Alejandro Fielbaum S. / Carteles de izquierda

Filosofía, Política

Todos los hombres se ríen de los peces de colores y Charlot se llora de los peces de colores. (Federico García Lorca, La muerte de la madre Charlot)

I. En los años gloriosos del cine mudo estadounidense, los dos cómicos más importantes se dieron un curioso desafío: Buster Keaton y Charles Chaplin compitieron por quién podía dirigir un largometraje con menor cantidad de carteles, esos que indicaban con palabras escritas lo que la actuación de ellos y sus colegas no podían mostrar. Pese a la supuesta rivalidad que se ha querido ver entre ambas estrellas, se trataba de una disputa amistosa: solo se podría desafiar a una competencia tan exigente a quien se respeta, asumiendo de paso que ella solo podría mejorar la producción del otro.

James Medcraft / Octave

Música, Videos

OCTAVE es una exploración del mundo urbano hecho nuevo a través de la reordenación del tiempo físico. La noción del tiempo como un medio físico, tangible y maleable ha sido siempre una gran influencia en mi trabajo. Al reordenar y distorsionar el tiempo, «OCTAVE» es una exploración de la frenética arquitectura, ritmo y geometría de Hong Kong. Filmada desde un vehículo en movimiento, la película utiliza el movimiento y el tiempo para crear un lienzo arquitectónico que evoluciona sin interrupciones, contemplando el entorno urbano desde una perspectiva única.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: borrachera, cuerpo e inmundicia

Estética, Filosofía, Literatura

Las noches de verano no requieren de sueños ni de esperanzas. Sobre las mesas de un bar cuya materia se desvanece hasta confundirse con el humo, o bajo la luz de faroles callejeros que se cruzan de brazos mientras uno cruza las piernas, el calor del verano asedia. Las noches de verano no permiten sueños ni esperanzas: ya no permiten dormir ni dentro ni fuera de casa. Tras la historia de un mal año, y perseverando más allá de infatigable cansancio, el cuerpo por fin pide exactamente aquello que la noche le ofrece: sudor, fluidos y carne. Luces y opacidades. Recuerdos y olvidos. Borracheras.

Giorgio Agamben / La técnica y el gobierno

Filosofía, Política

Algunas de las mentes más agudas del siglo XX coincidieron en identificar el reto político de nuestro tiempo con la capacidad de gobernar el desarrollo tecnológico. «La cuestión decisiva», se ha escrito, «es hoy cómo un sistema político, cualquiera que sea, puede adaptarse a la era de la tecnología. No conozco la respuesta a esta pregunta. No estoy convencido de que sea la democracia». Otros han comparado el control de la tecnología con la empresa de un nuevo Hércules: «quienes consigan someter la tecnología que ha escapado a todo control y ponerla en un orden concreto habrán respondido a los problemas del presente mucho más que quienes intenten alunizar o aterrizar en Marte con los medios de la técnica».

Mauro Salazar J. y Carlos del Valle R. / La Abuela amargura: goces del capital y progresismos laxos

Filosofía, Política

No se puede hablar de imágenes, sin hablar de cenizas. Georges Didi-huberman

Nuestro Reyno, que vive de las mercancías efímeras,ha domiciliado en su atribulada vida cotidiana, la saturación mediática y la fragmentación como formas que renuevan la producción y liberalización de los consumos visuales. Ello sucedeen el atardecer del Chile post-octubrista (vértigos destituyentes), cuestión que, nuevamente, nos recuerda la imposibilidad de una distancia entre facticidad y pensamiento crítico. Esta trama se asemeja a los espejos rotos de Borges (luz y sombra). En 1977, el escritor argentino sostenía, “Yo de niño temía que el espejo me mostrará otra cara que ocultaría algo sin duda atroz”. Ciertamente, cuando cae la unidad de la imagen, nadie quiere verse retratado en aquella desemejanza macabra que proyectan las «transiciones adulteras» en la región que, sin restañar, perpetraron impunidades normativas y vidas de derechas. Huelga señalar que aquí el nihilismo -en su escena no originaria– sería la condición histórica de la “acumulación capitalista”. En un contexto de distopías no románticas y de valores sin sombras, se renueva el flujo de las mercancías. En lo parroquial, el personaje de turno –La Abuela– ha puesto el colofón para que la lengua política del congreso asuma su vileza en el grado cero de la “política representacional”. Para que los rostros se vean demacrados en el espejo de la locura cuando se ha consumado la liquidación de todos los referentes o fines últimos. De tal suerte, el virus de la hipersimulación -en plena autonomización- ha dislocado la diferencia de lo “verdadero” y lo “falso”, de lo “real” y lo “imaginario”. La hiperrealidad ha trastocado al Estado, coaliciones e ideologías, hegemonías, sujetos y derechos sociales desmantelados por el tiempo enloquecido del aceleracionismo. Toda vez que la obsolescencia programada del presentismo capturó el pensamiento crítico, instauró la trampa visual, e impide alcanzar algún «reparto de lo político», hemos asistido a la destrucción de la realidad en un Chile Post-Watergate. Fin de la metafísica. No hay trascendencia posible, salvo abrazar el mercado con los pecados de Caín. Ahí deviene un fondo espectral, donde se desliza la coreografía violenta de Pamela Jiles, con su personaje grisáceo, gestionando ficciones anti-elitarias, sodomías mediales y los deseos errantes que solo sabe gozar el capital.

Miguel Ángel Hermosilla Garrido / Pedro Lemebel y el comunismo sucio de los sentidos

Filosofía, Literatura

Para Sergio Villalobos Ruminott.

Como si esa hora del día fuese un referente laboral de trabajo instantáneo, una medida burguesa de producción para esforzados que para entonces ya tienen medio día ganado, después de hacer footing, pasear al perro y teclear en la computadora la economía mezquina de sus vidas”. Pedro Lemebel. La esquina es mi corazón.

Estar en ningún sitio puede ser el desafío ocurrente de un errar sin identidad en la pérdida de un yo que nos deslice desaparecidos, exilicos y andariegos por los veraneos an-arquicos de un sin estar tantas veces inmovilizado por la identidades rígidas de la mirada policial y uniforme del preguntar filosófico. La escritura en sus devaneos subversivos y menores podría ser una entrada que interpele con lengua sucia y liminal a la literatura políticamente correcta y sus retoricas soberanas. En ese sentido la perspectiva rizomatica, descentrada y desosegada de los antagonismos moleculares de una lengua callejera y abierta a la historicidad de los cuerpos heteróclitos que se deslizan por la ciudad siempre vigilada de las crónicas urbanas de Pedro Lemebel1, se constituyen en un resonar de sarcástica imaginación y desobediencia frente toda forma de institución y jerarquía que pretende uniformar en canon identitario y monumental el gesto an-estetico de su incomoda “lengua de sal incomprendida”( p120).