Mauricio Amar / Sobre la identidad y la analogía

Filosofía

Entre los estudiosos del lenguaje humano se ha desacreditado durante mucho tiempo el lugar que juega en éste la analogía. A pesar de ser la forma de pensamiento más recurrente, por medio de la cual conocemos y comunicamos a diario, la búsqueda moderna de un pensamiento puro y abstracto, identificado con la lógica, ha rebajado la analogía a lo sumo al lugar de un asistente de la razón. Sin embargo, hoy que presenciamos como un espectáculo la destrucción del mundo comandada por una razón fundada en binarios –de la que la digitalización, es decir, el sistema de representación basado en unos y ceros, es paroxismo– la analogía podría presentarse ante nosotros como una salida.

Miguel Ángel Hermosilla / La imaginación sublevada en el mito, Mariátegui y Jesi contra la historia

Filosofía, Política

la sublevación conduce a no dejar que otros nos organicen, sino a organizarnos nosotros mismos.” Marx. La ideología alemana. La sublevación.

La imaginación popular, como reformulación de lo que Furio Jesi denomina mito autentico o propaganda genuina, y que expresaría el momento fulmíneo de todo acontecimiento subversivo1 , porque implicaría una experiencia de verdad y de conocimiento; “un instante de cognoscibilidad”, que fisuraría la intersección dominante entre mito e historia; entre eternidad y contingencia, y que, en efecto, rasgaría un hiato en el interregno abierto por la “verdad” que contendría la potencia de un gesto de insurrección, es que nos interesaría leer la importancia del mito político contemporáneo como topología de la sublevación.

Aldo Bombardiere Castro / Pesar Gaza

Filosofía, Política

No se trata de un peso. Tampoco simplemente de “tomarle el peso”, como cuando exhortamos a alguien a darse cuenta de algo. No se trata de la solidez de un peso. No. O no, mejor dicho, sólo de eso. Más bien, remitimos a un peso, pero a un peso permanente y movedizo; a un peso cuyo salar, constantemente astilloso, se expande por los silencios de nuestro pecho, se agudiza en el crispado vaivén de las noches y nos inunda de pestilencia el revés de los párpados, para terminar por hacer de nuestros ojos un arenal. Y no tiene término. Por cierto, no hablamos de un peso circunstancial o particular, sino de una cierta ontologización del abatimiento: de un estado de pesar.

Dionisio Espejo / El discurso del poder, el poder del discurso

Estética, Filosofía, Política

1. Acercándonos a la verdad y la lógica de los signos desde la perspectiva del poder

El problema al que apunta la reflexión foucaultiana, a propósito de Magritte en el ensayo escrito en 1973 Ceci n’est pas une pipe, es el problema del lenguaje, en particular la relación entre imagen, palabra y realidad. Al final la cuestión de la que se trata es la de qué es o no verdad, lo mismo que hemos visto que Derrida se plantearía después acerca de la verdad en pintura. De alguna manera, en este ensayo, se recuperan las preocupaciones que se plantearon en Las palabras y las cosas pero ahora desde un tratamiento no de lo que Foucault llamó la “era de la representación” (lo que en aquella investigación denomina como la época clásica) sino desde un momento histórico que para Foucault habría sucedido al de la representación, y es la edad de la autonomía de los signos. La imagen, la cosa representada, no es el objeto al que haría referencia la imagen representada, pues cosa e imagen mental no son simétricas; esto es: la pipa pintada no es una pipa, una pintura no es lo mismo que la cosa pintada, una pipa pintada es solo una pipa pintada. Y así sucede con lo que parece la idea de pipa, tal y como aparece en otra versión de la obra (En esta se ve pintada la pipa en un lienzo puesto sobre un caballete pero suspendida sobre esta imagen se ve ahora otra pipa, algo así como la idea de la pipa pintada abajo) que tampoco es una pipa.

Rodrigo Karmy Bolton / Silencio en común. Acerca de “Persona” de José Carlos Agüero

Filosofía, Política

Cuando me invitan a comentar un libro casi nunca escribo algo. De hecho, hace años que no lo hacía. Pero esta vez, debo decir, la experiencia fue diferente. La escritura llegó de improviso y el proceso de comentar “Persona” de José Carlos Agüero me fue irresistible. Quizás, debamos hablar de lo irresistible, del deseo que nos arrebata en el instante de la escritura, la hendidura y las mil máscaras que sobrevienen en este singular proceso. Se trata de un momento de personificación, digamos, aunque, por cierto, José Carlos me provoca al invitarme a esta sala. Me provoca, ante todo, porque hace años he pretendido destruir literalmente la noción de persona, trazando su genealogía y mordiendo sus problemas teológico-jurídicos en razón de desactivar su máquina y abrir un porvenir. Sin embargo, hoy me veo presentando un libro titulado Persona.