En un libro publicado en Leipzig en octubre de 1844 por el editor Wigand hace su aparición un tipo de hombre hasta entonces absolutamente desconocido, que a los contemporáneos les pareció inadmisible e inaudito, pero que entretanto se nos ha vuelto perfectamente familiar: el hombre que, como se lee en la primera y en la última página, «ha fundado su causa en la nada», es decir, un ser en el cual la disolución de toda fe y de todo valor ha alcanzado su forma extrema, ciertamente el primer y el insuperable nihilista, pero a condición de precisar que el nihilismo que aquí está en cuestión se ha convertido hoy en la condición normal de la humanidad. El libro se titula El único y su propiedad, autor Max Stirner.
Autor: DAE
Mauro Salazar J. / ¿Iliberalismo? La fabricación editorial de lo posible
Filosofía, Políticaa Nelly, que hizo del fragmento
una forma política.
Hay palabras que llegan a la política después de haber hecho carrera en las páginas de opinión. «Iliberal» es una de ellas. Su circulación reciente en Chile revela algo más interesante que aquello que pretende describir: muestra cómo una categoría puede transformarse en un recurso editorial, en una contraseña moral y, finalmente, en una tecnología de distinción política. Allí donde debería existir una discusión sobre las transformaciones efectivas del poder, o bien, en democratizar los circuitos institucionales, límites institucionales, relaciones con los intereses privados y sus formas de concentración, aparece una palabra que parece resolver anticipadamente el problema. Se nombra al adversario como «iliberal» y, con ello, se produce una escenografía en la que unos quedan del lado de la democracia y otros del lado de su amenaza.
Gerardo Muñoz / El basural de la lengua
FilosofíaEn “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, encontramos una descripción extraordinaria que equipara el nominalismo absoluto con un enorme basurero, un recinto lleno de basura. En ese momento del relato el narrador nos dice: “Y también hacia elba: mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras” [1]. La absolutización de la memoria, sin olvido ni posibilidad de olvidar, convierte todos los nombres posibles e imaginables en algo ya presente, pero también inútil, hasta el punto de que no pueden ser pronunciados, y mucho menos recordados a distancia. El mundo de Funes es análogo al diseño tecnológico en el que nos encontramos hoy: la llamada “Inteligencia Artificial” recuerda cada nombre y cada entidad como si seleccionara objetos de un contenedor del basural. Da igual si los nombres elegidos son correctos o falsos; precisamente porque el acto de nombrar como tal ya no posee el encanto que confiere la divinidad de la voz. Cuando el lenguaje se convierte en un “vaciadero de basuras”, ya no existe ninguna relación entre el recuerdo y la voz humana que durante siglos ha sido la fuente de los afectos.
Sarah Hennies / Bodies of Water
MúsicaBodies of Water condensa dos piezas de cámara compuestas entre 2017 y 2018 que operan como estaciones de un mismo sistema: la exploración henniesiana de la repetición sostenida como revelación tímbrica. Sarah Hennies (percusionista, compositora autodidacta y figura central de la música experimental contemporánea estadounidense) ha construido una poética sonora donde lo mínimo se vuelve operativo: la iteración de gestos aparentemente simples despliega capas de complejidad acústica y afectiva que solo se manifiestan en la duración. Bodies of Water debe escucharse en el contexto de las preocupaciones persistentes en la obra de Hennies: la psicoacústica (cómo el oído construye percepción a partir de estímulos repetidos), la identidad queer y trans (el cuerpo como materia mutable, el agua como metáfora de fluidez), y la condición social de la escucha (quién escucha, dónde, en qué condiciones).
Tariq Ali / ¿Quién es el enemigo? Sobre el Salvaje Oeste y quienes le resisten
PolíticaAlgunos hechos necesitan ser enfatizados de nuevo. La guerra desatada por Israel y Estados Unidos contra Irán ha fracasado estrepitosamente. Un alto al fuego temporal aún se mantiene, pero ¿por cuánto tiempo? Tanto EE. UU. como Irán son conscientes de la fragilidad del estancamiento actual. El tráfico por el estrecho de Ormuz sigue severamente limitado a pesar de los pronunciamientos de Trump, y los hutíes tienen el estrecho de Bab-el Mandeb en su punto de mira. La última amenaza de sanciones adicionales por parte de EE. UU. contra Irán está siendo considerada por Teherán como un nuevo acto de guerra, lo que los israelíes deben haber recibido como una noticia bienvenida, decididos como están a mantener la guerra en curso. Mientras tanto, a pesar de serios desacuerdos entre el Pentágono y la Casa Blanca (incluyendo la preocupación del vicepresidente estadounidense de que Hegseth y otros altos funcionarios del Pentágono están subestimando el agotamiento de las reservas de municiones estadounidenses), no hay en marcha ningún intento serio de asegurar una paz duradera. Los términos iraníes, tal como se esbozan en el Memorando de Entendimiento, han sido descritos como «duros» y «severos», pero siguen siendo la única base para un acuerdo serio que proteja la soberanía iraní. Más allá de la fanfarronería incesante de Trump, su régimen está en problemas y él lo sabe. Los israelíes, excesivamente confiados y desechando todas las leyes relativas a la guerra, han visto sus propias ciudades bombardeadas y atacadas con drones, cientos de ciudadanos de doble nacionalidad huyendo del país y sus vínculos con los Estados del Golfo (salvo los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita) considerablemente debilitados.
Julio Cortés Morales / El fascismo según Guy Debord
Filosofía, PolíticaEn “La sociedad del espectáculo” (1967) el situacionista Guy Debord dedica al fascismo la tesis 109. Ahí señala que entre las dos guerras “el movimiento obrero revolucionario fue aniquilado por la acción conjugada de la burocracia estalinista y del totalitarismo fascista, que había adoptado la forma de organización del partido totalitario experimentado en Rusia”. Un claro ejemplo de la decisiva acción conjunta de ambas fuerzas contra-revolucionarias fue España en 1936, aunque por supuesto la mitología “antifascista” de la izquierda autoritaria señale otra cosa, pues prefieren verse a sí mismos como enemigos eternos del fascismo.
Lo cierto es que existen evidentes semejanzas entre estalinismo y fascismo, a las que varios se han referido desde posiciones comunistas antiautoritarias: desde el marxista y freudiano disidente Wilhelm Reich, que distinguía entre “fascismo negro” y “fascismo rojo”, al comunista anti-partido Otto Rühle -que junto a Gorter y otros fueron tildados por Lenin como infantilistas de ultraizquierdista-, y que en su muy poco conocida obra “Fascismo pardo y fascismo rojo” (1939) describe minuciosamente la deriva anti proletaria y contrarrevolucionaria del partido bolchevique, y sus perniciosos efectos en Alemania1.
