Gonzalo Delamaza / Ensayando. Reflexiones sobre No-Literal. Ensayos de filosofía en órbita de Javier Agüero Águila

Filosofía, Política

El libro

Un libro bellamente realizado, un libro diverso, un libro breve. Una escritura que propone pistas y las sigue, con ayuda de algunos predilectos, Derrida y Deleuze, entre ellos. Un libro sorprendentemente manufacturado en Villa Alegre, según dice su pie de imprenta. ¿Cuándo antes se imprimieron textos en Villa Alegre? Seguramente cuando existiría algún periódico local que hoy nadie recuerda.1 Para mi ese pueblo está asociado a la chicha dulce y a un encuentro fortuito de hace unos treinta años: entré a un negocio y me encontré “a boca de jarro” con la imponente figura de Sergio Onofre Jarpa vestido (disfrazado) de huaso. Fue una imagen luciferina, se los aseguro. Este libro, a su modo, la conjura un tanto. Le agrega matices a la chicha y al diablo de Villa Alegre.

Pero Javier Agüero ha escrito y publicado varios volúmenes con palabras propias y acopiando las de otros en entrevistas, citas, referencias y demás. Y debo decir que publicó un libro que me hubiese gustado hacer a mi: Conversaciones sobre un Chile que no fue. También tiene un programa de radio, escribe columnas en medios diversos y junto con eso lleva adelante un programa de investigación filosófica consistente. Dialoga e intercambia permanentemente con colegas de otros países. Este libro ya ha sido referenciado por varios filósofos y filósofas, al parecer más dialogantes que los cientistas sociales. Todo ello lo ha hecho radicado primero en Maule y ahora en su natal Osorno. Hoy le estreché la mano por primera vez, pero nuestros intercambios virtuales hacen que lo aprecie como una persona amablemente seria, nada grave a pesar de su filosofar ilustrado, nada pretencioso a pesar de su formación académica francófona y deconstructivista, más bien propensa a eso. Y haciendo lo mismo que muestra el libro: proponer pistas tratando de seguirlas. Sin agotarlas. Como invitando a seguir pensando.

Comunismo Acéfalo / Más allá de la burocracia y el culto a la acción: Notas sobre la protesta y la imposición del orden social

Filosofía, Política

¡Un oasis de horror en medio de un desierto de tedio!” Charles Baudelaire

Introducción

El acelerado ritmo que ha marcado los anuncios de las medidas económicas de la actual administración vuelve difícil estar constantemente al tanto de cada una. Muchos se han referido a esto cómo una estrategia que busca saturar los medios y desorientar a la oposición, lo que Steve Banon (el ex-estratega de Trump) ha denominado “inundar la zona”1. La rápida reducción de apoyo popular hacia Kast y su gobierno (del 50% al 43%) no parece de importarles, después de todo a sus ojos el apoyo del “pueblo” fue necesario para llegar a la Moneda, pero el que perdure o no durante el gobierno, es algo meramente accesorio. 

No podemos comprender la estrategia de Estado del nuevo gobierno, sin dar cuenta de sus fundamentos en un ideario conservador, antiigualitario y antiilustrado cuyas inspiraciones trazan una línea desde Diego Portales a Jaime Guzmán. Para el nuevo gobierno es preferible que la democracia liberal y sus fundamentos queden progresivamente al margen, —pero siempre con el cuidado de no romper con ella formalmente—, para, en su lugar, imponer un orden social implacable que no tema hacer uso constante de la fuerza represiva del Estado, y que permita la proliferación de la ganancia por parte de los grandes conglomerados empresariales del país.

Tariq Anwar / La estupidez hegemónica del fascismo

Filosofía, Política

Hay una observación de Gramsci que merece ser releída con más lentitud de la habitual: que el poder hegemónico no se impone, se consiente. No es la fuerza lo que lo sostiene en última instancia, sino algo más perturbador: la capacidad de hacer que lo absurdo parezca sentido común, que lo grotesco parezca el único orden posible de las cosas. Trump no es entonces una aberración, no es el accidente que interrumpe el curso normal de la historia. Es, al contrario, su figura más transparente, el momento en que el sistema deja caer la máscara y muestra sin pudor lo que siempre ha sido. Lo más inquietante, sin embargo, no es Trump. Lo más inquietante es que ya no nos hace reír. Y no porque el fascismo sea demasiado serio para la risa —la risa ha sobrevivido a cosas peores— sino porque ha aprendido a ocupar él mismo el lugar del payaso, a anticipar la burla, a hacer del ridículo su propia coraza. Chaplin pudo reírse de Hitler porque Hitler todavía pretendía ser solemne. El fascismo de hoy no pretende nada: se ofrece directamente como espectáculo, se adelanta a su propia parodia. Y en ese movimiento nos roba algo que quizás no sabíamos que teníamos: la distancia necesaria para reír. La risa exige un afuera, un lugar desde el cual la farsa pueda verse como farsa. El fascismo contemporáneo trabaja metódicamente para clausurar ese afuera, para que no quede ningún punto de apoyo desde el cual el mundo pueda aparecer como lo que es.

Mauro Salazar J. / Pinochetismos híbridos. Persistencia espectral y sintaxis de los cuerpos

Filosofía, Política

La hacienda no fue tierra: fue gramática, fue látigo inscrito en la carne oscura. Alguien firmó el dieciocho y el dieciocho se hizo mito, se hizo cueca, se hizo la forma exacta del miedo que se viste de bandera. El cuarenta y cuatro por ciento no votó por un hombre: votó por seguir siendo legible en el orden que los hizo sombra con nombre prestado. Borrarlo sería borrarse. La traza no cede.

