a Amapola, con la sonrisa de las plantas.
Despojados de los silogismos del orden, métricas modernizantes, épicas del consenso y mitos realistas. Librados de las narrativas representacionales de la gobernanza, pero absorbidos por el «teatro del absurdo», nos hemos enfrentado a la kastización (satanización) del campo popular. Los últimos sucesos ameritan aforismos para entender la fascistización de la revuelta como «multitud desbordante» respecto a los identitarismos del ‘Chile jungla’. Hoy se requieren algunos nomadismos para surfear clasismos mediáticos, oportunismos conceptuales (‘mainstream‘) y las amenazas de un conservadurismo securitario que dibuja un ‘paisaje de la lepra’ para avanzar en la criminalización del campo político. Ante cualquier diseño gubernamental, las derivas del campo popular han abrazado la sensación de caos, percepciones de pánico e inseguridad. Todo bajo la colonización restauradora de la amenaza caos/emergencia que el catolicismo integrista ha movilizado, qua gramscismo de ultraderechas, en las últimas semanas como traza de esperanza y orden moral.
