Como en Nápoles en Nochevieja, tirar todo por la ventana. Luego, en la calle, recoger algunos pedazos: los pedazos traen buena suerte. Lo nuevo se hace con los pedazos de lo viejo.
Política
Movimiento de Izquierda Órfica / Tesis colectivas sobre el fascismo. Los nuevos fascismos: tragedia y farsa al mismo tiempo
PolíticaLos fascismos contemporáneos no son una anomalía ni un retorno mecánico al siglo XX, sino la forma actual de la contrarrevolución en un capitalismo neoliberal ya plenamente autoritario. Frente a lecturas que separan liberalismo, neoliberalismo y fascismo como fenómenos distintos, el argumento central plantea que el neoliberalismo es una maquinaria histórica de largo plazo que necesitó —y necesita— momentos “fascistas” para consolidarse, y que hoy ha entrado en una fase donde democracia liberal y acumulación capitalista ya no son compatibles.
Desde esta tesis, se propone pensar los “nuevos fascismos” en plural, no como copias del clásico, sino como formas flexibles, ideológicamente eclécticas, ameboides y culturalmente sofisticadas, las cuales operan tanto desde el Estado como desde su interior democrático, produciendo un consenso represivo transversal que muchas veces se ve velado para las cargas ideológicas de los individuos.
El concepto de trumputinismo funciona como nombre de una configuración geopolítica y cultural global, donde Trump, Putin, Milei, Bukele, etc., no representan polos opuestos, sino variantes de una misma “guerra civil planetaria” que teóricamente guarda ciertos comunes denominadores que apuntan a la reapropiación de la tierra, el cuerpo y la subjetividad.
No obstante, es necesario hacerse y partir con una pregunta estratégica: cómo pensar la resistencia y la sublevación cuando el antifascismo clásico ha devenido impotente y cuando el enemigo ha aprendido a leer la realidad mejor que la izquierda.
Tariq Anwar / Hoy, la forma
Estética, Filosofía, PolíticaAunque nos parezca una ambición desmedida —y en efecto lo es—, aunque se nos repita que “no estamos preparados” para pensarla y aunque sepamos de antemano que nuestro pensamiento llega siempre tarde a aquello que pretende comprender, lo único que hoy, cuando todo parece precipitarse, merece ser pensado es la forma. No la forma como ídolo último, no la forma de las formas que vendría a garantizarnos una verdad, sino la forma en el único sentido que no se deja capturar por una definición: como formación, como formándose. Y es en este punto donde la forma revela su vínculo inseparable con la imaginación y con el poder, con la vida y con la muerte, con el lugar y con la utopía.
Porque la forma no es un contorno quieto que delimita una sustancia: es el choque mismo de fuerzas que se delimitan al chocar. Intensidades, volúmenes, ritmos: lo que se expande y lo que se pliega; lo que se ama y lo que se muerde; lo que se sostiene y lo que se quiebra; lo que se vuelve abstracto y, por esa abstracción, queda subsumido en una figura que se pretende neutral. Si hay una ilusión constante del pensamiento occidental, es creer que primero existe “algo” y luego su forma; pero quizá ocurre lo contrario: sólo hay algo en la medida en que hay una cierta manera de formarse, un cierto estilo de aparecer, una cierta economía de lo visible y lo invisible.
Giorgio Agamben / Más sobre cocineros y política
Filosofía, PolíticaConviene reflexionar sobre la frase, atribuida a Lenin —aunque no parece que la haya pronunciado nunca— según la cual «toda cocinera puede y debe aprender a gobernar el Estado». Hannah Arendt, comentando el dicho seudoleninista, escribe que en la sociedad sin clases «la administración de la sociedad se ha vuelto tan simple que cualquier cocinera tiene las cualidades para hacerse cargo de ella». Lucio Magri observaba, con razón, años después, que la frase de Lenin habría que invertirla en el sentido de que «el Estado podrá ser dirigido por una cocinera solo en la medida en que ya no existan cocineras».
