A lo largo de su vida, Leonardo Da Vinci no hizo más que llenar cuadernos. Tener siempre un cuaderno listo para recibir sus más dispares ideas y reflexiones era parte fundamental de su método, y de su grandeza. En muchas de esas páginas se encuentran estudios sobre grietas en los edificios. Creía que una grieta estructural en un edificio tenía el poder de revelar información que de otro modo quedaría oculta sobre la forma en que ese edificio fue concebido, diseñado y construido. Las grietas se acuñan en las zonas del material donde el nivel de cohesión es más bajo y está más expuesto a las fuerzas opuestas. Es una metáfora adecuada, y no es casualidad que el propio Leonardo recomendara mirar de cerca las grietas para entrenar la imaginación. Y no es casualidad que esa misma metáfora haya sido utilizada por el arquitecto Eyal Weizman para describir el trabajo de la Arquitectura Forense en su libro homónimo (publicado originalmente en 2017).
Filosofía
Rodrigo Karmy Bolton / El gusto por vivir
FilosofíaSobre Averroes. Acerca de la felicidad del alma. DobleAEditores, Santiago de Chile, 2022
1.- El cerezo
Al principio de “La ideología alemana”, Marx y Engels acometen una tarea crítica inmediata: ir más allá del materialismo de Feuerbach. Para ello, señalan con fuerza que el filósofo alemán ha acertado parcialmente, por cierto, al desplazar el principio teológico por el antropológico, pero ha errado en la medida que: “(…) no ve que el mundo sensible que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en sentido que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica la organización social con arreglo a nuevas necesidades (…) Así, es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del comercio y por medio de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la “certeza sensorial” de Feuerbach”.
Malena Taboada / Trabajo, vida y biopolítica en la obra de Maurizio Lazzarato
Filosofía, PolíticaEl presente escrito busca examinar el modo en que Maurizio Lazzarato elabora el problema del trabajo y, con este, las nociones de producción y vida entre 1990 y 2006 a la luz del concepto de biopolítica. Para ello, en primera instancia, se analizará la manera en que, retomando algunos problemas expuestos por el operaísmo italiano, el autor introduce la necesidad de repensar la noción de trabajo elaborando, junto con Antonio Negri, el concepto de trabajo inmaterial. Luego, se avanzará hacia las torsiones que el autor realiza en los conceptos de vida y biopolítica foucaultianos, incorporando aportes de Gabriel Tarde, Gilles Deleuze y Félix Guattari, para dar cuenta de los modos de producción y extracción de valor contemporáneos.
Tariq Anwar / Eterno retorno de lo mismo
Filosofía, LiteraturaCada cierto tiempo, digamos sin plazos fijos, se produce el retorno. Las cosas vuelven a ser como fueron, las miradas y los gestos se repiten, las manos que alguna vez se separaron vuelven a unirse y aquellas que se juntaron de nuevo se separan. No se trata de un retorno a lo uno, sino a lo mismo. Por eso es muchas veces imperceptible a la razón. El retorno de lo mismo se siente, se percibe espectralmente. Para el pensamiento es su condición de posibilidad, de modo que no puede habitarlo más que como un anti-pensamiento. Negatividad que es medio. Como el mar infinito en que nacimos hace millones de años y que ahora creemos dominar con el cálculo y la venganza. Pero ya dijo William Blake “El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la ira del tempestuoso mar y la espada destructiva son porciones de eternidad demasiado grandes para el ojo humano”.
Riccardo Venturi / Alimentarse de las nubes. Walter Benjamin
Estética, FilosofíaIr a las exposiciones
En octubre de 1937, Walter Benjamin, que entonces tenía 45 años, salió de su casa descentralizada y provisional de Boulogne, de cuyo ruido constante se quejaba, y caminó hacia la Biblioteca Nacional. En pleno exilio parisino, se encuentra en una ciudad en la que «uno se siente completamente rodeado de fascismo».[1]. Aquí vive a duras penas y su único ingreso seguro es el cheque del Instituto de Investigación Social, por tres años en Nueva York.
Rodrigo Karmy Bolton / Forma y vida. Breve comentario sobre la forma en Carl Schmitt y Pier Paolo Pasolini
Estética, Filosofía, Política1.- Persona.
