En Infancia e historia Giorgio Agamben afirma que en la contemporaneidad asistimos a la “destrucción” de la capacidad para transmitir la experiencia. Ante esto, propone la idea de “infancia” entendida como una “experiencia originaria” en la que residiría la pura potencia del lenguaje. Esta idea presenta una serie de dificultades en tanto posibilidad concreta de volver a transmitir la experiencia ante su destrucción. Por lo tanto, el presente escrito indaga en otros conceptos de Agamben tales como el “montaje de temporalidades”, el “paradigma” y el “testimonio”, conjeturando que allí se encuentran posibles claves para efectivamente volver a transmitir la experiencia.
Giorgio Agamben
Giorgio Agamben / Dios, hombre, animal
FilosofíaCuando Nietzsche, hace casi ciento cincuenta años, formuló su diagnóstico sobre la muerte de Dios, pensó que este acontecimiento sin precedentes cambiaría fundamentalmente la existencia de los hombres sobre la tierra. «¿Hacia dónde vamos ahora? – escribió- ¿no es la nuestra una continua caída a pique? […] ¿Sigue habiendo un alto y un bajo? ¿No vagamos por una nada infinita?». Y Kirilov, el personaje de los Demonios, cuyas palabras Nietzsche había meditado detenidamente, pensaba en la muerte de Dios con el mismo sentido pathos y extraía de ella como consecuencia necesaria la emancipación de una voluntad sin más límites y, al mismo tiempo, sin sentido y suicida: «Si Dios está ahí, yo soy Dios… Si Dios está ahí, toda voluntad es suya y yo no puedo escapar a su voluntad. Si Dios no está, toda la voluntad es mía y me veo obligado a afirmar mi libre albedrío… Me veo obligado a pegarme un tiro, porque la expresión más plena de mi libre albedrío es matarme».
Giorgio Agamben / Mientras
FilosofíaPara liberar a nuestro pensamiento de los pánicos que le impiden alzar el vuelo, conviene en primer lugar acostumbrarlo a no pensar ya en sustantivos (que, como el propio nombre delata inequívocamente, lo aprisionan en esa «sustancia» con la que una tradición milenaria ha creído poder aprehender el ser), sino (como en su día sugirió hacer William James) en preposiciones y acaso en adverbios. Ese pensamiento, que la mente misma tiene, por así decirlo, no un carácter sustancial, sino adverbial, es lo que nos recuerda el hecho singular de que en nuestra lengua, para formar un adverbio, basta unir un adjetivo a la palabra «mente»: amorosamente, cruelmente, maravillosamente. El nombre -el sustantivo- es cuantitativo e imponente, el adverbio cualitativo y ligero; y, si te encuentras en dificultades, no es un «qué» sino un «cómo», un adverbio y no un nombre, lo que te saca del apuro. El «¿qué hacer?» te paraliza y te inmoviliza, sólo el «¿cómo hacer?» te abre una salida.
Antonio Pele / Achille Mbembe: necropolítica
Filosofía, PolíticaLa gestión económica y política de las poblaciones humanas a través de su exposición a la muerte se ha convertido en un fenómeno global. Las guerras, los genocidios, la «crisis» de los refugiados, el ecocidio y los procesos contemporáneos de pauperización y precarización revelan cómo masas cada vez mayores de individuos se gobiernan ahora a través de su exposición directa e indirecta a la muerte. Para desentrañar esos procesos, Achille Mbembe ideó la noción de necropolítica, primero en 2003 con un ensayo que llevaba el mismo nombre, y después, en 2016, con el libro Politiques de l’inimitié, traducido y publicado en inglés en 2019, como Necropolitics.1 Con esta última noción, Mbembe explora y radicaliza el concepto de biopolítica de Foucault.
Giorgio Agamben / Ética, política y comedia
FilosofíaEs necesario reflexionar sobre la singular circunstancia de que las dos máximas que han tratado de definir con mayor agudeza el estatuto ético y político de lo humano en la modernidad procedan de la comedia. Homo homini lupus -piedra angular de la política occidental- está en Plauto (Asinaria, v.495, donde advierte jocosamente contra quienes no saben quién es el otro hombre) y homo sum, humani nihil a me alienum puto, quizá la formulación más feliz del fundamento de toda ética, está en Terencio (Heautontim., v.77). No es menos sorprendente que la definición del principio de derecho «dar a cada uno lo suyo» (suum cuique tribuere) fuera percibida por los antiguos como la definición más propia de lo que se trata en la comedia: una glosa de Terencio lo afirma sin reservas: cómico es por excelencia assignare unicuique personae quod proprium est. Si se asigna a cada hombre el carácter que lo define, se vuelve ridículo. O, más en general, todo intento de definir lo humano desemboca necesariamente en lo cómico. Esto es lo que muestra la caricatura, en la que el gesto de captar a toda costa la humanidad de cada individuo se convierte en una burla, hace reír.
Giorgio Agamben / ¿El ocaso de Occidente?
Filosofía, PolíticaEn los textos publicados en esta columna se habla a menudo del fin de Occidente. Conviene aquí no equivocarse. No se trata de la resignada -aunque lúcida y amarga- contemplación del último acto de un ocaso que Spengler y otros pseudoprofetas anunciaron hace ya demasiado tiempo. No les interesaba otra cosa que ese ocaso, eran, al fin y al cabo, cómplices y hasta presumían de ello, porque en las alforjas y cajas fuertes de su espíritu no quedaba absolutamente nada, ésa era, por así decirlo, su única riqueza, de la que no querían ser defraudados a cualquier precio. Por eso Spengler pudo escribir en 1917: «Sólo deseo que este libro pueda estar al lado de los logros militares de Alemania sin desmerecer por completo».
