Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Hacer silencio

Filosofía

El modo es imperativo: “¡hagan silencio, por favor!”. Esta frase la podría enunciar un niño, quien, creciente en impaciencia, reclama a sus padres que bajen la voz para, así, poder oír el canto con que los pájaros invocan al amanecer. Pero también podría ser enunciada por sus padres, quienes le habrían de ordenar al niño que reprima su jubilosa búsqueda con el fin de apreciar los silencios que sostienen y horadan una sinfonía de Bruckner.

Sin embargo, para hacer real silencio debemos detenernos en la frase. Si respiramos en ella, si mantenemos la respiración en y con ella, suspendiendo el sentido de eficacia que impone el deseo de concretar imperativamente ordenado, aquello que ha sido imperativamente, se abre la posibilidad de escuchar los silencios que atraviesan y sostienen a esa misma frase. Silencios, por cierto, sin los cuales la modulación material de la frase, sus ondulaciones bucales, no podrían desplegarse. Es decir, para escuchar la manifestación del silencio entre los intersticios que recorren la voz cuya voz no nombra, debemos neutralizar el modo imperativo que lo exige, que, falseando su voz, impone el silencio.

Abdennur Prado / La ilustración. Una visión decolonial

Filosofía, Política

Nada me desengaña, el mundo me ha hechizado. Francisco de Quevedo

No entraremos a debatir sobre el sentido de la palabra «ilustración» –que, en castellano, por razones históricas, tiene un sentido vago. Por Ilustración entendemos el conocimiento teorético –con pretensiones de objetividad– al cual el entendimiento humano puede llegar por el ejercicio metódico y crítico de la razón, y el proyecto político de la educación del género humano a partir de ese conocimiento.

El ilustrado aspira a ponerlo todo bajo la luz de la razón, de modo que ninguna faceta de la existencia humana permanezca en la oscuridad. Exoterismo extremo que busca exponerlo todo –descubrirlo, mostrarlo, ilustrarlo, desvelarlo–, alcanzando al fin un conocimiento que llegue al dominio total de la naturaleza e ilumine intelectualmente al hombre, de forma que devenga verdaderamente humano, mediante el desarrollo ilimitado de sus capacidades.

Javier Agüero Águila / Soberanía, guerra y violencia plástica

Filosofía, Política

Comencemos con la siguiente cita de Horacio Potel:

No hay un centro, ni un original que funde las repeticiones, no existe el antepasado primordial, el origen primigenio. No hay origen que pueda servir para identificar el original del suplemento, ni para dominar su diseminación. Lo que reemplaza al centro-origen es una prótesis, un parásito, un suplemento1

¿Qué es lo que nos dice Potel cuando indica que no existe algo así como un origen que funde las repeticiones? Se piensa que no habría un punto de partida, una economía absoluta que aglutine al pasado, que condense un presente y que repercuta en un futuro dándole forma. El origen siempre remitirá a otro y es imposible rastrear su primer impulso. Si pensamos en la guerra, ésta no tendría ni ascendencia ni descendencia, no obstante, parece heredarse a sí misma reproduciéndose en un incesante espiral histórico.

Giorgio Agamben / Cocineros, actores y capitanes

Filosofía, Política

Una frase de Kierkegaard describe perfectamente nuestra situación histórica: «Tengan cuidado: el barco está ahora en manos del cocinero de a bordo y las palabras que transmite el megáfono del capitán ya no se refieren al rumbo, sino a lo que se comerá mañana». A veces, quien dirige el barco no es el cocinero, sino un actor que, en lugar de hablarnos de la ruta, nos habla de la obra de teatro que está representando. En cualquier caso, el barco no podrá evitar naufragar.

Julio Cortés Morales / La pulsión fascista del rock: algunos comentarios sobre la estética del black metal

Estética, Filosofía, Política

“En efecto, nada de esto significa que los fascistas se hallen incapacitados de experimentar la belleza, los arrobamientos y asombros. Más bien, lo que hace el fascismo es capturar esa experiencia, buscar enclaustrarla entre sus coordenadas, reducirla al museo de una memoria permanente y siempre disponible a su reproducción: petrificarla y monumentalizarla para seguro goce de la propia voluntad del hombre a dejarse hechizar” (Aldo Bombardiere, (Des)fascistización: sensibilidad, captura y resplandores).

1.- Recuerdo haber leído en la revista Bardo Methodology una entrevista a un integrante de la banda Abigor (veteranos del black metal austríaco)1, que en una parte destacaba algo así como que el black metal (o BM) se asocia a muerte y homicidios en base a un par de suicidios y asesinatos que se produjeron en Escandinavia a inicios de los 90, lo cual era una proporción de violencia homicida bastante baja en comparación, digamos, al gangsta rap y la cantidad cercana al centenar de muertos que ha causado rivalidad interna entre artistas y pandillas de las escenas de las dos costas de Estados Unidos. Agregaría un ejemplo aún más llamativo, cual es el del reggae jamaicano que se asocia a sentimientos universales de “paz y amor” a despecho de su violento original subcultural en los guetos del país de Bob Marley (el primer “rock star” del tercer mundo). Busquen listados de muertes asociadas a cada una de estas subculturas musicales y saquen sus propias conclusiones.

Mauro Salazar J. / Derechas y progresismo. La pasión silogista por el odio

Filosofía, Política

La ciudad escribe Santiago. Escribe sobre los cuerpos, en los rieles. Y los cuerpos -los que descienden- responden escribiendo con su ausencia, con esa inscripción que nadie podrá jamás leer completamente.

Hay una obsesión donde la academia centrista se ha obsesionado por lo inasible. La pasión por el «votante colérico»: ayer Milei, hoy Kast, mañana Kayser, pero siempre igual. Bajo un temblor de la identidad, ello ha capturado a los académicos del centro progresista. Como si, precisamente, lo inasible fuera aquello que demanda (exige y reclama) ser capturado, nombrado, domesticado en la palabra. Esa palabra mesurada, controlada, que se presume racional, palabra capaz de contener, cuando gira en la tautología.

A falta de análisis materialistas de la subjetividad, que aborden de manera situada el problema, y esto es decisivo, abundan imputaciones que funcionan como cierres de sentido. Imputaciones que se rehúsan a un gesto fundamental: interrogar la sociogénesis del «malestar» —siempre malaise— que dicen estudiar. Como si el malestar fuera privado, como si no fuese producido socialmente, como si bastara con nombrarlo elitalmente. Se dice «resentimiento», «sufrimiento social» u «otrocidio» (sin preguntarse, y esto es lo problemático, de quién), como si existiera una única fenomenología del sufrir, un sufrir transparente, idéntico a sí mismo. Se dice —una y otra vez— «agresividad constitutiva».