El 30 de mayo de 1939 fue enterrado en el cementerio de Thiais, en París, un hombre cuyo funeral había sido bendecido por un sacerdote católico, aunque nunca había sido bautizado. Era judío, pero sus amigos judíos renunciaron a recitar el Kaddish. Probablemente había muerto de delirium tremens, pero los médicos diagnosticaron un síncope. Era ciudadano de la república austriaca, pero se declaró súbdito de los Habsburgo.
Literatura
Tariq Anwar / Una ventana
LiteraturaUna ventana abierta. Daba hacia un patio oscuro por la enorme vegetación. Los pájaros se paseaban entre las ramas de un gran magnolio. La brisa comenzó a penetrar desde el más allá a través de los árboles hasta entrar en la casa. Cerré la ventana. Sentí el frío por un instante. Era el frío que venía a quedarse. Puse el cerrojo. Junté las cortinas. Cuánto se extraña el canto de los pájaros.
Ryan Yarber / Más allá del género: El experimento mental de Ursula K. Le Guin en La mano izquierda de la oscuridad
LiteraturaLa novela de Ursula K. Le Guin La mano izquierda de la oscuridad ha servido para hacer avanzar el discurso sobre el género y la sexualidad desde su publicación hace más de cincuenta años. Muchas respuestas críticas a la novela se centran en estos temas a pesar de su función como velo de la intención original de Le Guin. El género y la sexualidad son barreras que el lector debe traspasar para comprender plenamente el triunfo de la novela. No cabe duda de que este libro plantea preguntas y nos hace replantearnos nuestras ideas preconcebidas sobre el género y la sexualidad, y esto confirma un éxito del experimento mental de Le Guin, pero la intención primordial era ir más allá del género y la sexualidad para revelar una característica humana.
Simone di Biasio / Dahl, traición y traducción
Literatura, PolíticaCierto, en la versión original de «Charlie y la fábrica de chocolate», los Oompa Loompas eran «pigmeos negros», pigmeos negros que Willy Wonka traficaba desde «lo más profundo y oscuro de la selva africana». Eso fue en 1964 y diez años después, en 1973, el propio Roald Dahl cambió la apariencia de aquellos seres para convertirlos en pequeñas criaturas fantásticas. Ahora Dahl ya no está entre nosotros y quienquiera que sea el encargado de las nuevas ediciones de sus libros ha decidido introducir algunos cambios en los textos de uno de los escritores más queridos y leídos de los últimos 50 años. No he utilizado deliberadamente la especificación «para niños». Las brujas», «El GGG», «Los hombres sucios», «Matilda», «Charlie y la fábrica de chocolate»: me parece que más o menos todos hemos leído sus libros de niños y los que no -como yo, por ejemplo- los hemos recuperado luego de adultos, encontrando en ellos todavía un cierto gusto inmutable, tanto estético como literario. Al margen del alboroto que suscita esta operación, no podemos sino sentirnos aliviados por la centralidad que lo que se define como «literatura infantil» ha asumido finalmente en los últimos años para distinguirse de otras literaturas, de la alta literatura. Y por eso hasta Salman Rushdie tuiteó contra la decisión de la Roald Dahl Story Company -la empresa propietaria de los derechos del autor- y Puffin Books -la editorial de los libros de Dahl-, calificándola de «censura absurda». Desde 2021, Netflix ha adquirido la totalidad de la ‘Dahl company’: no hace falta comentarlo, la edición también es un negocio, la industria del libro también es un negocio. Es inútil gritar escándalo: bastan algunas reflexiones.
Javier Pavez / Dos versiones de the task of the translator of Antigone de Anne Carson
Literatura, PoesíaEn Ficción de la razón presentamos Dos versiones de the task of the translator of Antigone de Anne Carson traducidas por Javier Pavez. El texto viene acompañado de fragmentos de la edición en inglés, en una apuesta visual y escritural del propio traductor.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: borrachera, cuerpo e inmundicia
Estética, Filosofía, LiteraturaLas noches de verano no requieren de sueños ni de esperanzas. Sobre las mesas de un bar cuya materia se desvanece hasta confundirse con el humo, o bajo la luz de faroles callejeros que se cruzan de brazos mientras uno cruza las piernas, el calor del verano asedia. Las noches de verano no permiten sueños ni esperanzas: ya no permiten dormir ni dentro ni fuera de casa. Tras la historia de un mal año, y perseverando más allá de infatigable cansancio, el cuerpo por fin pide exactamente aquello que la noche le ofrece: sudor, fluidos y carne. Luces y opacidades. Recuerdos y olvidos. Borracheras.
