Cuando KMRU se trasladó a Berlín desde Nairobi, quedó inmediatamente fascinado por el relativo silencio de la capital alemana. En su tierra natal, estaba rodeado de sonidos: el omnipresente zumbido de pájaros e insectos, el parloteo de los transeúntes y la contaminación acústica eléctrica expulsada por las líneas eléctricas entrecruzadas y los rugientes transformadores. En Berlín, este ruido estaba silenciado; los peatones deambulaban por las calles con auriculares, apenas comunicándose, mientras que los cables eléctricos estaban ocultos bajo tierra y la vida silvestre se retiraba de la imponente jungla de concreto. KMRU compara esta observación con sus experiencias visuales. Aclimatándose a la vida en Europa Occidental, se dio cuenta de que la noche, un azul oscuro iluminado por farolas y tiendas, ofrecía poco contraste con el día. La noche en Kenia se sentía más tangible, de alguna manera. Después de las 6 PM, cuando se pone el sol, incluso el tenue resplandor de una pantalla puede deslumbrar los ojos, que deben adaptarse rápidamente a las condiciones. Y como cualquiera que haya cerrado los ojos mientras escucha música sabrá, los oídos también se ajustan cuando la visibilidad se ve afectada, realzando incluso los sonidos más pequeños. Así que KMRU utilizó este fenómeno para informar ‘Natur’, una narrativa ondulante de larga duración que difumina el espectro audible con un universo sonoro imperceptible, contrastando paisajes sonoros electromagnéticos cacofónicos con sonidos naturales más familiares y reconfortantes.
Giorgio Agamben / Algunas noticias sobre Ucrania
Filosofía, PolíticaEntre las mentiras que se repiten como si fueran verdades evidentes está la de que Rusia invadiría un Estado soberano independiente, sin especificar en absoluto que ese supuesto Estado independiente no sólo lo era desde 1990, sino que durante siglos había sido parte integrante primero del imperio ruso (desde 1764, pero ya entre los siglos XV y XVI estaba incluido en el Gran Ducado de Moscú) y luego de la Rusia soviética. El ucraniano, además, fue quizá el más grande de los escritores en lengua rusa del siglo XIX, Gogol’, quien, en las Estelas de la granja Dikanka, describió maravillosamente el paisaje de la región que entonces se llamaba «Pequeña Rusia» y las costumbres de las gentes que vivían en ella. En aras de la exactitud, hay que añadir que, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, una gran parte del territorio que hoy llamamos Ucrania era, bajo el nombre de Galitzia, la provincia más lejana del Imperio austrohúngaro (en una ciudad ucraniana, Brody, nació Joseph Roth, uno de los más grandes escritores en lengua alemana del siglo XX).
Gerardo Muñoz / Elogio del aguador
Estética, Filosofía, Sin categoríaEn el intercambio de palabras entre amigos y la necesidad de mantenerlo vivo y duradero, hay una reminiscencia de una cuenca de agua. Si es cierto que la ‘habladuría’ elimina la posibilidad de poetizar en el lenguaje, entonces la comunicación no es sólo una práctica de traducción y legibilidad, sino fundamentalmente de transmisión de una experiencia, por más imposible y tenue que ésta sea. Es a través de la comunicación que sale a flote la antigua figura del ‘portatori d’acqua’ o aguador que ya se hacía notar en la aurora de la España moderna. El aguador es una figura del estancamiento que sustenta la vida, cuyo semblante icónico devela la indigencia social.
Shropshire Number Stations / Shropshire & Mid Wales
Música, SonidoMuchas personas nunca han oído hablar de una emisora de número, pero aquellos que las conocen a menudo se enamoran de ellas. Las emisoras de números son estaciones de radio de onda corta que transmiten conjuntos de números que incluyen información encriptada que solo puede ser traducida cuando se posee la clave, o «bloc de una sola vez». La práctica fue extremadamente popular durante la Guerra Fría y ha inspirado algunos libros, una película para televisión («The Game») y ahora un álbum impresionista del fundador de Plenty Wenlock, E.L. Heath.
Tariq Anwar / Utopía
PolíticaDecir que el mundo está cambiando ya es obviedad. Que nadie sabe exactamente hacia donde se dirige ese cambio es otra más. Predecir el futuro me resulta siempre algo incómodo, porque a lo sumo uno puede ver procesos a tiempo real que parecen articularse o descomponerse. El fortalecimiento de los BRICS y su propuesta de desdolarizar, el rol de la inversión China en África y América Latina, el retorno de Estados Unidos a Sudamérica a propósito del caso Venezuela, el nihilismo estadounidense leído por Emmanuel Todd, los procesos de descolonización en África al sur del Sahel, la aceleración de la forma genocida de Israel sobre los palestinos, el avance de las derechas extremas al estilo Bolsonaro, Milei, Trump o Meloni, el desarrollo de la IA a un nuevo nivel. Un recuento inexacto y poco exhaustivo de cosas que se me vienen rápidamente a la cabeza. Luego pienso, mierda, todo esto en un horizonte de fin de mundo por una crisis climática que agudizamos a cada momento con nuestros propios actos, quizá ya con nuestra mera existencia. Hasta aquí todo mal ¿no? Es decir, qué se puede hacer con esto. Es un esperpento de mundo. El único destino de todo esto es una carretera del tipo Cormac McCarthy, aunque quizá esta no es otra cosa que la consumación del sueño americano, en la que los Abu Ghraib se vuelven indistinguibles de la risotada en la cara de Ronald McDonald.
Aldo Ocampo González / Desfigurar la inclusión, fracturar lo sensible
Filosofía, PolíticaLa cultura visual que crea el género académico y el movimiento sociopolítico indexado como educación inclusiva, articula formas para visualizar aquello que no ha sido nombrado, visibilizado y representado. Por tanto, su cultura visual parte del reconocimiento que, sí, es posible representar lo irrepresentable. Este acto, de naturaleza profundamente sociopolítica reconoce en el registro de lo irrepresentable la tarea de des-objetualizar la existencia del Otro, subyugada a una pragmática epistemológica de la abyección (Ocampo, 2020). Esta es la fuerza operante de las ontologías ortopédicas, normativas o, también, llamadas, discrecionales. En ellas, cada sujeto es convertido en un objeto de conocimiento, cuya experiencia es representada a través de criterios que reducen la experiencia humana a mecanismos que la objetivizan y la explican a través de criterios diagnósticos que maximizan la interpretación de sus patologías y disfunciones que, en el terreno pedagógico, se expresa a través de la ideología de la anormalidad, la defectología, etc. No olvidemos que, la matriz de esencialismos-individualismos habita en el corazón de la ontología discreta. En esta oportunidad, me he propuesto explorar algunos argumentos claves para explicar cómo y porqué desfigurar la inclusión –específicamente, sus tecnologías de regulación ontológicas–, pues, reconozco en dicha empresa, la posibilidad de fracturar efectivamente el repertorio de elementos que definen lo sensible.
