Miguel Ángel Hermosilla / El imaginario oikonómico en el fantasma portaliano

Filosofía, Política

Comentario a El fantasma portaliano. Arte de gobierno y república de los cuerpos de Rodrigo Karmy Bolton, Ediciones Universidad de la Frontera, Temuco, 2022.

Frente a la muerte

Una erótica

La poesía, la invención, la imaginación.

La máquina portaliana del orden no se juega como una teología política monumental, sino más bien como una microfísica del poder, como una tecnología o “arte de gobierno” que la episteme molar de cierta historiografía conservadora no ha podido inteligir sino más bien glorificar en la figura personal de Diego Portales. Atendiendo a esta premisa podríamos pensar la textura misma del texto “El fantasma portaliano. Arte de gobierno y republica de los cuerpos”, de Rodrigo Karmy, como un ejercicio textual y genealógico que se excede a sí mismo, como un meta-texto que insistentemente impugna la constitución oikonomica1 , es decir, del gobierno del mundo , la potencia de los cuerpos y el deseo de los pueblos, que ha ido asumiendo en occidente toda forma de poder.

Giorgio Agamben / La verdad y el nombre de Dios

Filosofía, Política

Desde hace casi un siglo, los filósofos hablan de la muerte de Dios y, como suele ocurrir, esta verdad parece hoy aceptada tácita y casi inconscientemente por el hombre común, sin que, no obstante, se midan y comprendan sus consecuencias. Una de ellas -y sin duda no la menos relevante- es que Dios -o, mejor dicho, su nombre- fue la primera y última garantía del vínculo entre el lenguaje y el mundo, entre las palabras y las cosas. De ahí la importancia decisiva en nuestra cultura del argumento ontológico, que unía insolublemente a Dios y al lenguaje, y del juramento pronunciado en nombre de Dios, que nos obligaba a responder de la transgresión del vínculo entre nuestras palabras y las cosas.

Federico Zuolo / Escándalo soberano. Cien años de la «Teología Política» de Carl Schmitt

Filosofía, Política

A veces el éxito de las obras controvertidas trasciende el momento. Puede depender de la bondad de las ideas y los argumentos. O la polémica puede conseguir crear un enemigo grotesco e imposible, un hombre de paja del autor que se convierte en algo tan importante como la propia tesis de la obra. El éxito suele venir de las necesidades póstumas de confrontación crítica con otras cuestiones para las que la polémica inicial no es más que un pretexto conveniente. La enorme fortuna de la Teología Política de Carl Schmitt, tan engorrosa y paradójica como su tesis, proviene de todas estas razones.

Philippe Theophanidis / La guerra civil global: una introducción

Filosofía, Política

1. ¿Por qué “guerra civil global”? [1]

¿Por qué “guerra civil global” y por qué bajo la forma de una “introducción”? La motivación de esta inscripción es doble. En primer lugar, ella busca exponer el concepto de “guerra” como un problema. ¿Qué queremos decir cuando hablamos hoy de “guerra”? ¿Cómo puede el concepto conservar su relevancia mientras tratamos de entender lo que nos sucede a “nosotros”, esto es, lo que sucede con la manera en que vivimos juntos? En segundo lugar, la idea de “guerra civil global” sugiere de antemano que la guerra no es ya lo que era y que se ha vuelto una parte importante de nuestro estilo de vida, nuestra cultura. En vez de adentrarnos en las numerosas especificidades asociadas con la idea de “guerra civil global” propongo una simple cartografía.

Rodrigo Karmy Bolton / El gusto por vivir

Filosofía

Sobre Averroes. Acerca de la felicidad del alma. DobleAEditores, Santiago de Chile, 2022

1.- El cerezo

Al principio de “La ideología alemana”, Marx y Engels acometen una tarea crítica inmediata: ir más allá del materialismo de Feuerbach. Para ello, señalan con fuerza que el filósofo alemán ha acertado parcialmente, por cierto, al desplazar el principio teológico por el antropológico, pero ha errado en la medida que: “(…) no ve que el mundo sensible que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en sentido que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica la organización social con arreglo a nuevas necesidades (…) Así, es sabido que el cerezo, como casi todos los árboles frutales, fue transplantado a nuestra zona hace pocos siglos por obra del comercio y por medio de esta acción de una determinada sociedad y de una determinada época, fue entregado a la “certeza sensorial” de Feuerbach”.

