Dionisio Espejo / El discurso del poder, el poder del discurso

Estética, Filosofía, Política

1. Acercándonos a la verdad y la lógica de los signos desde la perspectiva del poder

El problema al que apunta la reflexión foucaultiana, a propósito de Magritte en el ensayo escrito en 1973 Ceci n’est pas une pipe, es el problema del lenguaje, en particular la relación entre imagen, palabra y realidad. Al final la cuestión de la que se trata es la de qué es o no verdad, lo mismo que hemos visto que Derrida se plantearía después acerca de la verdad en pintura. De alguna manera, en este ensayo, se recuperan las preocupaciones que se plantearon en Las palabras y las cosas pero ahora desde un tratamiento no de lo que Foucault llamó la “era de la representación” (lo que en aquella investigación denomina como la época clásica) sino desde un momento histórico que para Foucault habría sucedido al de la representación, y es la edad de la autonomía de los signos. La imagen, la cosa representada, no es el objeto al que haría referencia la imagen representada, pues cosa e imagen mental no son simétricas; esto es: la pipa pintada no es una pipa, una pintura no es lo mismo que la cosa pintada, una pipa pintada es solo una pipa pintada. Y así sucede con lo que parece la idea de pipa, tal y como aparece en otra versión de la obra (En esta se ve pintada la pipa en un lienzo puesto sobre un caballete pero suspendida sobre esta imagen se ve ahora otra pipa, algo así como la idea de la pipa pintada abajo) que tampoco es una pipa.

Dionisio Espejo / Nuestras verdades y las de los otros. De Nietzsche a Derrida

Estética, Filosofía, Política

1. Contextos discursivos

El trabajo de la reflexión estética sobre el estatuto de la ficción, especialmente en el ámbito anglosajón, reducen la experiencia artística al marco psicológico. En ese contexto, la verdad se limita a nombrar una relación entre el sujeto, sus emociones y el objeto. De igual forma, todo el problema metafísico suscitado por la ficción artística y su inserción social e histórica se reduce a un compromiso individual. La apariencia y la exterioridad son interiorizadas. Sin embargo, no podemos considerar el concepto de verdad únicamente desde una perspectiva individual y psicológica. Sabemos que la verdad o la mentira solo pueden evaluarse dentro de un determinado marco o contexto social. Ahora bien, considerar que la verdad es una construcción social no implica que cada quien tenga «su verdad». Sí, la verdad es una construcción, pero social, no meramente psicológica, aunque también podamos reconocer que cada psique posee una determinada «voluntad de verdad» (Foucault). Nietzsche nos explica con detalle cómo se fabrica ese consenso que llamamos verdad: su estatuto lingüístico, su carácter conceptual como mera transposición de una serie de impulsos nerviosos y, en definitiva, su origen metafórico. Se trata de un cierto nominalismo nietzscheano, cuyo fundamento genealógico nos sitúa ante una posición originaria del acto de nombrar, que nunca es literal: el nombre nunca es el de la cosa en sí, sino una convención que atribuimos a la cosa.

Dionisio Espejo / Miento, luego existo

Estética, Filosofía, Política

1. Pasado y presente de la relación entre la burguesía y las ciencias y las artes

Una de las características más importantes de la cultura burguesa fue la capacidad de coordinar e integrar todas las esferas del sistema representativo entre los siglos XVI y XVII. Se estableció un orden bajo el que se integraban y se estructuraban aspectos varios que aparecían como partes de un organismo. Así sucedió con novedades tan importantes como las relativas a la concepción del poder contractual, la transformación operada por el cristianismo reformado, la valorización de las artes y sus significados, el desarrollo de la ciencia empírica y racional, la importancia creciente de la actividad económica capitalista, o el sistemático avance de las nuevas tecnologías mecánicas. Ahí está la clave del triunfo de la emergente burguesía, y el nuevo orden político-social, frente al sistema estamental y el feudalismo. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, hubo dos pilares fundamentales en los que se apoyó el poder de la burguesía: las artes y los saberes. El proyecto político se identificó con la praxis artística, así como con la investigación científica. Y es importante recordar aquella conexión para comprender el significado de la actual ruptura entre los diferentes componentes del programa burgués. Precisamente hoy, que nos encontramos en una nueva fase de lo que algunos han llamado “capitalismo cognitivo”.

Giorgio Agamben / Sobre las cosas que-no-son

Filosofía

Cristina Campo escribió una vez: «¿qué otra cosa existe realmente en este mundo sino lo que no es de este mundo?». Lo más probable es que se trate de una cita de Juan 18:36, donde Jesús declara a Pilato: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado por mí, para que yo no fuera entregado a los judíos. Ahora bien, mi reino no es de este mundo». Es entonces decisivo cuestionar el sentido y el modo de existencia de lo que no es de este mundo. Esto es lo que hace Pilato, quien, como queriendo comprender el estatuto de esta realeza especial, le pregunta inmediatamente: «¿Así que tú eres rey?». La respuesta de Jesús, para quien sepa entenderla, ofrece una primera indicación del significado de un reino que existe, pero que no es de este mundo: «Tú dices que yo soy rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad». Y en este punto, Pilato formula la infame pregunta, que Nietzsche llamó «la broma más sutil de todos los tiempos»: «¿qué es la verdad?». El reino que no es de este mundo exige que demos testimonio de su verdad, y lo que Pilatos no comprende es que algo puede ser verdadero sin existir en el mundo. Es decir, que hay cosas que de alguna manera existen pero que no pueden ser objeto de un juicio jurídico sobre la verdad o no verdad de los hechos, como lo que está en cuestión en el juicio que Pilatos está llevando a cabo.

Giorgio Agamben / Cuando lo falso se convierte en verdadero

Filosofía

Me han dicho que Facebook tiene uno o varios perfiles a mi nombre y con mi fotografía, en los que se publican textos y fotos y se intercambian amistades, aunque no estoy seguro de lo que eso significa. Estos perfiles son falsos y no soy en absoluto responsable de ellos.

Giorgio Agamben / Nieve en Rumanía

Filosofía, Política

¿A qué somos fieles, qué significa tener fe? ¿Creer en un código de opiniones, en un sistema de ideas formulado en una ideología o en un «credo» religioso o político? Si así fuera, la fidelidad y la fe serían un triste asunto, nada más que el deber monótono y complaciente de cumplir unas prescripciones a las que por alguna razón nos sentimos vinculados y obligados. Una fe así no sería algo vivo, sería letra muerta como la que el juez o el policía se sienten aplicando en el cumplimiento de sus deberes. La idea de que el creyente es una especie de funcionario de su fe es tan repugnante que una muchacha, que había soportado torturas para no revelar los nombres de sus compañeros, a quienes elogiaban su fidelidad a sus ideas respondía simplemente: «No lo hice por eso, lo hice por capricho».