Emilio / Disecta membra y Tchaikovsky. (O de la fondidad y la creación)

Filosofía, Literatura, Música
  • La lectura es operación, es la obra que se realiza suprimiéndose, que se prueba confrontándose consigo misma, y se suspende mientras se afirma.
  • Estas son contradicciones necesarias.
  • El éxito simplifica las cosas / [Este texto está hecho para el fracaso].
  • Nuevos caminos recorro, un nuevo modo de hablar llega a mí; me he cansado, como todos los creadores, de las viejas lenguas. Mi espíritu no quiere ya caminar sobre sandalias usadas. Con demasiada lentitud corre para mí todo hablar; ¡a tu carro salto, tempestad! ¡E incluso a ti quiero arrearte con el látigo de mi maldad!
  • ¿Cuatro citas de entrada? Eso es sobresaturación. Todo el texto está sobresaturado. Las tres primeras de Blanchot (del “Libro que vendrá), y la última de Zaratustra (en “El niño del espejo).

Este proyecto es sectario. Hace parte del culto “al Fondo”, un culto bárbaro a través del sacrificio [Stravinsky]. Nos complacemos con reverberarlo [al lenguaje], con retorcerlo (retorcernos sobre “Fondo”), por el amor autodestructivo que le tenemos (a nos[otros] mismos). No es traición, sino epifenómeno de de-lirios. Después de todo, espera(mos) aniquilación. Señor Guattari, muchas gracias [no se tome esto muy en serio]: actitud defensiva pre-significante, que se riega en agenciamientos gestuales [Nijinsky] o “rebanamientos” de extremidades [Van Gogh].

Carlos Chacón / Hitler, hoy

Filosofía, Política

La noción de l’univers concentrationnaire, título que lleva la obra muy apreciada por Sartre de David Rousset sobre los campos de concentración en la Segunda Guerra, se actualiza a medida que abocamos prácticas cotidianas al consuelo integrador de cuadros, ya sean de cemento o de silicio, y cuando las autoridades parecen transgredir sus más razonados límites de intervención. Jean-Paul Sartre y Paul-Michel Foucault cruzaron, en 1972, y por medio de las páginas del periódico Le Mond, sus opiniones discrepantes al respecto: Foucault estaba convencido de lo inapropiado de la adopción de dicha analogía, mientras que Sartre la usaba para convocar una lucha contra el régimen de represión del Estado francés. Esa misma noción no deja de resultar actual, más allá de la mera analogía, y más acá de la represión estatal.

Giorgio Agamben / ¿Qué es el miedo?

Filosofía, Política

¿Qué es el miedo, en el que los hombres de hoy parecen tan caídos, que olvidan sus creencias éticas, políticas y religiosas? Algo familiar, por supuesto, y sin embargo, si tratamos de definirlo, parece obstinadamente evadir el entendimiento.

Del miedo como tono emocional, Heidegger dio un tratamiento ejemplar en el par. 30 de Ser y Tiempo. Sólo se puede comprender si no se olvida que el Ser (es el término que designa la estructura existencial del hombre) está siempre ya dispuesto en una tonalidad emocional, lo que constituye su apertura original al mundo. Precisamente porque en la situación emocional se cuestiona el descubrimiento original del mundo, la conciencia siempre está ya anticipada por él y por lo tanto no puede disponer de él ni creer que puede dominarlo a voluntad.

Asher Gamedze / Dialectic Soul

Música

En Ficción de la razón escuchemos Dialectic Soul, del músico sudafricano Asher Gamedze. El propio compositor introduce los temas que constituyen el álbum: los tambores libres que representan el movimiento autónomo africano, el saxofón que reflexiona sobre la violencia del colonialismo. Las enseñanzas de Coltrane, Biko, Makeba, Malcom y otros inspiran la manifestación positiva de resistencia en la música. «Fundamentalmente, se trata de la recuperación del imperativo histórico. Se trata del dialecto del alma y el espíritu mientras se mueve a través de la historia. El alma es dialéctica. El movimiento es imperativo. Nos mantenemos en movimiento.»

Ángel Octavio Álvarez Solis y Gerardo Muñoz / La iglesia sin fin

Filosofía, Política

El presente está encarnado en una disrupción teológica. Contra los entusiasmos del secularismo moderno, la teología ha estado presente en la estructura profunda del mundo. Por esta razón, no hablamos en parábola si dijésemos que una de las crisis que atraviesa el presente es de naturaleza profundamente teológica. Teologías en combate permanente. Crisis de nuestros arcanos más remotos. Que un medio de elites tan autorizado como Financial Times recomiende a la clase bancaria que “realice el trabajo de Dios” no es un titular altisonante ni un lapsus freudiano, sino el índice del malestar contemporáneo destilado como deber [1]. La teología sigue, aunque la iglesia se oculte. Cuando decimos “una crisis teológica” es inevitable remontarse al vínculo estrecho entre crisis, teología y apocalipsis, cuyo eón probablemente estemos tramitando en su momento de desintegración. Aunque es siempre difícil advertir el “final de los tiempos”, el reconocimiento del “tiempo del fin” aparece como ladrón en la estela de la noche. ¿Qué ocurre cuando San Pablo sale del escenario mundial? Alguien toma su lugar, y algo acecha. Los bancos administran el otro mundo. Esto lo supo muy bien alguien tan atento a la estructuración técnica de lo moderno como Günther Anders, quien llegó a escribir que ya no podemos decir que estamos a la espera de un final del tiempo, sino más bien que ya estamos en “tiempo del fin”, puesto que carecemos de las certezas espaciotemporales mínimas: somos incapaces de dotarnos de otro sentido de futuro para el mundo de la vida [2].

Mauricio Acevedo / Giordano Bruno. Universo infinito: Perfecta y unigénita imagen de la divinidad

Filosofía

Uno de los rasgos más notables de la nova filosofía del Nolano, está relacionada con la primera obra pintada del intelecto primero1. Se trata de la figuración de un insigne y único retrato, el universo infinito.

A juicio del erudito, Salvatote Carannante, «La particular fisonomía que la dependencia de Dios asume en la Nova filosofía, puede ser profundamente reconstruida, aprovechando la decisión de Bruno para describir el cosmos infinito como el «gran simulacro» y la «gran imagen» de la divinidad2». De este modo la imagen de un universo es inseparable de la imagen pura de un infigurable, Dios. No obstante, la divinidad puede ser comprendida en la multiplicidad, su más fiel vestigio. Vinculando así unidad y multiplicidad como dos categorías importantes en el proyecto bruniano.