En el único pasaje en que aparece una cocinera en sus escritos, Lenin dice en realidad algo distinto y bastante más articulado. «No somos utopistas», escribe en un artículo de 1917, «sabemos que una cocinera o cualquier peón no están en condiciones de participar de inmediato en la administración del Estado. En esto estamos de acuerdo con los kadetes, con la Breškovskaja, con Ts’ereteli. Pero nos diferenciamos de estos ciudadanos en que exigimos la ruptura inmediata con el prejuicio de que solo funcionarios ricos o procedentes de una familia rica puedan gobernar el Estado, cumplir el trabajo corriente, diario, de administración. Exigimos que los obreros y los soldados conscientes hagan el aprendizaje en la administración del Estado y que este estudio comience de inmediato o, en otras palabras, que se empiece enseguida a hacer participar a todos los trabajadores, a todos los pobres, en tal aprendizaje».
Rodrigo Karmy Bolton / Materialismo expresivo. Una lectura para una izquierda de lo porvenir
Filosofía, PolíticaLa derrota del progresismo a nivel mundial deja la cancha política abierta al neofascismo, pero, por otro lado, ofrece el esplendor de la invención para una izquierda (una izquierda de la izquierda) necesariamente porvenir. Se trata de una izquierda anti-capitalista que, en Chile, se traduciría en la forma de una impugnación radical al fantasma portaliano, dispositivo que codifica la política chilena a favor del poder oligárquico.
Un punto de partida para esta invención, puede residir en el pensamiento de Luis Emilio Recabarren. En particular, en su libro La Materia Eterna e Inteligente. Publicado en Buenos Aires durante el año 1917, sin saberlo, Recabarren retoma tópicos de cierta tradición filosófica judía y árabe que asumían la idea de que el intelecto era una sustancia impersonal y en común, cuestión que, con variaciones muy importantes, fue formulada en las filosofías de Averroes, David de Dinant o Siger de Brabante, Avicebrón, entre otros. Esa lectura que, por cierto, desafió en su momento a la Iglesia Católica al punto de que Tomás de Aquino sostuvo que Averroes era el “perverso deformador de Aristóteles”, posiblemente desemboca en Spinoza y su concepción de Dios entendido como Naturaleza. Recabarren, en la exigencia de formular una “perfecta ilustración” que desafíe la falsedad religiosa, vuelve sobre esa tradición oculta y, en contra de la de la Iglesia Católica, según la cual, el mundo habría sido creado ex—nihilo gracias a la prerrogativa jerárquica de la forma por sobre la materia, sostendrá que no hay forma por fuera de la materia sino que ésta no solo sería “eterna” (es decir, prescinde de un momento “creador”) sino que además, sería “inteligente” en la medida que tendría capacidad para autoorganizarse, singularizándose en los seres vivos y no vivos que conocemos.
Mauro Salazar J. / La herida republicana. Aporofobia y orden post-social
Filosofía, PolíticaEl análisis que ofrece la izquierda progresista y la derecha institucional sobre Franco Parisi revela, con una transparencia patética, el verdadero objeto de su pánico: la precarización de la creatividad («lo político») cuando irrumpe el comentario aporofóbico —gestional— y la reactividad ante toda forma de populismo que envilece elites, que han devenido «gente con dinero». No hay proyecto hegemónico —ni de derecha ni de izquierda—, solo administración técnica de la crisis. La bio-familia del PDG no es una amenaza real en el sentido tradicional, sino una «policía» anoréxica que escinde la política del juego de las metaforizaciones. El pánico es mucho más profundo cuando se desliza una lengua transparente que articula sin pudor aquello que la izquierda y la derecha utilizan como mediaciones para adormecerse a sí mismas. Las ritualidades funcionales al poder, los acuerdos tácitos, todas las formas mediacionales comprenden una elitización de la transición. Asistimos a un revival de la Concertación centrado en la «razón gestional» como un lugar oracular. Entonces, administración, tecnificación y gobernanza comprenden un argot de acuerdos manageriales que erige el dogma institucional sin salivar pavloviano, y sus prescripciones estéticas.
