Javier Agüero Águila / La escena no-originaria (la última puesta de sol)

Estética, Filosofía, Política


Sobre Antropoceno como fin de diseño de Alejandra Castillo, La Cebra, Buenos Aires, 2025

Pese a todo

Sostenía el historiador Fernand Braudel en sus Escritos sobre la historia: “Esta vez no era cuestión, únicamente, de reescribir”1. La frase, en principio, puede parecer simple; puramente descriptiva en su idea de escritura. Sin embargo, la cuestión va más de fondo si se asume que lo que buscaba decir Braudel es que hay en el hoy, en el suyo o en el nuestro, una urgencia (una exigencia si se quiere) que es la de volver a mirar una y otra vez, sin dejar que el espiral descanse, los flujos de la historia, sus movimientos imprevisibles; la historia como devenir de lo acontecimental pero a la vez de lo contingente que jamás será solo cacofonía de sí mismo. El presente nunca se repite, apenas puede tener una traducción o emparentarse con el pasado –que bien podría ser la eco venido de un antes que se transcribe como la actualización de una sola voz–; el presente no como una reescritura o incluso como una simple escritura, sino como un ejercicio soberbio, desbalanceado y que se precipita evitando el mosaico iconoclasta, el nimbo que busca cubrir con su aureola santa la precisión de los relatos sobre lo que fue, lo que es y de ahí en más. Al fin, todo pasaría por escribir sobre el mundo a pesar de la escritura misma, escribir en el palimpsesto –huella sobre huella–; verterse en lo arcano, en lo secreto que va, ahí, siempre siendo, sensualizando (pensamos aquí en Condillac) nuestras intuiciones o boicoteando las verdades que siempre serán transitorias y definidas al paso por las hegemonías políticas, estéticas y entonces hermenéuticas. Deberíamos saber, a priori, que “[…] cualquier tipo de huella tiene vocación de ser archivada”2. Así se abre un pórtico que deja traslucir aquella zona en que la escritura puede tener un efecto, un tempo, y expandirse en la insondable región de lo que aún no se archiva; lo que todavía no es palabra oficial, logos, regla, repetición del canon: “fin de diseño”.

Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación acerca de la máquina: imagen – musgo

Estética, Filosofía, Política

Una fisura. Algo se ha trizado. Más que algo: todo. Entonces, algo -que hoy es todo- se ha empezado a fracturar y, tal vez, a quebrar. Quizás todo se termine por quebrar. Sin duda. Con rabia y con esperanza. Aunque también, apenas sobreviviendo a la indesmentible nebulosa de la tristeza. Pero es cierto, es verdad, corazonada no requerida de comprobación: hoy, entre el acero, las placas y los tornillos, el musgo reverbera desde el mismo cataclismo del óxido. La sangre de los mártires derramada es el ácido y el presagio de la fertilidad. Porque el musgo que le parasita, más que oxidar, gesticula la inexorable implosión de la máquina.

Javier Agüero Águila / Violeta Parra y el tiempo de la flor maldita

Estética, Filosofía

Falta solo detenerse en un verso, uno solo, para que se nos revele la desproporción del mundo de Violeta Parra.

En el poema “Con mi litigio de amor”, aparecido en el libroDécimas, autobiografía en verso, (1957 y 1958), Violeta describe siempre la tesitura existencial como un invariable reflejo del mal:

Mis venas son un infierno que arden con fuego mortal

El verso es de una ira poética que quiebra; una gleba maldita en toda su magnitud y sin referente. Como lo decía su hermano Nicanor en una entrevista: “[…] ella no fue una estudiosa de la literatura […] No sé si conoció la palabra Rimbaud, la palabra Baudelaire […]”1. Sin embargo, si le hacemos frente al vibrato liminal que destilan estas palabras y que deambulan en la desesperación quemante del infierno, sabremos que Violeta nunca necesitó de fuegos ajenos, de clamores excéntricos o querellas prestadas.

Dionisio Espejo / Nuestras verdades y las de los otros. De Nietzsche a Derrida

Estética, Filosofía, Política

1. Contextos discursivos

El trabajo de la reflexión estética sobre el estatuto de la ficción, especialmente en el ámbito anglosajón, reducen la experiencia artística al marco psicológico. En ese contexto, la verdad se limita a nombrar una relación entre el sujeto, sus emociones y el objeto. De igual forma, todo el problema metafísico suscitado por la ficción artística y su inserción social e histórica se reduce a un compromiso individual. La apariencia y la exterioridad son interiorizadas. Sin embargo, no podemos considerar el concepto de verdad únicamente desde una perspectiva individual y psicológica. Sabemos que la verdad o la mentira solo pueden evaluarse dentro de un determinado marco o contexto social. Ahora bien, considerar que la verdad es una construcción social no implica que cada quien tenga «su verdad». Sí, la verdad es una construcción, pero social, no meramente psicológica, aunque también podamos reconocer que cada psique posee una determinada «voluntad de verdad» (Foucault). Nietzsche nos explica con detalle cómo se fabrica ese consenso que llamamos verdad: su estatuto lingüístico, su carácter conceptual como mera transposición de una serie de impulsos nerviosos y, en definitiva, su origen metafórico. Se trata de un cierto nominalismo nietzscheano, cuyo fundamento genealógico nos sitúa ante una posición originaria del acto de nombrar, que nunca es literal: el nombre nunca es el de la cosa en sí, sino una convención que atribuimos a la cosa.

Federico Ferrari / Esperanza ciega

Estética, Filosofía

La iconolatría contemporánea pervade todos los sectores de la vida. El mundo es permanentemente observado, escrutado, espiado y transformado en imagen. Tenemos imágenes de cada cosa, de cada aspecto de la existencia, de cada individuo singular. Podemos ver imágenes de los miembros de una tribu amazónica que nunca ha entrado en contacto con la civilización (imágenes obtenidas con una «cámara trampa»). Podemos deslizar por nuestras pantallas fotografías tomadas por robots en los planetas más remotos. Y, además, podemos observar imágenes satelitales de las masacres perpetradas en cada rincón del planeta. Nos hemos convertido en el ojo de Dios. Cada uno de nosotros se ha convertido en ese ojo.

Dionisio Espejo / Miento, luego existo

Estética, Filosofía, Política

1. Pasado y presente de la relación entre la burguesía y las ciencias y las artes

Una de las características más importantes de la cultura burguesa fue la capacidad de coordinar e integrar todas las esferas del sistema representativo entre los siglos XVI y XVII. Se estableció un orden bajo el que se integraban y se estructuraban aspectos varios que aparecían como partes de un organismo. Así sucedió con novedades tan importantes como las relativas a la concepción del poder contractual, la transformación operada por el cristianismo reformado, la valorización de las artes y sus significados, el desarrollo de la ciencia empírica y racional, la importancia creciente de la actividad económica capitalista, o el sistemático avance de las nuevas tecnologías mecánicas. Ahí está la clave del triunfo de la emergente burguesía, y el nuevo orden político-social, frente al sistema estamental y el feudalismo. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, hubo dos pilares fundamentales en los que se apoyó el poder de la burguesía: las artes y los saberes. El proyecto político se identificó con la praxis artística, así como con la investigación científica. Y es importante recordar aquella conexión para comprender el significado de la actual ruptura entre los diferentes componentes del programa burgués. Precisamente hoy, que nos encontramos en una nueva fase de lo que algunos han llamado “capitalismo cognitivo”.