«No creo en el mañana, quizá en pasado mañana», escribió Joseph Roth. ¿En qué creo yo? Ni en el mañana, ni en el pasado mañana -quizá en poscrà o pescridde, como creo que se dice en apulense el día después de pasado mañana. Pero en verdad creo más bien en nustérze (en el anteayer) o en el día anterior al anteayer. Es la comprensión y el conocimiento del pasado lo que falta hoy en día, y no sólo para los más jóvenes. Pero es quizá el tiempo lo que falta, en todos sus éxtasis y formas, porque el futuro que lo ha devorado está vacío y ya nadie cree en él, mientras que el presente es por definición invivible. El tiempo que necesitamos, sin embargo, no es nada de eso: es el aion o eón, que los antiguos representaban como un joven con alas en los pies posado sobre una rueda, al que sólo puede asir una brizna frente a su frente -la ocasión- y, si la dejas pasar, estás perdido para siempre.
Javier Pavez / Dos versiones de the task of the translator of Antigone de Anne Carson
Literatura, PoesíaEn Ficción de la razón presentamos Dos versiones de the task of the translator of Antigone de Anne Carson traducidas por Javier Pavez. El texto viene acompañado de fragmentos de la edición en inglés, en una apuesta visual y escritural del propio traductor.
Aldo Bombardiere Castro / Johann Sebastian Bach, creador de Dios
Estética, Filosofía, MúsicaBach revela lo insuperable. Luego de escuchar su música nos apresuramos a circunscribirlo en un concepto: una estética del dolor, por ejemplo. Pero ello sólo cumple la función de un remedo. Otras veces, aún temblando tras el vértigo de sus armonías, tendemos homenajearlo por actuar como un insigne explorador metafísico, cuyo arte se entendería en ligazón con el quehacer de quien busca a Dios en los pliegues y grietas de su propio sufrimiento. Bach puede ser eso, aunque nunca sólo ni suficientemente eso.
Gerardo Muñoz / El ícono vacante: elementos de la pintura de Laura Carralero
Estética, FilosofíaI. «Ícono». El espacio pictórico es la preocupación central de la pintura de Laura Carralero, aunque esto sólo se valida en la medida en que aceptemos su presupuesto: la operación del ícono. El imperio icónico ha sido elevado a tal altura en la apoteosis civilizatoria de nuestro presente (advertising, funcionalidad, señalética, diseño), que olvidamos que la querella bizantina se originó como regulación de la proskynesis timetike (adoración trascendental) entre la imagen redentora del Cristo y la sustancia racional de la naturaleza [1]. Como ha mostrado Gerhart Ladner, un erudito de la controversia iconoclasta, la unidad icónica constituía el pasaje entre la revelación del Cristo y la temporalidad del Mesías hasta la segunda hipóstasis. El ícono producía la iluminación de la forma. En manos de Carralero la iconostasis ya no promete salvación, sino que evacúa el tiempo de espera en una historia consumada y pobre en mediaciones simbólicas o plásticas. La tarea de la pintura admite el cese de la temporalidad para entrar la mirada en el umbral de la proskynesis timetike. Se trata de un desalojo que da lugar no tanto a una economía de las cosas de este mundo, sino a aquella morada que no depende de los subrogados de la actividad metafórica. De ahí que la iconicidad evasiva de los cuadros de Carralero sean el reverso de la fuerza icónica que hoy organiza el ámbito de la moral metropolitana. La publicidad admite el juego de las cosas (res), pero siempre y cuando ésta sea traducida en objeto.
Tariq Anwar / Cyborg
FilosofíaHemos llegado no al límite de lo humano, sino de su era. La tierra muerta, plástica, que los humanos formaron con tanto empeño, le muestra de vuelta una sonrisa. “No soy tu casa” dicta el mandamiento, no falto de ironía. Ahora los cuerpos pueden proliferar en sus formas, llenándose de toxinas y drogas para devenir cyborg. No menos humano, sino cyborg. No simplemente uno de los animales técnicos, sino aquel que sólo de la técnica puede vivir. Cuerpos máquina, amplificados a distancia, modificados en sus células, siempre peligrosos, siempre añorando menos la comunidad que la época en que se erigía como soberano del mundo. Un gobernante derrocado por los efectos inesperados de sus propias ganas de quemar el mundo.
Ruhail Qaisar / Fatima
Música, SonidoImagina que vuelves a tu tierra natal y te das cuenta de que ya no te parece tu hogar. Las zonas agrarias permanecen, pero la pobreza es elevada. Los militares ocupan la ciudad, y el turismo ha transformado el municipio en una caricatura. Las infraestructuras se desmoronan, el aire y el agua se han contaminado y los habitantes sufren atrocidades. La única forma de ganarse la vida es participar en el sistema: servir a los que pasan, haciendo la vista gorda.
Esta es la situación a la que se enfrenta Ruhail Quisar, que transforma sus impresiones en un aullido herido y roto que culmina en un grito literal. Ladakh y Leh ya no coinciden con su memoria. Fátima, descrita como «un réquiem a un futuro muerto», suena oscura, decaída y herida. Comunicándose a través de electrónica deshilachada y palabra hablada, Quisar produce algo húmedo e industrial, ajeno a las tradiciones musicales del Himalaya, pero adecuado: una fábrica llena de narradores desilusionados. «Fatima’s Poplar» se disuelve en un zumbido; «Sachu Melung» comienza con un ladrido. Amplifica el patetismo la falta de reconocimiento de los músicos de Ladakh; y, sin embargo, Quisar se preocupa, ama, escribe, preserva la historia en forma sonora. El «problema de transmisión» mencionado en la primera pista se convierte en una serie de ráfagas frías en la segunda, ahogando un latido en una fuerte abrasión estática. Uno piensa en la cultura asaltada, en los sueños pisoteados. En la portada, el artista aparece casi sumergido.