Rodrigo Karmy Bolton / Forma y vida. Breve comentario sobre la forma en Carl Schmitt y Pier Paolo Pasolini

Estética, Filosofía, Política

1.- Persona.

Me remito a dos textos clave de la producción schmittiana: Teología política. Cuatro ensayos sobre soberanía y Catolicismo y forma política de los años 1922 y 1923 respectivamente. En el conjunto de los 4 ensayos que conforman Teología Política la discusión de fondo en torno a la cuestión de la “soberanía” remite, en último término, a la obsesión que, a mi modo de ver tendrá el pensamiento de Schmitt a lo largo de su trabajo: el problema de la forma política: “soberano es quien decide sobre el estado de excepción” no es una fórmula que designe la simple arbitrariedad de un poder, sino la puesta en forma asociada a dicho poder que, como tal, es capaz de “dar forma a la vida de un pueblo” dice Schmitt. Es clave este problema: Schmitt está disputando la noción de forma política, tanto a la escuela neokantiana de Hans Kelsen como a la del romanticismo político. Para el caso de Kelsen su apuesta normativa se identifica, según Schmitt, a una “norma transcendental apriorísticamente vacía”, a diferencia de la verdadera “norma transcendental” que se jugaría en lo “jurídicamente concreto”. Incluso en su discusión epistemológica con Kelsen acerca de si el decisionismo sería o no una “ciencia”, el problema schmittiano tiene exactamente que ver con esto: frente a la “teoría pura del derecho” incapaz de ofrecer una “forma política” y, por tanto, de incorporar la noción, tan compleja como eficaz de que la “soberanía” en virtud de su apuesta despolitizadora, sería necesario asumir lo “concreto” de una forma política que la distinga de la simple arbitrariedad de un poder. A esta luz, Schmitt insiste en que lo que está de fondo en este debate es la capacidad que porta la soberanía –y no cualquier poder- de dar forma a la “vida de un pueblo” y, por tanto, de atender la topología soberana que asume el carácter normativo y fáctico a la vez. El problema de la “representación auténtica” será profundizado en Catolicismo cuando Schmitt remita la cuestión de la forma al modelo de la Iglesia Católica: modelo que no intenta reconducir la política moderna al catolicismo en un sentido “confesional”, sino modelo propiamente político en el que se juega la vitalidad impregnada por la forma política. Como ha sido visto, Schmitt utiliza el término latino y no alemán para designar “representación” (“repräesentation”) que enfatiza la cuestión de la distinción o prestigio social y en la que la “persona” resultará fundamental: la repräesentation de la persona de Cristo –dirá Schmitt- no será sólo jurídica o simplemente estética sino que tendrá un sentido “histórico-universal”. Su apuesta hace constelación con la posición de Romano Guardini (Magri, 2013) para quien Cristo estaría lejos de ser una persona biográficamente considerada como una persona en el sentido de una decisión fundamental. En Schmitt, resulta clave la distinción entre lo jurídico y lo estético: porque si la primera está asociada al positivismo jurídico, la segunda forma lo hace al romanticismo. Para el jurista, constituyen dos modos nihilistas de comprensión de lo político, dos maneras de “mala infinitud” –si se quiere, que pierden de vista la decisión soberana y la capacidad de ofrecer la vitalidad de una Forma política capaz de ir más allá del pensamiento económico (liberalismo y marxismo) y de resolver la profundidad de la crisis de Weimar (Ellen Kennedy). En este sentido, el término “catolicismo”, quizás, deba entenderse en Schmitt no en un sentido “confesional” sino en cuanto dispositivo político capaz de ofrecer un katechón necesario a toda fuerza capaz de destruir la verdadera y auténtica “Forma política”: “Esa es la palabra clave de mi completa existencia intelectual y publicística –dice Schmitt remitiéndose al término “católico” usado por Konrad Weiss- la lucha por esa profundización verdaderamente católica (contra los neutralizadores, la jauja estética, contra los vende-abortos, incineradores de cadáveres y pacificistas).” La “profundización verdaderamente católica” significa la reivindicación de la forma política personalista capaz de dar “forma a la vida de un pueblo”. Como tal, “católico” no significa para Schmitt un simple credo como una posición respecto de la “forma” capaz de contrarrestar al nihilismo en curso. Lo “verdaderamente católico” es justamente su pensamiento cuya “forma política” remite a la decisión soberana de un Cristo personal.