Tras haber fracasado en detener un genocidio en Palestina, haber fracasado incluso en protestar (1) por el secuestro del presidente venezolano con acusaciones totalmente infundadas, (2) la instalación y aprobación de un gobierno títere en el país, (3) el sometimiento de Cuba a sanciones hasta casi su extinción contra la voluntad de una inmensa mayoría de los miembros de la ONU, (4) el lanzamiento de una guerra no provocada contra Irán, (5) la negativa a asegurar un acuerdo en Ucrania, surge una pregunta. ¿Para qué sirve la ONU? Y si la respuesta es que para muy poco, ¿por qué no abolirla y buscar otras soluciones más representativas? Mi modesta propuesta es abolir la ONU, vender el edificio comprado originalmente a Rockefeller y donar las ganancias a los países que lo necesiten.
Política
Miguel Ángel Hermosilla / Algunas notas críticas acerca de Parusía, intifada global y guerra cibernética de Rodrigo Karmy
Filosofía, PolíticaCada muerto llama a los vivos
y los palestinos han entrado en el alma de Israel,
ocupan esa alma como aquello que día tras día la sondea y la perfora.
Gilles Deleuze. Las piedras.
Para deslizar algunas notas críticas acerca de Parusía, intifada global y guerra cibernética de Rodrigo karmy Bolton, habría que problematizar lo que para esta voz, sería una de la tesis centrales del texto, a saber; la que afirma que la signatura del semita, siempre móvil y desplazante, se sostiene en la no sutura entre vida y logos, en el hiato entre ser humano y razón, es decir, en una vida atravesada por el “exceso de deseo” que no coincide con la representación antropológica de “persona”, entendida esta como sujeto titular del pensamiento, pues, es en la cristalización humanista de esta premisa, como pura oikonomia y cibernética, vale decir como puro gobierno y administración de los cuerpos, donde han estado asentadas las dinámicas productivas del reino del capital, ahora como “refundación neoliberal-sionista” del fascismo actual sin régimen; la parusía como advenimiento de la clausura del mundo en virtud del despliegue totalizante del tecno capitalismo planetario, que tendría como engranaje catalizador de la expansión colonial sobre el mundo, precisamente la fundación del Estado sionista de Israel en tierras palestinas, en tanto que intensificación imperial europea, al alero del desplazamiento y yuxtaposición de la maquina antropogénica semita que lo cobija:
Gerardo Muñoz / Cézanne ante el atardecer del mundo
Estética, Filosofía, PolíticaLa idea de que la pintura constituía una actividad situada en el umbral de su larga tradición —una tradición que tal vez coincida con la génesis misma de la antropogénesis, como ha sugerido Monica Ferrando — surge con naturalidad en las conversaciones que el Cézanne tardío mantuvo con Joaquim Gasquet, una serie de diálogos repletos de divagaciones y no pocas angustias. En un momento de estas conversaciones, Cézanne comenta, al referirse a la tradición pictórica: “Rubens… aquello pertenece a otra época. Vivimos el atardecer del mundo. La pintura, como todo lo demás, se está desvaneciendo…» [1]. La misma obra pictórica de Cézanne representa ya la pintura del atardecer del mundo, un mundo que se cierra sobre sí mismo; no tanto un mundo privado de ciertos elementos o hábitos, sino de un mundo privatizado en el ámbitos de la fuerza de la inteligencia y de la lógica. Esta estructura resulta ajena al pintor, quien solo se debe a lo que se ve y se revela, Cézanne le decía a Gasquet: “La pintura debe lealtad a esa visión. Nunca a la lógica del cerebro… y, si abandona esa lógica, está perdida. La pintura es, ante todo, una cuestión óptica» [2]. La inteligencia de la mirada nunca puede abonarse a la mera computación mental; y, de hacerlo solo podrá promover su propia catástrofe.
Sherena Razek / Intifada Elemental: cómo Palestina deshace el Antropoceno
Filosofía, PolíticaEscribí sobre el río y el mar, sobre el mañana y el sol,
y nada se obtuvo de ello.
Escribí sobre la opresión y la depravación —también sobre la pureza.
Dormí sin probar bocado de pan.
Soñé sin sueños.
Desperté sin echar de menos mis manos ni mis pies ni mi reflejo en el espejo
ni la cosa que llamo mi alma.
