Gerardo Muñoz / Cézanne ante el atardecer del mundo

Estética, Filosofía, Política

La idea de que la pintura constituía una actividad situada en el umbral de su larga tradición —una tradición que tal vez coincida con la génesis misma de la antropogénesis, como ha sugerido Monica Ferrando — surge con naturalidad en las conversaciones que el Cézanne tardío mantuvo con Joaquim Gasquet, una serie de diálogos repletos de divagaciones y no pocas angustias. En un momento de estas conversaciones, Cézanne comenta, al referirse a la tradición pictórica: “Rubens… aquello pertenece a otra época. Vivimos el atardecer del mundo. La pintura, como todo lo demás, se está desvaneciendo…» [1]. La misma obra pictórica de Cézanne representa ya la pintura del atardecer del mundo, un mundo que se cierra sobre sí mismo; no tanto un mundo privado de ciertos elementos o hábitos, sino de un mundo privatizado en el ámbitos de la fuerza de la inteligencia y de la lógica. Esta estructura resulta ajena al pintor, quien solo se debe a lo que se ve y se revela, Cézanne le decía a Gasquet: “La pintura debe lealtad a esa visión. Nunca a la lógica del cerebro… y, si abandona esa lógica, está perdida. La pintura es, ante todo, una cuestión óptica» [2]. La inteligencia de la mirada nunca puede abonarse a la mera computación mental; y, de hacerlo solo podrá promover su propia catástrofe.

Sherena Razek / Intifada Elemental: cómo Palestina deshace el Antropoceno

Filosofía, Política

Escribí sobre el río y el mar, sobre el mañana y el sol,
y nada se obtuvo de ello.
Escribí sobre la opresión y la depravación —también sobre la pureza.
Dormí sin probar bocado de pan.
Soñé sin sueños.
Desperté sin echar de menos mis manos ni mis pies ni mi reflejo en el espejo
ni la cosa que llamo mi alma.
Morí y viví. Me prendí fuego a mí misma. Me apagué con mis propias cenizas,
y nada se obtuvo de ello.
Soy todos estos elementos, oh Dios: fuego, tierra, viento y agua.
Su quinto es un dolor que las canciones ciegas no pueden ver, su sexto es esta inmensa
soledad, y su séptimo, desde mi matanza, es la sangre.
Cuando ardí, habité las letras de mi nombre libre como una mariposa:
P A L E S T I N A
— Ibrahim Nasrallah, «Palestina», traducción al inglés de Huda Fakhreddine

La tierra es el único archivo al que acudo, y habita en mi cuerpo. Habla a través de mí en fuego, en árabe, en ausencias, en piedra, a través de hijas y de flores brotadas de la sangre de los mártires. He estado en Palestina solo dos veces en mi vida. La última vez, puse en práctica lo que había aprendido de otras mujeres palestinas sobre el arte de cargar con una patria. Introje clandestinamente dos pequeños recipientes de Palestina en mi equipaje: un contenedor de tierra recogida en Ein Karem, ungida con agua del manantial natural al que llegué a través de un mar de turistas bíblicos parlanchines —fuera de lugar y desconectados—, para mi hermano elegido en el exilio, que debía haber estado allí en lugar de ellos. El otro, de Burqa, era para mí. Cuando entregué unos puñados de Ein Karem a mi amigo más querido, hundió el rostro en la tierra y la respiró. A través de su aroma, regresó.

Mauricio Amar / Encontrar

Filosofía

Como se sabe, la lengua árabe no utiliza la cópula «ser» tan presente en las lenguas indoeuropeas (que no significa que no exista el concepto ser). Si quiero decir «yo soy filósofo» digo «anā [yo] failasūf [filósofo]». Esto significó un dolor de cabeza para más de un traductor cuando se trataba de traspasar el Ser aristotélico a la lengua árabe. La palabra preferida por los filósofos para el Ser, al menos desde Ibn Sina, fue al-wujūd [الوجود], cuya raíz ([و-ج-د] w-j-d) indica principalmente «encontrar», «hallar». Como salta a la vista, en la traducción el sentido de un concepto parece florecer, como si cada palabra estuviese habitada por puntos de fuga. Si hay razón en la idea de Werner Hamacher de que «una lengua es lengua solo en la medida en que ella es lengua para otra lengua –no en lugar de otra lengua, sino con miras a esta», debemos pensar en una nueva posibilidad para el ser que quizá está indicada en el encontrar. Porque encontrar es en realidad siempre una tarea fracasada, alegremente fracasada; en el momento mismo en que algo se afirma como verdad ha devenido otra cosa, se ha lanzado fuera de sí desde puntos imprevisibles. Encontrar implica haber buscado, haber corrido un velo, pero lo velado no es una simple relación entre lo que existe y lo que no existe, sino la condición misma de lo existente. El Ser, en este sentido, nunca es una esencia ni una sustancia, sino lo que exige la búsqueda, una necesidad que ha caída en el olvido, pero que no por ello deja de reclamar.

