La histórica colonización de Palestina no se explica sino como una intensificación de las formas de acumulación que implica, ante todo, la cuestión de la apropiación de la tierra. Tal apropiación se expresó en la transformación del régimen de la propiedad impuesto por el mandato colonial británico una vez las tropas del general Allenby invadieron el territorio en 1917. La noción teológico-gestional de “Tierra Prometida” (que, a diferencia de la Biblia hebrea, el sionismo reinterpreta como “territorio”) funciona como la designación de aquél territorio disponible para un solo pueblo, el pueblo de “blancos” que ahora si harán de los judíos europeos, verdaderos representantes de la “civilización occidental” –es decir, la creación de Israel es la cristalización, podríamos decir, de la “conversión” judía al cristianismo en la medida precisa que el sionismo –en sus diferentes formas- se define por ser una teología política de matriz cristiana. Hoy día, la estrategia sigue siendo la que Israel plantea desde 1948: despoblar toda la Palestina histórica para apropiarse de todo el territorio. Pero se agrega un detalle que no estaba necesariamente en los cálculos originales: el descubrimiento de dos yacimientos gasíferos frente a las costas de Gaza y la apuesta israelí de intentar reemplazar a Rusia en el negocio del gas para surtir de él a Europa. Pero para Israel esa “geoeconomía” se inscribe al interior del colonialismo de asentamiento que impulsó desde su fundación y que consiste en despojar al pueblo palestino de sus tierras y, en último término, de su mundo.
Memoria
Dionisio Espejo / Nuestras verdades y las de los otros. De Nietzsche a Derrida
Estética, Filosofía, Política1. Contextos discursivos
El trabajo de la reflexión estética sobre el estatuto de la ficción, especialmente en el ámbito anglosajón, reducen la experiencia artística al marco psicológico. En ese contexto, la verdad se limita a nombrar una relación entre el sujeto, sus emociones y el objeto. De igual forma, todo el problema metafísico suscitado por la ficción artística y su inserción social e histórica se reduce a un compromiso individual. La apariencia y la exterioridad son interiorizadas. Sin embargo, no podemos considerar el concepto de verdad únicamente desde una perspectiva individual y psicológica. Sabemos que la verdad o la mentira solo pueden evaluarse dentro de un determinado marco o contexto social. Ahora bien, considerar que la verdad es una construcción social no implica que cada quien tenga «su verdad». Sí, la verdad es una construcción, pero social, no meramente psicológica, aunque también podamos reconocer que cada psique posee una determinada «voluntad de verdad» (Foucault). Nietzsche nos explica con detalle cómo se fabrica ese consenso que llamamos verdad: su estatuto lingüístico, su carácter conceptual como mera transposición de una serie de impulsos nerviosos y, en definitiva, su origen metafórico. Se trata de un cierto nominalismo nietzscheano, cuyo fundamento genealógico nos sitúa ante una posición originaria del acto de nombrar, que nunca es literal: el nombre nunca es el de la cosa en sí, sino una convención que atribuimos a la cosa.
Javier Agüero Águila / La última ciudad
FilosofíaUna ciudad es mucho más que una ciudad. Es más que esquinas, semáforos, gentes de todo tipo o bebés naciendo en hospitales públicos o clínicas privadas. Una ciudad va más lejos de sus edificios, de sus plazas; la ciudad no es, bajo ningún punto de vista, un puro cuadriculado de calles perfecto que permite ser transitada y entonces evitar que los automóviles se estrellen unos con otros; una ciudad es más que iglesias, poderes del Estado, cines, bibliotecas, casas de buenas o malas familias o aquel breve radio donde duerme el vagabundo alcohólico.
Una ciudad es mucho más que una ciudad. No es el pacto con la rutina del trabajo ni la anárquica temporalidad del cesante; no es tan solo un lugar para hacer el amor o asesinar, o sobrevivir o, al final, simplemente, estar. Una ciudad no es únicamente el espacio para ser subordinados, o rebeldes o para liberar una idea; para levantar una revolución o para callar de cara a la miseria de su propia devastación. No es posible que una ciudad vaya solo del clima, del turismo y de sus Centros Regionales de Abastecimiento; de vecinos que asedian o de voces bíblicas que perforan a sangre fría. Una ciudad no son saberes, universidades, personas incultas, cultas, aristócratas, vagos, trenes. No es el estrado en el que alguna vez te paraste, miraste de frente y dijiste una que otra verdad considerada, por ti, esencial. No es la zona de los aplausos, la región de los errores, la promesa de una memoria que nunca terminará de escribir su testamento.
