Miguel Ángel Hermosilla / La caída de la crítica y el estallido de la universidad: Una lectura del genocidio en Palestina

Filosofía, Política

Vino con todos sus ungüentos

Vino fingiéndose la luz,

Vino con átomos sangrientos,

Vino demócrata y con cruz.

La virgen de Occidente.

A propósito del fin de la Universidad moderna, que describe Rodrigo Karmy, en La Universidad estalladaPalestina y el devenir de las humanidades, y la desesperación impotente del juicio, la crítica y del discurso universitario respecto de la implosión de la academia, que muestra el fin de una frontera entre un interior/ exterior, expresada en el agotamiento del vínculo moderno entre inteligencia universitaria y mundo social, que habría sido establecido por la soberanización del pensamiento en la Universidad estatal del sujeto moderno, a decir de Thayer, en “La crisis no moderna de la universidad moderna”1, y las nuevas formas de hegemón financiero fundado por las políticas neoliberales a partir de los setentas en gran parte de las sociedades contemporáneas. Nos proponemos aquí, entonces, a partir de una cierta modalidad de diálogo con el texto de Rodrigo Karmy, interrogar la aporía analítica de pensar, el estatuto de la crítica y su relación con la axiomática del capitalismo global integrado, atendiendo a la pregunta; ¿de cuán universitario es también el capital financiero, en tanto que tecnología y administración académica del pensamiento? En ese escenario discursivo, la discusión que Karmy abre respecto de la implosión de la razón universitaria, en el contexto de la violencia genocida del fascismo sionista en Palestina, nos invita a pensar y problematizar, también: ¿Cuál es el lugar de la universidad y la crítica hoy?, ¿qué derroteros epistémicos le esperan al pensamiento, en el paradigma de lo que podríamos denominar; “la caída de la crítica en la facticidad de la violencia equivalencial?”.

Mattia Acerbo / Por qué no debemos salvar el planeta

Filosofía, Política

El planeta no nos necesita. La Tierra ha atravesado glaciaciones, extinciones masivas, colisiones, cambios atmosféricos, catástrofes geológicas. Seguirá existiendo después de nosotros, incluso después de la desaparición de la especie humana. Desde este punto de vista, hablar de «crisis del planeta» es ya una forma demasiado humana de ver las cosas: significa confundir la crisis socioecológica de las condiciones de vida con una crisis del planeta en sí mismo, como si la humanidad fuera todavía su centro indiscutido. Como sostiene Chakrabarty, desde el punto de vista del planeta inorgánico no tiene sentido hablar de crisis.

También la fórmula «salvar el planeta» parece inocente. En realidad, conserva algo de la antigua fantasía soberana de la modernidad: la idea de que existe, por un lado, un sujeto humano investido de una misión salvífica y, por otro, una naturaleza reducida a objeto pasivo de tutela; por un lado el salvador, por el otro la criatura herida. La salvación se convierte así en el reverso moral del proyecto moderno de dominio sobre la naturaleza. Como si la humanidad fuera el príncipe de un cuento ecológico, llamado a salvar una naturaleza indefensa después de haberla puesto en peligro.

Julio Cortés Morales / Diferencia y repetición. Sobre “Fascismo tardío. Raza, capitalismo y las políticas de la crisis” de Alberto Toscano

Filosofía, Política

Las relaciones sociales han sido capturadas por esta extraña mitología del capital (…) El capital barre a los hombres en esta aterradora maquinaria; es un fantasma con miembros de acero” (Guterman y Lefebvre, 1934).

Cuando la actual oleada de extensión global de la extrema derecha parece al fin exhibir signos de agotamiento (arresto de Bolsonaro, caída electoral de Orbán, desplome de la popularidad de Trump por la incursión fallida en Irán), tras varios años de ascenso imparable que no fue percibido inicialmente por una izquierda que andaba preocupada de cualquier otra cosa, la literatura sobre fascismo y nuevas derechas llegó a ser masiva. En general dicha literatura provino de sectores que políticamente denunciaban los avances populistas autoritarios entendiendo las derivas o potencialidades fascistizantes de nuestro tiempo como anomalías de la democracia liberal. Otros autores y textos se dedicaron a construir check-lists que sirvieran para detectar el peligro de reaparición de los fascismos, tratando de evitar los triunfos electorales de sus nuevos líderes (Milei, Le Pen, Meloni, Kast, etc.).

En las antípodas de esa literatura liberal y/o socialdemócrata, tenemos “Fascismo tardío. Raza, capitalismo y las políticas de la crisis”, obra del italiano Alberto Toscano editada en inglés por Verso en el 2023 y en español por Akal el año 2025. En el 2023, poco después de haber terminado de escribir “La religión de la muerte. Postscriptum sobre viejos y nuevos fascismos”, alguien me envió una versión en pdf del libro de Toscano en inglés. Tras verificar con sorpresa que en la dedicatoria del libro se incluía la leyenda “Y en recuerdo de Lumi Videla (1948-1974) y de quienes lucharon contra el fascismo en Chile hace cincuenta años”, traduje al español el Prefacio1, y lo envié a un mail del autor que encontré en internet. Alberto agradeció el gesto, y me contó que estaba en preparación la edición en español.

