avances democráticos a un pasado ambiguo e imposible de ser referido (Villalobos-Ruminot, 2013).

Mauricio Amar / Hacer la barbarie

Filosofía, Política

En su infame texto de 1896, El Estado judío, Theordor Herzl –que daría cuerpo al proyecto colonial sionista en Palestina– afirmaba que «Para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio de los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie. En tanto que Estado neutral, mantendríamos relación con toda Europa, que tendría que garantizar nuestra existencia»1. Evidentemente las lecturas que se pueden hacer de esta cita tan simple son muchas, partiendo del reconocimiento por parte de Herzl del colonialismo sionista como un asunto europeo, al punto que serán estos los que garanticen su permanencia (hoy, sabemos, ese apoyo proviene principalmente de Estados Unidos). Lo que resulta tremendamente revelador, sin embargo, es la división que establece el autor respecto a civilización y barbarie, que había justificado hasta entonces los más terribles sometimientos, vejaciones y genocidios a diversos pueblos en todo el mundo, incluso en Europa. Y es que el colonialismo, donde vaya, lleva civilización precisamente como barbarie. Como decía Walter Benjamin en su VII tesis Sobre el concepto de historia «no existe un documento de la cultura que no lo sea a la vez de la barbarie». Civilización y barbarie, bajo los términos impuestos por Herzl pertenecen a la misma gramática y aunque el sionista quisiera establecer una separación dicotómica entre ambos, en realidad civilización como barbarie o barbarie como civilización es lo que realmente constituye el proyecto colonial europeo. Y aún así, el mismo Benjamin nos invita a pensar de otra manera la barbarie, una con la que la separación de Herzl podría coincidir y con la que, sin embargo, podríamos llegar a representarnos.

Rodrigo Karmy Bolton / La Universidad (norteamericanizada chilena) ya ha colapsado

Filosofía, Política

1.- No hay papel.

Quisiera seguir el hilo de la profunda columna de Gerardo Muñoz titulada La Universidad norteamericana ya ha colapsado, a partir de una experiencia biográfica que, me parece interesante de problematizar a propósito del colapso en curso. En el año 2020, en plena pandemia, mientras la universidad se había reducido a una pantalla, muchas veces con estudiantes que no eran más que pantallas negras premunidos de alguno que otro nombre, y con el pánico diario de que las vacunas se estaban probando y entonces nuestros múltiples dispositivos inmunitarios nos ofrecían algo más que limpieza cotidiana, sino que parecían asegurarnos una vida eterna, ocurrió una escena del todo singular. Pertenecía yo al decanato de esa época y, un día, se nos citó a una reunión de Consejo de Facultad que, entre los puntos que se debían discutir, era la exposición del encargado de la vicerrectoría de asuntos digitales que, hasta donde recuerdo y a propósito de la demanda pánica que impulsó la pandemia- nos venía a presentar una modernización de los sistemas digitales de la universidad, tan urgente como necesario.