La formulación misma del problema (despinochetizar) no significa que el tiempo está fuera de quicio, sino que contiene su propia clausura. No se trata de un fracaso operacional de la «transición», de su pedagogía cívica, sino la evidencia de una dificultad geográfica que las ciencias sociales -y los actores políticos- se han resistido sistemáticamente a reconocer en el orden de lo diacrónico-temporal: la despinochetización, como ilusión metafísica de la reversibilidad, es impracticable porque implicaría la deschilenización de una arquitectura oligárquica, racista y autoritaria de un modo que precede y excede a Pinochet, y persiste después de su muerte física como sustrato político-cultural activo. La política de la conjuración, con sus trazas y herencias, se mantiene suspendida porque la hacienda, la encomienda, el vasalle y el racismo fundacional se mantienen en vilo. Una tarea que, sin negar los afanes reformistas (1990), trasciende cualquier agenda transicional y que las ciencias sociales, aún presas del empirismo del presente no han querido, todavía, comenzar. El «cuerpo colonizado-hacendal» no fue simplemente explotado: fue ordenado semánticamente. La hacienda produjo una sintaxis de la carne, un sistema de posiciones que distribuía la voz, la obediencia y la pertenencia según coordenadas que nada tenían de naturales. La encomienda no fue, en primer lugar, un dispositivo económico: fue una operación metafísica que separó a los seres con densidad ontológica propia de aquellos condenados a existir solo como funciones de otro.

Luis Ángel Campillos Morón / maninfecsto. la monstruosidad autista

Estética, Filosofía

preludio

Maninfecsto es un texto fragmentario, susurrante, tartamudo, desviado y testarudo. Los márgenes vibran y estallan. Los contornos de las letras se contonean, se desnudan y desaparecen. Emergen líneas después, de improviso. La raíz de manifestar alude a golpear (festus) con la mano (manus). Como cuando alguien golpea la mesa y manda callar. El sentido clásico del manifiesto supone precisamente eso, un golpe en la mesa-mundo, una llamada de atención y, en muchos casos, cierta amenaza. Pero no basta con mandar callar, evidentemente, pues ese es también ser el punto de inflexión hacia un nuevo orden autoritario. ¿Qué se quiere conseguir? ¿En qué sentido se pretende transformar el mundo? Alejándonos de cualquier forma de sistematización cerrada y opresiva, nos-otras hemos incluido ciertas anomalías. En primer lugar, en el propio término maninfecsto que trastorna el manifiesto clásico, una “n” para que pueda irrumpir el verbo infecstar, compuesto por infectar e infestar. La diferencia semántica entre estas dos acciones se basa en el criterio humano de la visibilidad. Infectan microorganismos como virus o bacterias, infestan macroorganismos como ratas. El primero sugiere una amenaza permanente, pues, a causa de los clásicos umbrales sensoriales humanos, no podemos percibir directamente estos seres minúsculos. El segundo resulta más evidente, salta a la vista, como es el caso de una plaga de langostas. “Este lugar está infestado de ratas”, decían los nazis. “Este lugar está infestado de palestinos”, dicen los sionistas. “Este lugar está infestado de inmigrantes, negros, transexuales…”, dicen Trump y sus esbirros. Sin embargo, no pueden decir, por lo menos todavía, que cierto lugar esté infestado de virus o bacterias. Por ello, convertirnos en estos seres minúsculos es clave. Devenir-minoritarios, en el sentido de Deleuze y Guattari. Debemos poder infectar el Sistema para que nuestros efectos devengan observables (mayúsculos), de ahí la importancia de la invisibilidad y el anonimato. Ahora bien, no solicitaremos derechos de propiedad de los logros obtenidos. Estos no son más que brechas, goteras, grietas, agujeros. No formaremos parte del espectáculo, no nos convertiremos en partido político. La impureza, la hibridación y la imperfección son nuestras señas no identitarias.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: La cruz de Cristo

Filosofía

Pureza y Resurrección

Cristo en la cruz sólo cobra sentido a partir de Cristo despojándose de la cruz, caminando por la eternidad tras bajarse de ella. Su muerte representa tanto el calvario del via crucis como la superación del mismo. La resurrección apunta a nacer de nuevo en un trasmundo verdadero, no a renovar la infamia de éste. Pero, a ojos del cristianismo, la Resurrección tampoco significa aniquilar este mundo, sino purificarlo: lavarlo de sus pecados antes de llevárselo consigo. La falaz apropiación de una pureza ya desde siempre apropiada como propia. Pretendiendo no negar al mundo, sino asumiendo su carácter especular, se busca integrarlo a una dimensión sagrada y aún más verdadera que la dimensión mundana: reconocer a la criatura humana hecha a imagen y semejanza de Dios, sería sinónimo a valorar y salvar a la creación mundana sólo en cuanto semejante al Creador. La cruz es el ideal de aquella muerte, supuestamente, destinada a la eternidad: lo que Resucita no es simplemente Cristo, sino Cristo en cuanto crucificado logra vencer a la muerte. He ahí que la cruz es, a la vez que fe, imposición: voluntad divina y digna aceptación del sufrimiento, pero siempre con miras al paraíso.