Julio Cortés Morales / La pulsión fascista del rock: algunos comentarios sobre la estética del black metal

Estética, Filosofía, Política

En efecto, nada de esto significa que los fascistas se hallen incapacitados de experimentar la belleza, los arrobamientos y asombros. Más bien, lo que hace el fascismo es capturar esa experiencia, buscar enclaustrarla entre sus coordenadas, reducirla al museo de una memoria permanente y siempre disponible a su reproducción: petrificarla y monumentalizarla para seguro goce de la propia voluntad del hombre a dejarse hechizar” (Aldo Bombardiere, (Des)fascistización: sensibilidad, captura y resplandores).

1.- Recuerdo haber leído en la revista Bardo Methodology una entrevista a un integrante de la banda Abigor (veteranos del black metal austríaco)1, que en una parte destacaba algo así como que el black metal (o BM) se asocia a muerte y homicidios en base a un par de suicidios y asesinatos que se produjeron en Escandinavia a inicios de los 90, lo cual era una proporción de violencia homicida bastante baja en comparación, digamos, al gangsta rap y la cantidad cercana al centenar de muertos que ha causado rivalidad interna entre artistas y pandillas de las escenas de las dos costas de Estados Unidos. Agregaría un ejemplo aún más llamativo, cual es el del reggae jamaicano que se asocia a sentimientos universales de “paz y amor” a despecho de su violento original subcultural en los guetos del país de Bob Marley (el primer “rock star” del tercer mundo). Busquen listados de muertes asociadas a cada una de estas subculturas musicales y saquen sus propias conclusiones.

Mauro Salazar J. / Piazzolla. Nacional-cosmopolitismo

Estética, Filosofía, Política

«(…) para mí los afectos son devenires, que desbordan aquél que pasa por ellos, que exceden las fuerzas de aquél que pasa por ellos: eso es un afecto. yo me preguntaría casi si la música no será la gran creadora de afectos, si no nos arrastrará hasta potencias que nos superan.» Gilles Deleuze, «Idée», L’abécédaire de Gilles Deleuze.

Los trayectos de Astor Piazzolla, si es que puede hablar de trayectos y el término no traiciona lo que se movió sin trazar línea recta, comprenden una compleja trama de enjambres entre música popular, saberes expertos y plásticas cosmopolitas. En el caso de Piazzolla, y cabría detenerse aquí, para pensar lo que esto implica, el bandoneón, en tanto órgano portátil entregado al viento, deviene en una revuelta anti-hermenéutica. Justamente habría que nombrar lo que llamaríamos una organología afectiva que atiende a los artefactos en su densidad irreductible: el bandoneón como máquina afectiva atraviesa los cuerpos sonantes sin pasar por la mediación del concepto. La organología piensa el Doble A en su densidad diagramática (sus pliegues, sus contracciones, su respiración trabajosa) como aquello que inscribe en lo audible, lo que excede toda representación, como artefacto que traza fugas, que resiste -que debe resistir- toda idealización hermenéutica. De un lado, el Doble A es la técnica como ontología y, de otro -siempre de otro-, el despliegue de una tecnología que trasciende la metafísica del significado, organizando la economía de los cuerpos mediante efectos rítmicos y sensibles, donde el bandoneón provee líneas de afecto. El instrumento en su infraestructura y soporte parlante, en su densidad material que resiste toda idealización, diagrama la experiencia de la danza desde la semántica del fuelle —desde ese materialismo sensitivo que atiende a lo que vibra, a lo que respira, a lo que se contrae—, y no desde el axioma de adjuntar baile y letra (significado). Esto guarda un parecido de familia con la «Escuela de Berlín», por cuanto el diálogo con el materialismo mediático alemán (Kittler).