Javier Agüero Águila / 11 de septiembre: El detenido desaparecido
Filosofía, PolíticaLa pregunta que asalta, hoy, 11 de septiembre –entendido “lo que asalta” como algo que nos aborda y desborda precipitada y disruptivamente así, incidiendo y descoincidiendo con “el curso normal de las cosas”, con su flujo (el asalto a La Moneda)– es qué hemos hecho con estos dos números y 12 letras que, evidente, son mucho más que eso.
11 de septiembre como un sustantivo con un extenso predicado histórico que ha sido sometido a múltiples manipulaciones. Hablamos de que en “el cuerpo” de este nombre propio (11 de septiembre) se ha inseminado una secuencia indescriptible de interpretaciones, pretensiones de fijación históricas, deletéreos intercambios que coordinan el tiempo de la política, metabolismos de reconciliación, perdón y amnesia; 11 de septiembre que ha devenido en amnistías y pactos secretos que revitalizan el carácter promiscuo y origen orgiástico de nuestra democracia exudante de prédicas exitistas y que recupera su discurrir anfibio en las celebraciones y los monolitos, en los discursos de arrepentimiento y en el –a esta altura completamente vaciado de sentido– “nunca más”.
Tariq Anwar / Recuerdos del cuerpo
LiteraturaEl recuerdo es borroso, no tan nítido como quisiera, pero quizá más claro de lo que un recuerdo común se asienta. Veo cuerpos, principalmente humanos, pero también formas míticas, perros siendo alzados por miles de brazos. Los cuerpos llevan pañuelos, algunos morados, otros verdes y hay un cetro en torno al cual estos cuerpos giran, se mueven, trepan y se confunden luego con muchos colores. No logro dar con toda la escena. Pareciera haber gases, que hacen del día una mezcla de rojos, amarillos, verdes y mucho gris. Hay sonidos también. Si fuerzo un poco la memoria, aparecen cantos. No parece ser un sueño, porque en ellos, cuando aparece alguien y me dice “despierta” ocurre que ya estoy despertando. Pero aquí los cantos indicaban un despertar y mi propio cuerpo, en vez de levantarse se dejaba llevar por una fuerza gravitatoria. Recuerdo haber sentido picazón en los ojos. Recuerdo haber visto delante de mí, bastante más lejos, otros cuerpos que formaban un muro. Eran cientos y uno solo. Recuerdo haber abrazado sin conocer biografías. Estar en movimiento y luego parado, caminando y luego corriendo. Escucho todavía el sonido de balas que no alcanzaban a quitar la alegría. Golpes de palos sobre los cuerpos que extrañamente creaban rostros sonrientes que en un segundo se mostraban para desaparecer pronto entre rostros indefinibles, rostros humanos, rostros de perros. Recuerdo que la fuerza de atracción me llevó hasta el centro que reunía los cuerpos y se me aparece fugazmente la imagen de un flujo ascendente que terminaba con colores vivos y cambiantes. Recuerdo y a ratos olvido, porque la imagen es borrosa. Quizá el humo no sólo es parte del recuerdo, sino que es la propia memoria difuminándose. Quizá el humo es la fuerza del olvido que habita la memoria cuando esta es melancolía.
Rafael Mc Namara y Natalia Taccetta / Temporalidad y melancolía en Nostalgia de la luz (2010) de Patricio Guzmán
Arte, Cine, FilosofíaEl presente artículo propone una interpretación del film Nostalgia de la luz (2010) del documentalista chileno Patricio Guzmán tomando como hilo conductor dos conceptos: imagen-tiempo y melancolía. A partir de los desarrollos de Deleuze y Benjamin, se abordan las imágenes del film como articulación de un pensamiento acerca de la historia leída en clave de una melancolización de lo político que supone una compleja concepción del tiempo histórico.
