Elena Lo Giudice / Cuando el yo se convierte en dato. Visibilidad, ansiedad y subjetividad en la era digital

Estética, Filosofía, Política

Vivimos en un tiempo en el que el sufrimiento psíquico se manifiesta como una epidemia silenciosa y difusa, sobre todo entre las nuevas generaciones. Ansiedad, pánico, depresión, soledad y dependencia de las redes sociales ya no son vivencias marginales o puramente clínicas, sino experiencias generalizadas que revelan un malestar sistémico, profundamente arraigado en las estructuras económicas, culturales y tecnológicas de nuestra época.

Quisiéramos aquí analizar críticamente el entrelazamiento entre capitalismo neoliberal, sociedad del rendimiento y crisis de la subjetividad contemporánea, con especial atención a los efectos sobre la salud mental de los jóvenes. Se trata también de dar voz a preguntas nacidas de una experiencia generacional compartida: la de una generación por un lado solicitada incesantemente al rendimiento, y por otro a la que se le ofrecen cada vez menos espacios reales de sentido, solidaridad y cuidado.

Movimiento de Izquierda Órfica / Tesis colectivas sobre el fascismo. Los nuevos fascismos: tragedia y farsa al mismo tiempo

Política

Los fascismos contemporáneos no son una anomalía ni un retorno mecánico al siglo XX, sino la forma actual de la contrarrevolución en un capitalismo neoliberal ya plenamente autoritario. Frente a lecturas que separan liberalismo, neoliberalismo y fascismo como fenómenos distintos, el argumento central plantea que el neoliberalismo es una maquinaria histórica de largo plazo que necesitó —y necesita— momentos “fascistas” para consolidarse, y que hoy ha entrado en una fase donde democracia liberal y acumulación capitalista ya no son compatibles.

Desde esta tesis, se propone pensar los “nuevos fascismos” en plural, no como copias del clásico, sino como formas flexibles, ideológicamente eclécticas, ameboides y culturalmente sofisticadas, las cuales operan tanto desde el Estado como desde su interior democrático, produciendo un consenso represivo transversal que muchas veces se ve velado para las cargas ideológicas de los individuos.

El concepto de trumputinismo funciona como nombre de una configuración geopolítica y cultural global, donde Trump, Putin, Milei, Bukele, etc., no representan polos opuestos, sino variantes de una misma “guerra civil planetaria” que teóricamente guarda ciertos comunes denominadores que apuntan a la reapropiación de la tierra, el cuerpo y la subjetividad.

No obstante, es necesario hacerse y partir con una pregunta estratégica: cómo pensar la resistencia y la sublevación cuando el antifascismo clásico ha devenido impotente y cuando el enemigo ha aprendido a leer la realidad mejor que la izquierda.

Dionisio Espejo Paredes / La “cancelación” a la luz del pensamiento crítico

Filosofía, Política

1. La confusión canceladora y el fetiche

Tenemos la extraña sensación de que la historia, las facticidades, transcurre a un ritmo que no coincide con el de los discursos, de que nuestros debates tienen una vida paralela y van muy atrás respecto a la praxis; los polemizadores nos agotan sin que nos demos cuenta de donde se perpetran las nuevas catástrofes. La batalla cultural parece se uno de esos campos de batalla convertido en espectáculo de masas. Algunos consideran que es un escenario decisivo, otros que en cambio es un desvío de la atención. Muchas figuras del marxismo actual consideran que la reivindicación de las diversidades son solo entretenimientos que no tocan al poder económico ni a la explotación material1. Aunque hay algo de verdad, quizá no han percibido que el poder no solo se ejerce en la infraestructura sino que, incluso antes de su ejercicio, hay un discurso que legitima su poder, ganar la batalla discursiva es decisiva para ejercer el mando. Benjamin o Gramsci nos advirtieron de ello. En cualquier caso esos cuestionamientos ayudan a no perder la brújula de la crítica. Cuando nos apuntamos a la reividicación de los derechos de las minorías o de las diferencias no reducimos nuestro arsenal crítico a la pretensión de consolidar ciertas identidades o empoderar a ciertos sectores por razón de sexo, género, religión o nacionalidad. Debemos ser conscientes de nos dirigimos a un poder que, indiferente a esas razones, continua devorando a cuantos somete. Los marxistas ortodoxos nos ayudan a confrontarnos con una pregunta ineludible: ¿desafían nuestras luchas la lógica del beneficio y la desigualdad material, o reclaman un asiento más diverso en la mesa de los explotadores? La diversidad en la cúspide, sin alterar la pirámide, ¿es el sueño publicitario del capitalismo tardío?. Moralizar su lenguaje o derribar estatuas no es malo per se, pero ¿no se vuelve regresivo cuando suplanta la batalla por redistribuir riqueza, poder y tiempo?. Reconocer esta trampa es el primer acto de una crítica que aspire a no dejarse seducir por espejismos multicolores.

