Mauricio Amar / Backrooms

Cine, Filosofía, Política

El film Backrooms (2026) del joven director Kane Parsons es una de las mejores representaciones en el cine del estado de ánimo de nuestra época. Las interpretaciones pueden ser múltiples. Estamos en una realidad física de varias dimensiones donde la realidad va generando memorias de sí misma cada vez más degradadas, creando pasadizos de estructuras poco lógicas pero que sin embargo se sostienen. Podemos estar dentro de la psiquis de un hombre, mal que mal se trata de un diálogo entre psiquiatra y paciente, de modo que todo podría ser parte de su imaginación, cada vez más deteriorada, llena de fantasmas como su propia esposa y una versión bizarra de sí mismo (medio sultán, medio pirata, soberano y bandido) que termina devorando, como la locura misma, al hombre en busca de ayuda. Lo que me parece plenamente epocal es, sin embargo, la idea de un espacio que al abrirse sólo encuentra una réplica inquietante de sí misma, cuestión que, si miramos bien, sólo evidencia dos operaciones ligadas de nuestra sociedad del espectáculo.

Giorgio Agamben / Una vía de salida

Filosofía, Política

A menudo, en la extendida conciencia de que estamos viviendo el fin de una cultura, surge la exigencia —o la esperanza— de un nuevo comienzo, es decir, que tras el derrumbe de una larga tradición, una nueva y más viva llegue tarde o temprano a existir. Contra esta ingenua expectativa, conviene recordar que no necesitamos un nuevo comienzo, sino una vía de salida. Admitido que un nuevo comienzo fuera posible, todo entonces recomenzaría como antes, quizás con ideas y proyectos diferentes, pero siempre dentro del surco de una época histórica y de una tradición de algún modo homogénea a la anterior. Tras el colapso de la historia de Occidente, lo último que podemos desear es una nueva época histórica; queremos más bien acabar de una vez con las épocas, salir para siempre y no simplemente recomenzar. ¿Salir hacia dónde? No podemos decirlo, pero esto es bueno: nuestro silencio es más precioso que las chácharas sobre los rasgos de un improbable futuro, que traicionan su solidaridad con el pasado repitiendo fórmulas rancias como «nuevo o post- o transhumanismo». Como dice el simio del Informe académico, que se ha convertido en algo radicalmente otro: «No quería la libertad, solo una vía de salida».

Giorgio Agamben / ¿Dónde están los justos?

Filosofía, Política

¿Quiénes son los justos? ¿Qué significa ser justo? Ciertamente no se trata de una cualidad de un sujeto, de un atributo de este o aquel hombre, de esta o aquella mujer. La justicia —ha escrito Benjamin— es un estado del mundo, es una dimensión del ser, no de la voluntad o de la intención. Justas son las cosas, decía Spinoza, cuando las ves no en un cierto tiempo o en un cierto lugar, sino cuando las ves en Dios. Por eso la justicia es algo que no puedes nunca tener, sino solo contemplar. Y, sin embargo, cuando ves las cosas como son en Dios, el ser flor de esa flor, el ser sonrisa de esa sonrisa, el ser inocente de ese inocente, entonces sientes una exigencia a la que no puedes sustraerte, una exigencia que no te pide ni te manda nada, sino que actúa en ti más allá de toda voluntad o de toda intención —es así, y no hay nada más que hacer. No olvidaré jamás las palabras de una muchacha que formaba parte de una organización de la resistencia en un país ocupado por los nazis. Había sido arrestada y torturada y no había hablado. Cuando fue liberada, los compañeros querían celebrarla como a una heroína, le decían que si había logrado soportar la tortura era por la fuerza de sus convicciones políticas, por su fidelidad a la causa y similares tonterías. Pero ella movía la cabeza y decía solamente: no, lo hice porque así me gustaba, por capricho. Había visto la justicia, había sentido una exigencia que la superaba por todas partes, pero no había pensado un solo instante en ser justa, en que la justicia pudiera pertenecerle. Si solo hubiera creído en la justa causa, pero no hubiera visto la justicia, habría cedido a la tortura, habría hablado.

