Entrevista a Paula Cucurella / Sobre Rabia / Pena. Poesía migrante

Poesía

En Ficción de la razón, conversamos con Paula Cucurella, que acaba de editar la antología de poesía migrante Rabia / Pena en la casa editorial DobleAEditores.

Ficción de la razón: Paula, considerando el contexto mundial de auge de diversas formas de fascismos y la creciente persecución a los inmigrantes, cuestión que en Estados Unidos ha llegado a un nivel delirante, ¿qué significa como gesto la publicación de Rabia / Pena?

Paula Cucurella: La expansión del fascismo nos hace convivir con cosas profundamente contradictorias. En Estados Unidos, donde vivo y trabajo, conviven un nacionalismo agresivo —sostenido en mitologías de origen, políticas identitarias divisorias y discriminatorias y discursos de “defensa” de la nación— con una economía globalizante de libre mercado que necesita entrar en todas las economías locales, precarizarlas y desestabilizarlas, y luego desentenderse de las consecuencias de esa intervención.

En este contexto, se produce una situación muy sintomática: comunidades migrantes que llegaron hace cien años, ya asentadas en las economías locales, discriminan a las migraciones recientes invocando su “originariedad”, que fundamentalmente significa simplemente haber “llegado antes”. Esta es una de las grandes contradicciones del fascismo que vemos hoy, pero que también reconocemos en sus expresiones históricas. Lo peor es que nada nos garantiza que los migrantes de hoy en todo el mundo no harán lo mismo con les migrantes del futuro.

Mauro Salazar J. / La Máquina Metropolitana. La inhallable vida de Santiago

Filosofía, Política

Contra esta glosa gris —tú, revenida, profeso felicidad, vitalidad, no de otra forma posible: alegría donde la planta no sabe sino crecer en sus espinas, sus verdores, sus resurrecciones sin memoria. Brota fertilidad de la grieta donde la vida no pregunta «¿por qué?» simplemente afectos. A ti, f. c.

Pórtico. En una misiva circulada, publicitada, decimos, como si la publicidad fuera asunto de comunicación transparente y no ya de espectáculo político, Margaret Thatcher («The Prime Minister británica», aunque qué significa ser Prime en un ordenamiento sin verdadera comunidad es pregunta que la misiva nunca formula) escribe al profesor Friedrich von Hayek el 17 de febrero de 1982. Y ocurre algo particularmente inquietante aquí: Thatcher reconoce los «éxitos de la experiencia chilena» en cuanto a «reducir la participación del Estado chileno en la economía». Dice esto, lo enuncia y respalda. Pero entonces, y aquí la paradoja se condensa de forma casi perfecta, le recuerda enfáticamente (enfáticamente, subraya el énfasis) al profesor von Hayek lo siguiente: «Estoy segura de que usted estará de acuerdo que, en Gran Bretaña, con nuestras instituciones democráticas y la necesidad de alcanzar un alto grado de consenso, alguna de las medidas adoptadas en Chile es bastante inaceptables».

¿Qué ha ocurrido en este movimiento? Diremos: la imposibilidad de la comunidad ha sido revelada. Gran Bretaña posee, según Thatcher, «nuestras instituciones democráticas» (¿nuestras? ¿de quién? ¿de la comunidad británica?). Y posee, además, «la necesidad de alcanzar un alto grado de consenso» (necesidad que, para Chile, aparentemente, no existe, o que existe de forma tan reducida que es prescindible).

Firas Shehadeh / Sharqan Hatta Al Maut – 5

Música, Sonido

¡Viernes de sonidos en Ficción de la razón! Presentamos hoy el álbum Sharqan Hatta Al Maut – 5 [«Al este hasta la muerte»] del artista contemporáneo palestino Firas Shehadeh. La repetición de un patrón de piano que rápidamente se ve intervenido por los sonidos de la guerra nos sumerge en una extraña sensación de incesante retorno de desesperanza. Pero en el segundo tema, Shehade hace aparecer sobre la repetición de las bombas genocidas el canto de la resistencia. Más que esperanza, lo que aparece es una tensión, que parece indicar que donde exista ocupación, destrucción y genocidio, siempre habrá también la necesidad de resistir.