María Inés Zaldívar / Winétt de Rokha, bastante más que la esposa y musa de un famoso

Literatura

“Cóncavo, con estalactitas y estalagmitas,/ todo blanco, como el dedo de la mañana,/ y un tapiz rojo, ensangrentado y repitiéndose,/ donde mi zapatilla es una sola pepa de sandía”1, es el primer cuarteto del poema “Escenario de melopea en antiguo”, y: “Frío plano, de exactas dimensiones,/ el siglo XX cabe en una cancha de tennis” (20), el inicio de “Carcoma y presencia del capitalismo”. Una verdadera poeta, “sin dulzainas gelatinosas, ni barro verde”, dijo Vicente Huidobro acerca de la creación de esta autora, y al leer estos versos me parece que no cabe duda sobre esta afirmación2.

Después de la lectura de su obra poética –y ya bastando el poemario Cantoral (1925-1936) de donde provienen los versos anteriores–, he tenido la certeza de que Winétt de Rokha fue mucho más que la esposa y la musa de Pablo de Rokha. Por lo mismo, no he podido dejar de sentir que su ausencia dentro del campo literario contemporáneo es una omisión lamentable ante la cual, de alguna manera, hay que hacer justicia. He ahí la primera motivación de este trabajo.

Aldo Bombardiere Castro / Delfines

Literatura

Porque no engraso los ejes

Me llaman abandona`o

Si a mí me gustan que suenen

¿Pa`qué los quiero engrasa`os?

(Atahualpa Yupanqui)

El vaivén del microbús resultaba insoportable. Irregular, entrecortado, no dejaba de sacudir y acrecentar el malestar despertado por las olas de calor que asediaban a la ciudad. Lo único mínimamente rescatable era la distancia existente entre los pasajeros. Dispuestos en lejanía unos de otros, como accidentales piedrecillas desperdigadas en lo inacabable del desierto, la distancia entre aquellos cuerpos cansados erigía la barrera de un tenue anonimato. El bús circulaba lento. La ventilación era nula. A través de los cristales se dejaba ver el monocorde cemento de las calles, las invasivas coloraturas de los semáforos y centros comerciales, así como la desoladora ausencia de transeúntes. Todo ello despertaba en los pasajeros la sensación de soledad, de encierro y, sobre todo, de sopor. Un extraño malestar empañado por el desgano y la indiferencia. Pero había algo peor: el ruido. El autobús, evidentemente sucio y deteriorado, parecía librar sus últimas horas de utilidad, por lo cual emitía un ruido metálico tan tembloroso como el movimiento que le acompañaba. Ruido agudo, de tornillos desgastados o necesitados de lubricación, el cual por instantes, pese a su marcada arritmia percusiva, hilvanaba una efímera continuidad melódica, para inmediatamente volver a entregarse a la tiranía del ruido.

turquoise rabbit orchestra / Swapped Memories and Little Discoveries

Música, Sonido

Entremos un rato en este mundo sonoro que nos ofrece el proyecto sonoro japonés turquoise rabbit orchestra. Evidentemente la música de loops forma parte de nuestra forma de vida, o mejor dicho, se podría decir que es un síntoma de ella. El loop trae consigo una retención que involucra a la memoria, pero, al mismo tiempo, indica una pérdida, un recuerdo que mecánicamente se repite con la misma intensidad y los mismos parámetros sonoros y, sin embargo, nunca puede ser escuchado de la misma manera. Swapped Memories and Little Discoveries indaga en el ejercicio de la memoria, que convertida en loops, repeticiones de fragmentos, comporta siempre una diferencia.