Mauro Salazar J. / Nuestro despojo. Por qué un país de apellidos no es un país

Filosofía, Política

Un archivo de la cuestión social

Empiezo por una sospecha: en Chile el apellido no nombra, clasifica. No dice quién es alguien; dice dónde va. Es una contraseña que se hereda, una carta de recomendación escrita antes de nacer o una condena firmada por otros. Un estudio leyó los apellidos de más de cuatro millones de santiaguinos y dibujó con ellos el mapa que el país no quiere mirar: el de una oligarquía que se enlaza solo consigo misma, que necesita cuatro saltos para tocar al resto de la ciudad, que vive cerca en el plano y lejísimos en la sangre. Tal lista se lee como se lee una trampa: por lo que atrapa y por lo que deja escapar. El estudio existe, tiene nombre y fecha, no lo inventé: se llama «Surname affinity in Santiago, Chile», lo firmaron Naim Bro y Marcelo Mendoza, y salió en 2021 en una revista científica, PLOS ONE, con todos sus números en regla —cuatro millones de habitantes, dos redes de apellidos, cuatro pasos de distancia entre los de arriba y los demás—. Un dato frío, revisado por pares, que sin proponérselo cuenta la novela policial de un país.

Tariq Anwar / Sin futuro

Filosofía, Política

¿Qué puede ser un mundo que no imagina su propio futuro? La pregunta, lejos de pertenecer al orden de la retórica vacía, toca hoy el núcleo mismo de nuestra condición. Pues lo que se ha agotado no es simplemente una época o un paradigma político, sino la muy capacidad de proyectar el porvenir como horizonte de sentido. La devastación del planeta, la explosión de la guerra y el genocidio han colocado a nuestra generación en un lugar sin precedentes: el de la espera pasiva de una destrucción que no promete redención alguna. Y es aquí donde la meditación debe detenerse, no para lamentarse, sino para interrogar el rasgo estructural de esta suspensión. La palabra latina futurum designaba originariamente lo que está por venir, participio de esse con el matiz de una realidad no actual pero cargada de necesidad. Sin embargo, el futurum romano no coincide con la expectatio cristiana ni con la avenir de la modernidad secularizada. Lo que ha muerto en nuestro tiempo no es el futuro en cuanto tal, sino una determinada forma de relación con el devenir: aquella que, desde la escatología mesiánica hasta el progreso ilustrado, articulaba la espera como tensión hacia una plenitud. Hoy, por el contrario, vivimos bajo el imperio de un tiempo que ya no se abre, sino que se prolonga en la mera persistencia de lo existente.

Mauro Salazar J. / Suite Piazzolla (04 de Julio)

Estética, Filosofía, Política

Escuchas nómades

Los devenires de Piazzolla no dibujan una biografía: trazan una trama de enjambres donde lo popular, los saberes expertos y las artes contemporáneas se rozan sin pacificarse. En esa trama, el bandoneón (órgano portátil entregado al vibratum) opera como revuelta anti-hermenéutica que desacata la modernidad de los sentidos fijos (‘estéticas del marco’) y quiebra su primer confinamiento nacional-popular. De un lado, el Doble A: la técnica como ontología; del otro, una tecnología que se sustrae a la metafísica del significado para organizar la economía de los cuerpos por efectos rítmicos y sensibles. El instrumento, en su infraestructura de soporte parlante, diagrama la experiencia de la danza desde la semántica del fuelle y no desde el axioma que sutura baile y letra en un mismo contrato de sentido. Hay ahí un parecido de familia con cierto materialismo mediático que piensa los soportes antes que los mensajes, y que no se deja reducir a ninguna «astucia de la razón»1.