Tariq Anwar / Sin nombres

Filosofía, Política

Lo que hoy se nos presenta como “incomprensible” no es, quizá, un exceso de complejidad, sino un defecto de nombres. No porque falten palabras —nunca hubo tantas—, sino porque las palabras circulan como monedas gastadas: todavía compran algo, pero ya no sabemos bien qué. Decir “los fascistas han vuelto” es verdadero y, al mismo tiempo, insuficiente. Es verdadero porque reconocemos gestos, tonos, técnicas de intimidación, el placer de la humillación pública y la promesa de una identidad compacta. Es insuficiente porque el fenómeno se ha vuelto menos un partido que una atmósfera; menos una doctrina que una disposición afectiva y administrativa que puede alojarse, sin contradicción aparente, en instituciones “democráticas”, en mercados desregulados y en plataformas que se dicen neutrales. Lo inquietante no es que regrese lo viejo, sino que lo viejo regrese como si nunca se hubiera ido: como si “fascismo” fuese el nombre tardío de una continuidad. La dificultad de nombrar no afecta sólo a las derechas. También la palabra “izquierda” parece haber perdido su referente, como esas señales en el camino que siguen en pie cuando ya no existe la carretera. Vemos revueltas, protestas, levantamientos, agrupaciones civiles de intereses precisos —a veces admirablemente precisos— y, sin embargo, dudamos: ¿es esto “la izquierda”? Sí, porque ahí está el conflicto; no, porque falta la imaginación que transforme el conflicto en mundo. Durante décadas, los partidos que hablaban en nombre de los trabajadores se especializaron en gestionar lo existente. Y gestionar lo existente no es una actividad neutral: es una pedagogía de la impotencia. Cuando una organización se acostumbra a administrar lo dado, su “realismo” se convierte en la coartada perfecta para que otros inventen —aunque sea con materiales tóxicos— las formas del deseo político.

Mauro Salazar J. / ‘Transhumanismo y revolución. ¿Nunca fuimos humanos?’ Flavia Costa. Una glosa

Filosofía, Política

Sinopsis

El transhumanismo se presenta como inevitable evolución de la humanidad. Quien depone interviene críticamente, argumenta que es un proyecto privatizado por elites libertarias, y no una promesa universal. La paradoja es feroz: una ideología que prometía liberación informacional global se convirtió en máquina de vigilancia. Su ensayo pregunta cómo la promesa de los años sesenta fue capturada por el libertarianismo anarco-ciber-capitalista en 2009, transformando redención colectiva en salvación individual de ricos.

Salvatore Spina / Cultura de derechas hoy

Sin categoría

El año, ya próximo a su conclusión, ha registrado, en el ámbito de las ciencias filosóficas, algunas publicaciones interesantes sobre el tema del fascismo.

En el mes de septiembre Roberto Esposito, probablemente el filósofo político más importante dentro de la Italian Theory, publica para Einaudi un volumen intenso, titulado Il fascismo e noi. Un’interpretazione filosofica. En estas páginas el filósofo napolitano da forma a una interpretación completamente particular del fascismo italiano y de los fascismos en general, poniendo de relieve cómo el análisis histórico del fenómeno fascista es necesario pero no suficiente para captar hasta el fondo su alcance epocal. Solo las herramientas de la filosofía son capaces de comprender plenamente cómo «el fascismo no es un régimen, un movimiento, una doctrina —o mejor, que es todo esto, pero ante todo es una máquina metafísica que puede definirse “generativa” en cuanto capaz de generar sus propias condiciones de existencia y expansión» (Esposito 2025, pp. XII-XIII).