Miguel Ángel Hermosilla / Acerca de la deconstrucción de las mitologías fascistas de Sergio Villalobos Ruminott. Un comentario de texto

Filosofía, Política

Deconstruir las mitologías fascistas implica cuestionar la tradición logocéntrica y su entrelazamiento entre política, metafísica y tecnología. Sergio Villalobos Ruminott.

Si ajustamos una aproximación critica de la mentada cuestión fascista, tendríamos que pensar en hacerla coincidir con la idea de que la interrogación al orden del capital, tendría que ver con un cuestionamiento radical a la racionalidad moderna, que siempre involucra ya un principio de razón; una apelación normativa que pulsa siempre en toda filosofía de la historia, como filosofía de la historia del capital, en tanto que semblante destinal del desarrollo histórico. Quien quiera pensar el fascismo, no puede no pensar el régimen moderno de lo político, como instanciación arcóntica de los patrones de acumulación capitalista y su articulación colonial planetaria, que tiende a simplificar el ethos mismo del habitar el mundo y la pluralidad de lo viviente en simples poblaciones administradas; a una serie de datos y cuerpos gestionados, expuestos a la precariedad y la violencia equivalencial de la mercancía.

Mauro Salazar J. / Crónica de una ciudad sin duelo. Servicios sin huella

Filosofía, Política

«Quien aquí entre, abandonad toda esperanza» Infierno, Dante. Comedia. Canto III, verso 9.

Santiago y sus grises anonimatos. La ciudad neoliberal tiene un modo particular de digerir la muerte: no la niega, la administra. No la esconde sino que la desplaza. El cadáver interrumpe el tránsito del Metro de Santiago y el transeúnte del andén se irrita. Lo que el enojo revela, en el fondo, es un pasajero sin derecho a duelo y el silencio pavoroso del que sigue vivo, explotado y no puede permitirse leer la escena como advertencia sin quebrarse él mismo. El enojo funciona entonces como mecanismo de distancia narrativa: convertir al otro en obstáculo o escombro, es más soportable que tolerar la imagen que devuelve el espejo. Entonces, es mejor cerrar los ojos. Vivos y muertos conviven, sin derecho a duelo, en el tiempo circular del andén.

Javier Agüero Águila / La ruina y el porvenir (Una imagen a partir de “La lengua del fin del mundo” de Mauricio Amar)

Filosofía, Política

Este texto está redactado en un teclado diseñado para escribir en otra lengua: “una que no es la mía”. Cada palabra -o casi cada palabra- que suelto nace “condenada” a la ruina; es malparida, la “q” es la “a”, la “d” es la “s”, los acentos no corresponden, las comas no son comas, la sintaxis no es reconocida y debo volver una y otra vez sobre una escritura arruinada desde antes de ser ruina. Y entonces no puedo sino pensar en esto y detenerme y apuntar que la ruina, antes de serlo, es siempre su todavía parcial e inexorable llegada. Ella va ahí donde no fue esperada, ni invocada o presentida; solo estuvo sin más, íntegramente diferenciada, en la espectralidad de una promesa que no por ser promesa deja de estar contenida en la ruina. 

Así es que es sobre esta suerte de escritura secundaria, resorte de un permanente error, que algo puede ser dicho; mas se trataría de un error que no fracasa, tampoco triunfa, sin embargo es, va siendo y tiene sentido, todo el sentido en el tiempo y en el espacio porque tal como lo sostiene Jacques Derrida: “La ruina no ocurre como un accidente a un monumento ayer intacto. En el comienzo está la ruina” (Mémoire d’aveugle, 1990, p. 72).

Dionisio Espejo / I. El recinto de la violencia. La Isla, el castillo, o como el sueño se ha convertido en pesadilla

Filosofía, Política

Este texto explora la persistencia de un arquetipo espacial en las representaciones modernas de la violencia: se trata del recinto cerrado —castillo, isla, mansión, jardín— como condición material para la suspensión de la ley y la transformación del cuerpo en objeto de poder. A través de un recorrido que va desde Sade hasta Pasolini, pasando por Schreker y Kubrick, y que culmina en el caso Epstein, se sostiene que la violencia absoluta no comienza con la maldad de un individuo, sino con la construcción de un espacio de excepción donde el miedo se convierte en deseo y el deseo en ley. La ópera moderna —especialmente Los estigmatizados de Schreker y Bomarzo de Ginastera— revela cómo el arte puede convertirse en coartada de la barbarie, pero también en herramienta de resistencia, al mostrar el mecanismo del poder y volverlo visible. La tesis central es que el recinto no es una metáfora, sino una condición material del poder soberano: un lugar donde la ley se suspende, los cuerpos se cosifican y la violencia se organiza como espectáculo, desde el castillo de Silling hasta la isla de Epstein y la finca de Mar-a-Lago.

Mauricio Amar / La lengua del fin del mundo

Filosofía, Política

El lenguaje, como todos sabemos, ha sido objeto de una enorme operación que ha cambiado el destino de los humanos. Sobre él se han montado miles de estrategias, acaso la historia de las lenguas no se a otra cosa que una historia de estrategias sobre ellas. Pero ninguna se compara en su intensidad, violencia y capacidad de abarcarla como la que estamos presenciando hoy. Presenciarla, es decir, de algún modo vivir la transformación del lenguaje a tiempo real, es decir en el habla y en la escritura, nos pone ya en una situación muy difícil. Porque la transformación del lenguaje, de mi lengua que no es mía como dice Derrida, pero al mismo tiempo de todas las lenguas, incluso las que no alcanzo a imaginar, vuelve difícil siquiera decir hasta qué punto no puedo sino hablar desde esta operación, esta estrategia.

Esto, como todas las cosas humanas, tiene una genealogía. Y como toda genealogía es gris, porosa, necesaria de ser leída a contrapelo. No se puede sino estar agradecido de los europeos que en su momento supieron leer el funcionamiento del poder a pesar de las capas y capas de estrategias lingüísticas que se vertían sobre ellos. Estoy pensando en Adorno, en Foucault, Derrida y en Hamacher, figuras que hoy sería raro que provinieran de una Europa incapaz de pensar, salvo excepciones, sobre sus propias condiciones de existencia. Pero en ellos, que vivieron la emergencia y las consecuencias del fascismo de muy cerca, hay una comprensión que necesariamente anuncia lo que hoy aparece como lenguaje.

Mauro Salazar J. / Codelco. Neutralidad ideológica y transparencia del capital

Política

La llegada de Bernardo Fontaine a la presidencia del directorio de Codelco no puede ser comprendida únicamente como un relevo administrativo ni como la incorporación de un economista de orientación liberal a la conducción de una empresa estatal. Su llegada expresa algo más profundo: la instalación, en el corazón de la principal empresa pública de Chile, de una racionalidad que pretende presentarse como situada más allá de la ideología. Seguridad, eficiencia, productividad, disciplina financiera, transparencia, reducción de costos, revisión de inversiones, evaluación de activos y alianzas público-privadas aparecen como categorías técnicas, casi desprovistas de conflicto político. Justamente allí reside el problema. Cuando una determinada racionalidad, herencia agudizada de nuestra modernización terciaria, logra presentarse como simple administración de hechos objetivos y la ideología no desaparece: cambia de estatuto. El lenguaje aparentemente neutral de la gestión funcionaría como soporte ideológico del capital.