Marcos Stábile / Texturas de la revuelta o cómo atar sin nudos en la catástrofe. Sobre Destitución y separación de Michele Garau

Filosofía, Política

Pasado un tiempo de cualquier explosión, sus ecos se escuchan únicamente lejos de su epicentro. Los del estallido argentino de 2001 parecen encontrar, en la actualidad, cajas de resonancia más amplias, más sensibles a su música, en las corrientes del pensamiento de la destitución desprendidas de la tradición autonomista italiana y francesa, que en el territorio que fue su escenario, configurado hoy como nódulo regional del neorreacionarismo en auge. Algunas revueltas, como los profetas, balbucean en una lengua extemporánea, intempestiva, y a esos temblores del lenguaje les suele caber, igual que a los profetas, el naufragio, el destierro.

Mauro Salazar J. / Mientras el Acero Responde. Notas sobre la anestesia progresista

Filosofía, Política

La palabra «malestar»—anestesia dulce—cierra la boca que quería gritar antagonismo. El gobierno respira tranquilo: hablamos de sentimientos mientras mueren los cuerpos pacificados en los nombres que nos enseñaron a sentir como seres. El orden no mata: domestica, nombra, administra el dolor que genera. O. P.

En horas donde nuestro mundanal tupido solo sabe de «sífilis moral» más que malaise. En días donde Eduardo Frei abraza lo que siempre abrazó: la muerte del padre. Y aquí ocurre lo irónico, lo que la Democracia Cristiana no previó: el propio Frei Ruiz-Tagle, cual «parricida», transgrede a Piñera, «cómplices pasivos», y no porque sea más honesto en su compromiso con el orden. La ironía es que la radicalidad neoliberal termina siendo más «verdadera» que el simulacro democrático (transitológos). En un paisaje empapado de palabras aporofóbicas, donde el anticomunismo es aire que se respira sin notarlo, la palabra «malestar» surge como amniótico, líquido anestésico. Aparece mansamente, como quien se disculpa por existir. Y en esa docilidad reside su verdadero poder.

La paradoja es fundamental: el malestar es aquello que el orden produce. Es respuesta corporal a la explotación, a la precarización, a la insoportabilidad. Es otrocidio hecho sentimiento. Pero el orden ha cometido un acto de prestidigitación singular: ha tomado esa verdad corporal y la ha traducido, en una palabra —«malestar»—que sirve precisamente para anestesiarla. El significante devora al significado. Aquello que debería ser antagonismo radical es diferido, postergado en la palabra «malestar». La verdad no desaparece, sino que asedia el presente como lo que fue excluido. Y en esa devoración, el antagonismo desaparece.

Saree Makdisi / La democracia al servicio del Apartheid israelí

Política

¿Qué significa expresar una situación política concreta en términos de «sueño» o «visión», «milagro» y así sucesivamente, términos que emergen constantemente en tales relatos sobre Israel? Después de todo, en la referencia política más famosa a un sueño, el discurso I have a dream de Martin Luther King, el sueño de la igualdad racial es ciertamente una visión de un futuro, no de un presente. La mayoría de las referencias al «sueño» de un Estado judío y democrático, sin embargo, señalan una condición presente, aunque parezca un sueño o una visión y no ser realmente presente; por eso es un sueño, al fin y al cabo. Pero, para continuar con este punto, ¿qué significa referirse a un sueño una y otra vez? ¿Qué tipo de estrategia propone en sí misma esta afirmación? ¿Funciona la repetición como se dice que funcionan ciertos hechizos mágicos: cuanto más repites el conjuro, más real parece ser el deseo repetido? ¿O el simple acto de la repetición realiza el tipo de trabajo que hace una de esas luces de emergencia accionadas con manivela: se ilumina mientras giras la manivela, pero empieza a apagarse en cuanto reduces la velocidad o te detienes? ¿La repetición misma es necesaria para el propósito de afirmación que pretende desempeñar? Porque, no por casualidad, la simple repetición de la afirmación del «Estado judío y democrático» es, como acto, en sí misma sorprendente una vez que se la advierte y se comienza a seguirla: una repetición no solo dentro de todo el ámbito político, sino también dentro de discursos particulares. Como mínimo, es una especie de guion que, como en cualquier película de Hollywood, nos ayuda gustosamente a suspender nuestra incredulidad. […]