Jean-Luc Debry / La gente es tonta. La buena consciencia y el fascismo que viene

Filosofía, Política

¿Por qué existe tanta complicidad con el viejo fascismo y por qué semejante aceptación del nuevo fascismo? Porque hay —y este es el quid— un principio rector común a ambos, ya sea sincero o insincero: la idea de que el mayor mal del mundo es la pobreza y que, por lo tanto, la cultura de las clases más pobres debe ser sustituida por la cultura de la clase dominante. Pier Paolo Pasolini, Cartas luteranas, 1983

La frase «La gente es tonta»[1], pronunciada en un arrebato de rabia alimentado por una decepción inconsolable tras unas elecciones marcadas por los avances y el arraigo local de la Agrupación Nacional (Rassemblement national-RN) —y ante las amenazas que su éxito supone a escala nacional si ganara las elecciones presidenciales—, es un auténtico eslogan, casi un manifiesto. Esta amarga constatación refleja un sentimiento de superioridad ligeramente desilusionado que bien podría ser una de las explicaciones de esta profunda fractura, la cual alimenta una tendencia cada vez más amenazadora, sobre todo desde que Trump está en la Casa Blanca y proclama a los cuatro vientos su determinación de imponer una versión contemporánea del fascismo con todos los atributos de una contrarrevolución victoriosa. Es, me parece, en su versión menos explícita pero igual de implacable del «no nos juntamos con esa clase de gente», el producto de antagonistas que fomentan una atmósfera vengativa de muy mal agüero.

Colapso y Desvío / Notas sobre la organización y la práctica para los siguientes ciclos de lucha

Filosofía, Política

Desplazar la mirada hacia lo que está pasando en otros lados puede darnos un respiro que nos transmite fuerza y coraje cuando nuestro “hogar” se vuelve oscuro e insoportable. Porque en algún lugar sobre esta Tierra, siempre habrá gente que se organiza, que lo intenta, que no se da por vencida”. Manifiesto, Los Pueblos Quieren

1. La revuelta y sus formas

Pese al fatalismo que naturalmente pueda despertar nuestro presente, los genocidios, el desplazamiento forzado y las catástrofes ecológicas no son la única cara de la época que habitamos. Las revueltas, aunque focalizadas y, como no podría ser de otra forma, contradictorias, permiten dar cuenta de la fragilidad del actual estado de las cosas y, finalmente, de las posibilidades de habitar y organizarnos que se hallan entre las brechas del orden y los intersticios de la lógica capitalista. 

Al cabo de unos meses, durante el ciclo de revueltas anterior, tanto en China, cómo en Ecuador, Chile y Estados Unidos, los distintos movimientos de revuelta experimentaron casi simultáneamente la producción de formas nuevas (o, a veces, no tanto) de organizar su lucha, relacionarse entre sí y hacer uso del espacio que habitaban. De estas experiencias destacan diversas acciones, gestos, afectos y conocimientos prácticos que en la medida en que se demostraron efectivos, se buscaron reproducir hacia la totalidad del movimiento de revuelta, llegando a influir el curso de la lucha en distintos territorios. Extender el conocimiento de estas experiencias de lucha de otros territorios y de las ocurridas en el propio durante el pasado es un momento fundamental en la evolución de toda revuelta.

Este es el caso de, por enumerar algunas, el saboteo a maquinaria extractivista, los saqueos masivos, la evasión del metro, la quema de infraestructura estratégica y la destrucción de monumentos simbólicos para la historia del partido del orden (la “vandalización” a estatuas de figuras coloniales y la quema de la iglesia de carabineros). Pero también de las ollas comunes, las barricadas, grupos de primeros auxilios, asambleas autoconvocadas y de la solidaridad práctica con los presos políticos, y otras formas de solidaridad activa que buscan sostener-nos en la vida cotidiana. Cada acción, ya sea defensiva u ofensiva queda registrada en el arsenal de estrategias y tácticas proletarias (en su noción más amplia). El paso de un ciclo de luchas a otro suele estar marcado en la manera en la que se abandonan y/o se readaptan al presente las distintas formas prácticas y organizativas que caracterizaron a los levantamientos del pasado. El éxito en esta readaptación se demuestra en la medida en que el movimiento de revuelta sea capaz de llevar más lejos el potencial de ciertas prácticas, o de mantenerlas, con sus metamorfosis y procesos de adaptación.

Mauro Salazar J. / Quiróz. Vamos a seguir gobernando igual

Política

Vamos a seguir gobernando igual, porque también existe la gestión y también están los decretos». La frase pronunciada hace horas por el titular de Hacienda en el seminario de Clapes UC merece detenerse: no por su contenido programático, apenas la defensa rutinaria de una megarreforma en aprietos, sino por el desnudo formal con que la lengua del poder se deja ver allí, sin retórica, sin pliegue, sin esa cortesía parlamentaria que en otros tiempos cubría la operación con el barniz de la deliberación. Hay en esa frase un gesto que, leído bajo cierta clave, la que cierta tradición centroeuropea dejó como herencia para entender los engranajes íntimos del mando, resulta intolerablemente legible.

Habría que comenzar por el verbo. Seguir. Continuar. La declaración no anuncia un proyecto sino una inercia, y en esa inercia se condensa la operación más antigua del poder: aquella que se sostiene no en la legitimidad del acto sino en la mera capacidad de durar. El que sigue gobernando igual, independientemente del Congreso, independientemente del dispositivo deliberativo que la modernidad llamó parlamento, ejecuta el viejo gesto del superviviente, esa figura que constituye, según ciertas páginas inolvidables sobre los engranajes del poder, el corazón mismo de la lógica soberana. Sobrevivir al rechazo legislativo, sobrevivir a la inflación, sobrevivir al malestar, sobrevivir al desempleo. La política se vuelve técnica de permanencia, y no necesita aprobar nada: solo necesita estar.