Morí y viví. Me prendí fuego a mí misma. Me apagué con mis propias cenizas,
y nada se obtuvo de ello.
Soy todos estos elementos, oh Dios: fuego, tierra, viento y agua.
Su quinto es un dolor que las canciones ciegas no pueden ver, su sexto es esta inmensa
soledad, y su séptimo, desde mi matanza, es la sangre.
Cuando ardí, habité las letras de mi nombre libre como una mariposa:
P A L E S T I N A
— Ibrahim Nasrallah, «Palestina», traducción al inglés de Huda Fakhreddine
La tierra es el único archivo al que acudo, y habita en mi cuerpo. Habla a través de mí en fuego, en árabe, en ausencias, en piedra, a través de hijas y de flores brotadas de la sangre de los mártires. He estado en Palestina solo dos veces en mi vida. La última vez, puse en práctica lo que había aprendido de otras mujeres palestinas sobre el arte de cargar con una patria. Introje clandestinamente dos pequeños recipientes de Palestina en mi equipaje: un contenedor de tierra recogida en Ein Karem, ungida con agua del manantial natural al que llegué a través de un mar de turistas bíblicos parlanchines —fuera de lugar y desconectados—, para mi hermano elegido en el exilio, que debía haber estado allí en lugar de ellos. El otro, de Burqa, era para mí. Cuando entregué unos puñados de Ein Karem a mi amigo más querido, hundió el rostro en la tierra y la respiró. A través de su aroma, regresó.
Federico Ferrari / Peregrinatio. La extrañeza como contrapoder
Filosofía, PolíticaNos hemos dejado engañar por la hipnótica fábula del apocalipsis. El discurso público, intoxicado por el espectáculo de la ruina inminente y por el narcisismo de la catástrofe, continúa contándonos que vivimos el fin de los tiempos. Un fin que se prolonga hasta el infinito, como en una serie de Netflix bien estructurada en la que el epílogo se pospone siempre al episodio siguiente. En realidad, la narración apocalíptica de masas no es sino una forma anestésica: sirve para enmascarar la única verdadera tragedia del presente, es decir, que nada cambia en el gran continuum de la historia de la opresión y que las cosas continúan deslizándose, sin perturbación alguna, por los rieles de su desmoronamiento político y social.
Tariq Ali / Turbulencia en Alemania. El éxito de AFD y el futuro de Europa
PolíticaLos resultados electorales en el estado federado alemán de Sajonia-Anhalt han despertado a algunos comentaristas, pero no constituyen una gran sorpresa. Alternativa para Alemania (AfD) ha venido creciendo a buen ritmo, y la llamada «línea roja» [firewall] construida por los partidos del centro extremo de la élite alemana no ha hecho más que favorecer ese proceso. Que el 44 % de los votantes haya optado por la AfD en las elecciones estatales es un testimonio sombrío de ese hecho. La Unión Demócrata Cristiana (CDU), que obtuvo el 37 % en 2021, ahora ha caído al 18,5 % y, por otro lado, Die Linke tiene más votos que el Partido Socialdemócrata (SPD), y el partido de Sahra Wagenknecht (BSW) ha superado el umbral del 5 %. Turbulencia. Contradicciones. Fracasos. Estas son las palabras que vienen a la mente. Y no es solo Alemania, con su pasado del Tercer Reich, la que avanza en dirección ultranacionalista. Es toda Europa, en mayor o menor medida. Y esto continuará si las élites políticas y económicas insisten en que no es posible ninguna reforma y que la forma actual del capitalismo está fijada indefinidamente. Las guerras posteriores al 11 de septiembre han sido un desastre que condujo al sistema occidental a trampas de su propia cosecha. Las guerras en el exterior y las economías financiarizadas (OTAN/UE) son responsables del estado actual de cosas en Europa. Esta es la base de lo que está ocurriendo en Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña. Seguramente para este entonces, quienes percibían a la UE como un patrón oro que mantendría automáticamente a raya al nacionalismo de los grandes Estados deben estar cuestionando sus supuestos de toda la vida. Las dos voces diaria y semanal del capitalismo occidental —Financial Times y The Economist— no ignoran todo esto, y el periódico rosa a veces, aunque rara vez, está a la altura de su color, pero el semanal está perdido, a menudo reaccionario de un modo muy estúpido, en consonancia con el liberalismo de hoy que abraza acríticamente.
