Mauro Salazar J. / El libro sin morada. Postales del exilio

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«El concurso no financia proyectos de creación artística, recopilaciones, catálogos, impresión de libros, ensayos, traducciones, audiovisuales». ANID, Bases del Concurso Nacional de Proyectos Fondecyt Regular 2024.

Introducción

El exilio del libro de la universidad contemporánea no es asunto de elegía humanista sino problema material e histórico. El libro como género del pensar prolongado, quedó desalojado del campo universitario nacional por una unidad textual menor, el artículo indexado, cuya gramática evaluativa reorganiza el oficio académico bajo la lógica del cómputo planetario y la captura editorial anglófona. Cabe llamarlo exilio porque prolonga, en otro registro, la mutilación bibliográfica que la dictadura inauguró sobre el patrimonio de la universidad pública chilena: lo que ayer se quemó en los zócalos universitarios hoy deviene invisible y, por esa vía, profesionalmente inviable, sin requerir violencia política directa. La firma Pinochet sobre la universidad postdictatorial se reactualiza bajo régimen evaluativo planetario.

Tres registros se entrelazan en un mismo proceso: a) el desplazamiento del libro hacia formatos breves bajo productividad anglófona; b) la baja lectoría universitaria como herencia material previa al ingreso estudiantil, no como déficit pedagógico remediable con intervenciones focalizadas; y c) la mutación del libro en hito de visibilidad performativa para circuitos de extensión y plataforma, donde la presentación pública sustituye a la lectura efectiva. No se trata aquí de restaurar ningún eco humboldtiano ni el lector clásico, sino de nombrar el cierre infraestructural que el discurso humanístico convencional no logra capturar, y de abrir la pregunta por formas inéditas de concentración cognitiva en la universidad neoliberal chilena.

Mattia Acerbo / Por qué no debemos salvar el planeta

Filosofía, Política

El planeta no nos necesita. La Tierra ha atravesado glaciaciones, extinciones masivas, colisiones, cambios atmosféricos, catástrofes geológicas. Seguirá existiendo después de nosotros, incluso después de la desaparición de la especie humana. Desde este punto de vista, hablar de «crisis del planeta» es ya una forma demasiado humana de ver las cosas: significa confundir la crisis socioecológica de las condiciones de vida con una crisis del planeta en sí mismo, como si la humanidad fuera todavía su centro indiscutido. Como sostiene Chakrabarty, desde el punto de vista del planeta inorgánico no tiene sentido hablar de crisis.

También la fórmula «salvar el planeta» parece inocente. En realidad, conserva algo de la antigua fantasía soberana de la modernidad: la idea de que existe, por un lado, un sujeto humano investido de una misión salvífica y, por otro, una naturaleza reducida a objeto pasivo de tutela; por un lado el salvador, por el otro la criatura herida. La salvación se convierte así en el reverso moral del proyecto moderno de dominio sobre la naturaleza. Como si la humanidad fuera el príncipe de un cuento ecológico, llamado a salvar una naturaleza indefensa después de haberla puesto en peligro.

Julio Cortés Morales / Diferencia y repetición. Sobre “Fascismo tardío. Raza, capitalismo y las políticas de la crisis” de Alberto Toscano

Filosofía, Política

Las relaciones sociales han sido capturadas por esta extraña mitología del capital (…) El capital barre a los hombres en esta aterradora maquinaria; es un fantasma con miembros de acero” (Guterman y Lefebvre, 1934).

Cuando la actual oleada de extensión global de la extrema derecha parece al fin exhibir signos de agotamiento (arresto de Bolsonaro, caída electoral de Orbán, desplome de la popularidad de Trump por la incursión fallida en Irán), tras varios años de ascenso imparable que no fue percibido inicialmente por una izquierda que andaba preocupada de cualquier otra cosa, la literatura sobre fascismo y nuevas derechas llegó a ser masiva. En general dicha literatura provino de sectores que políticamente denunciaban los avances populistas autoritarios entendiendo las derivas o potencialidades fascistizantes de nuestro tiempo como anomalías de la democracia liberal. Otros autores y textos se dedicaron a construir check-lists que sirvieran para detectar el peligro de reaparición de los fascismos, tratando de evitar los triunfos electorales de sus nuevos líderes (Milei, Le Pen, Meloni, Kast, etc.).

En las antípodas de esa literatura liberal y/o socialdemócrata, tenemos “Fascismo tardío. Raza, capitalismo y las políticas de la crisis”, obra del italiano Alberto Toscano editada en inglés por Verso en el 2023 y en español por Akal el año 2025. En el 2023, poco después de haber terminado de escribir “La religión de la muerte. Postscriptum sobre viejos y nuevos fascismos”, alguien me envió una versión en pdf del libro de Toscano en inglés. Tras verificar con sorpresa que en la dedicatoria del libro se incluía la leyenda “Y en recuerdo de Lumi Videla (1948-1974) y de quienes lucharon contra el fascismo en Chile hace cincuenta años”, traduje al español el Prefacio1, y lo envié a un mail del autor que encontré en internet. Alberto agradeció el gesto, y me contó que estaba en preparación la edición en español.