Me remito a dos textos clave de la producción schmittiana: Teología política. Cuatro ensayos sobre soberanía y Catolicismo y forma política de los años 1922 y 1923 respectivamente. En el conjunto de los 4 ensayos que conforman Teología Política la discusión de fondo en torno a la cuestión de la “soberanía” remite, en último término, a la obsesión que, a mi modo de ver tendrá el pensamiento de Schmitt a lo largo de su trabajo: el problema de la forma política: “soberano es quien decide sobre el estado de excepción” no es una fórmula que designe la simple arbitrariedad de un poder, sino la puesta en forma asociada a dicho poder que, como tal, es capaz de “dar forma a la vida de un pueblo” dice Schmitt. Es clave este problema: Schmitt está disputando la noción de forma política, tanto a la escuela neokantiana de Hans Kelsen como a la del romanticismo político. Para el caso de Kelsen su apuesta normativa se identifica, según Schmitt, a una “norma transcendental apriorísticamente vacía”, a diferencia de la verdadera “norma transcendental” que se jugaría en lo “jurídicamente concreto”. Incluso en su discusión epistemológica con Kelsen acerca de si el decisionismo sería o no una “ciencia”, el problema schmittiano tiene exactamente que ver con esto: frente a la “teoría pura del derecho” incapaz de ofrecer una “forma política” y, por tanto, de incorporar la noción, tan compleja como eficaz de que la “soberanía” en virtud de su apuesta despolitizadora, sería necesario asumir lo “concreto” de una forma política que la distinga de la simple arbitrariedad de un poder. A esta luz, Schmitt insiste en que lo que está de fondo en este debate es la capacidad que porta la soberanía –y no cualquier poder- de dar forma a la “vida de un pueblo” y, por tanto, de atender la topología soberana que asume el carácter normativo y fáctico a la vez. El problema de la “representación auténtica” será profundizado en Catolicismo cuando Schmitt remita la cuestión de la forma al modelo de la Iglesia Católica: modelo que no intenta reconducir la política moderna al catolicismo en un sentido “confesional”, sino modelo propiamente político en el que se juega la vitalidad impregnada por la forma política. Como ha sido visto, Schmitt utiliza el término latino y no alemán para designar “representación” (“repräesentation”) que enfatiza la cuestión de la distinción o prestigio social y en la que la “persona” resultará fundamental: la repräesentation de la persona de Cristo –dirá Schmitt- no será sólo jurídica o simplemente estética sino que tendrá un sentido “histórico-universal”. Su apuesta hace constelación con la posición de Romano Guardini (Magri, 2013) para quien Cristo estaría lejos de ser una persona biográficamente considerada como una persona en el sentido de una decisión fundamental. En Schmitt, resulta clave la distinción entre lo jurídico y lo estético: porque si la primera está asociada al positivismo jurídico, la segunda forma lo hace al romanticismo. Para el jurista, constituyen dos modos nihilistas de comprensión de lo político, dos maneras de “mala infinitud” –si se quiere, que pierden de vista la decisión soberana y la capacidad de ofrecer la vitalidad de una Forma política capaz de ir más allá del pensamiento económico (liberalismo y marxismo) y de resolver la profundidad de la crisis de Weimar (Ellen Kennedy). En este sentido, el término “catolicismo”, quizás, deba entenderse en Schmitt no en un sentido “confesional” sino en cuanto dispositivo político capaz de ofrecer un katechón necesario a toda fuerza capaz de destruir la verdadera y auténtica “Forma política”: “Esa es la palabra clave de mi completa existencia intelectual y publicística –dice Schmitt remitiéndose al término “católico” usado por Konrad Weiss- la lucha por esa profundización verdaderamente católica (contra los neutralizadores, la jauja estética, contra los vende-abortos, incineradores de cadáveres y pacificistas).” La “profundización verdaderamente católica” significa la reivindicación de la forma política personalista capaz de dar “forma a la vida de un pueblo”. Como tal, “católico” no significa para Schmitt un simple credo como una posición respecto de la “forma” capaz de contrarrestar al nihilismo en curso. Lo “verdaderamente católico” es justamente su pensamiento cuya “forma política” remite a la decisión soberana de un Cristo personal.