Gerardo Muñoz / Henri Rousseau: las proezas enigmáticas de un pintor

Estética, Filosofía

Henri Rousseau fue un simple aduanero francés, si bien pocas cosas son simples en la vida del ser humano. Su llegada a la pintura, como es sabido, es asunto tardío, lo cual asumió como retiro en el domingo de la vida. La serenidad atraviesa todas las telas de Rousseau, incluso aquellas donde se atestigua la violencia, como la enorme “Guerra” (1894), en el que una niña con tupida melena salta por encima de cuerpos desnudos y mutilados. Quizás por eso mismo el follaje rectilíneo y metódico de su pintura tenga algo de primogénito. Llegar tarde a la pintura valida el ocaso del mundo, y por eso mismo el pintor sólo atina a clavar su mirada en las cosas más elementales. Este era el rasgo que apreciaba Carla Lonzi de las telas del pintor: esas figuritas aparentemente extraviadas en el paisaje congelado que dejan entrever lugares de aire familiar: una factoría de mercancías domésticas, un parque cerrado, o una embarcación que descansa en el puente de Charenton. En Rousseau los albures de la cotidianidad no tienen rumbo; se extravían del guion de la historia [1].

Mauro Salazar J. / Doble A. Gobierno Diagramático y cuerpos sensibles

Estética, Filosofía, Política

La Deconstrucción nos ofrece, acaso, una matriz genealógica para comprender que la cultura argentina de la inmigración no es una síntesis, sino el proceso inmanente de una traducción fallida. La argentinidad, como apropiación de una lengua en el pliegue del desarraigo, se revela —no sin cierta melancolía— como una estructura monolítica que abraza el fracaso de la traducción. El desbande dialectal ítalo-argentino, esa polifonía del «cocoliche», no fue un accidente, sino la aporía identitaria en su estado constitutivo, la «intraducción» erigida en fundamento. La cultura, en este sentido, es la supervivencia misma de las lenguas, un mundo de lunfa-hablantes existenciales donde la alteridad no se asimila, sino que se transmuta en la voz propia de la nación.

Sofía Brito / Tres escenas desde Antropoceno como fin de diseño de Alejandra Castillo

Estética, Filosofía, Política

El Antropoceno no es ocularcéntrico, a pesar de presentarse en imágenes, advierte Alejandra Castillo (p. 23) 1. Su escala no es humana: excede la mirada, la perspectiva, la distancia. El ojo se descompone frente al algoritmo, la imagen satelital y el flujo del big data. La visión deja de organizar el mundo y se convierte en su ruido de fondo.

El Antropoceno no es lo que se puede ver, sino el momento en que ya no hay nada que ver, porque toda imagen está saturada, como diría Joanna Zylinska. Las películas producidas por Netflix, como No mires arriba y Dejar el mundo atrás, dramatizan esa impotencia visual del Antropoceno. En No mires arriba, la destrucción del planeta se vuelve espectáculo mediático. La inminente catástrofe es tratada como un producto más en la economía de la atención. Todo se muestra, todo circula, y precisamente por eso nada interrumpe. El fin del mundo se vuelve trending topic, una secuencia infinita de notificaciones ante la certeza de que “no hay nada por hacer”. En Dejar el mundo atrás, la mirada se apaga. Un ciberataque global corta las comunicaciones, hackea los autos Tesla, y el mundo se detiene sin explicación, sin imagen, simplemente ocurre. Lo que colapsa allí no es solo la tecnología, sino el régimen visual mismo y su idea de que todo puede ser visto, registrado y comunicado. Incluso el colapso se nos ofrece como contenido, como simulacro, mostrando el momento en que la sobreproducción de imágenes coincide con la imposibilidad de mirar. El fin ya no puede ser visto, porque su escala no es humana, pero también porque es demasiado visible en la ilusión de transparencia.

Karen Glavic / Feminismo: la tierra de lo en común

Estética, Filosofía, Política

Disentir es, entonces, un modo alternativo de trazar el contorno de lo en común, enlazar de modo creativo y estratégico los cuerpos y temporalidades del feminismo en una política de alteración del Estado.1 Quizás a modo de spoiler comienzo con la última línea del Antropoceno como fin de diseño de Alejandra Castillo. Supongo que a los lectores no les molestará que empiece con el desenlace, con el último sabor de boca, o tal vez con la promesa que anuda el tiempo del libro con los feminismos disidentes. Disidentes, porque no se trata de cualquier feminismo. Así como no se trata de cualquier final de libro, ni tampoco de cualquier fin de diseño.