Mauro Salazar J. / Vibratum. Organología y temblor

Estética, Filosofía

«La sensación es vibración». Gilles Deleuze, Francis Bacon. Lógica de la sensación (1981)

El campo de las plásticas sonoras permanece bajo escasez interpretativa. La carencia de una literatura crítica ajustada al espesor material de su objeto no responde a la debilidad del territorio artístico, sino a la insuficiencia de los paradigmas mediales del significado. Los aparatos hermenéutico-semióticos forjados para el texto y la imagen, consagrados durante el XX como instrumental analítico transversal, fracasan ante la densidad propia del acontecimiento sónico. La economía interpretativa del signo descansaba sobre tres pilares: clausura del objeto, fijación del referente, transparencia del sentido. Tales pilares articulaban el régimen del significado que dominó la crítica del siglo pasado y que aún rige sectores enteros de los estudios musicológicos rioplatenses.

Lo sónico desestabiliza tal arquitectura por completo. Su materialidad vibratoria carece de borde aprehensible; su temporalidad propagante deshace toda fijeza referencial; su condición ondulatoria recorre cuerpos, arquitecturas, atmósferas, infraestructuras computacionales antes de cualquier inscripción semántica. Los alcances del proceso ondulatorio exceden el oído individual y alcanzan zonas donde el paradigma del significado no podría operar: la modulación del sistema nervioso autónomo, la coproducción afectiva entre cuerpo y medio, el contagio rítmico colectivo. El expansivo sonido escapa al «régimen representacional» por su condición vibratoria, temporal, propagante.

Jean-Luc Debry / La gente es tonta. La buena consciencia y el fascismo que viene

Filosofía, Política

¿Por qué existe tanta complicidad con el viejo fascismo y por qué semejante aceptación del nuevo fascismo? Porque hay —y este es el quid— un principio rector común a ambos, ya sea sincero o insincero: la idea de que el mayor mal del mundo es la pobreza y que, por lo tanto, la cultura de las clases más pobres debe ser sustituida por la cultura de la clase dominante. Pier Paolo Pasolini, Cartas luteranas, 1983

La frase «La gente es tonta»[1], pronunciada en un arrebato de rabia alimentado por una decepción inconsolable tras unas elecciones marcadas por los avances y el arraigo local de la Agrupación Nacional (Rassemblement national-RN) —y ante las amenazas que su éxito supone a escala nacional si ganara las elecciones presidenciales—, es un auténtico eslogan, casi un manifiesto. Esta amarga constatación refleja un sentimiento de superioridad ligeramente desilusionado que bien podría ser una de las explicaciones de esta profunda fractura, la cual alimenta una tendencia cada vez más amenazadora, sobre todo desde que Trump está en la Casa Blanca y proclama a los cuatro vientos su determinación de imponer una versión contemporánea del fascismo con todos los atributos de una contrarrevolución victoriosa. Es, me parece, en su versión menos explícita pero igual de implacable del «no nos juntamos con esa clase de gente», el producto de antagonistas que fomentan una atmósfera vengativa de muy mal agüero.

Colapso y Desvío / Notas sobre la organización y la práctica para los siguientes ciclos de lucha

Filosofía, Política

Desplazar la mirada hacia lo que está pasando en otros lados puede darnos un respiro que nos transmite fuerza y coraje cuando nuestro “hogar” se vuelve oscuro e insoportable. Porque en algún lugar sobre esta Tierra, siempre habrá gente que se organiza, que lo intenta, que no se da por vencida”. Manifiesto, Los Pueblos Quieren

1. La revuelta y sus formas

Pese al fatalismo que naturalmente pueda despertar nuestro presente, los genocidios, el desplazamiento forzado y las catástrofes ecológicas no son la única cara de la época que habitamos. Las revueltas, aunque focalizadas y, como no podría ser de otra forma, contradictorias, permiten dar cuenta de la fragilidad del actual estado de las cosas y, finalmente, de las posibilidades de habitar y organizarnos que se hallan entre las brechas del orden y los intersticios de la lógica capitalista. 

Al cabo de unos meses, durante el ciclo de revueltas anterior, tanto en China, cómo en Ecuador, Chile y Estados Unidos, los distintos movimientos de revuelta experimentaron casi simultáneamente la producción de formas nuevas (o, a veces, no tanto) de organizar su lucha, relacionarse entre sí y hacer uso del espacio que habitaban. De estas experiencias destacan diversas acciones, gestos, afectos y conocimientos prácticos que en la medida en que se demostraron efectivos, se buscaron reproducir hacia la totalidad del movimiento de revuelta, llegando a influir el curso de la lucha en distintos territorios. Extender el conocimiento de estas experiencias de lucha de otros territorios y de las ocurridas en el propio durante el pasado es un momento fundamental en la evolución de toda revuelta.

Este es el caso de, por enumerar algunas, el saboteo a maquinaria extractivista, los saqueos masivos, la evasión del metro, la quema de infraestructura estratégica y la destrucción de monumentos simbólicos para la historia del partido del orden (la “vandalización” a estatuas de figuras coloniales y la quema de la iglesia de carabineros). Pero también de las ollas comunes, las barricadas, grupos de primeros auxilios, asambleas autoconvocadas y de la solidaridad práctica con los presos políticos, y otras formas de solidaridad activa que buscan sostener-nos en la vida cotidiana. Cada acción, ya sea defensiva u ofensiva queda registrada en el arsenal de estrategias y tácticas proletarias (en su noción más amplia). El paso de un ciclo de luchas a otro suele estar marcado en la manera en la que se abandonan y/o se readaptan al presente las distintas formas prácticas y organizativas que caracterizaron a los levantamientos del pasado. El éxito en esta readaptación se demuestra en la medida en que el movimiento de revuelta sea capaz de llevar más lejos el potencial de ciertas prácticas, o de mantenerlas, con sus metamorfosis y procesos de adaptación.