Mauro Salazar J. / Fondecyt bajo el Gobierno Emergencia. Métrica, servicios y tecnocracia

Política

Cuando el Presidente José Antonio Kast dijo que las investigaciones financiadas con fondos públicos terminaban en «libros preciosos, empastados, en la biblioteca», no cometió un desliz sino que realizó una declaración espartana contra el campo crítico. La frase no fue un infortunio medial sino su programa político explícito. Reveló, desde una tosquedad deliberada, el desprecio profundo por el conocimiento desinteresado, por la investigación que se niega a ser productiva en términos de ganancia, por todo aquello que no se pueda convertir inmediatamente en números, en empleos, en plusvalía extractible. Pero lo que José Antonio Kast dijo sin saberlo es esto: existe algo que el poder político no puede comprar, que no puede reducir a mercancía, que no puede traducir en la gramática del capitalismo cognitivo. Y eso lo asusta. Porque un libro precioso, empastado, en una biblioteca pública, es un síntoma de lo inapropiable. El líder de Republicano entiende perfectamente eso. Por eso lo ataca. Porque sabe que esos libros contienen preguntas que amenazan el orden existente, que contienen herramientas de pensamiento que pueden ser usadas para imaginar lo diferente. Porque comprende que la investigación humanista, la ciencia básica, la teoría crítica, son precisamente los lugares donde germina la posibilidad de cuestionar.

Gerardo Muñoz / Un hijo muerto: una postal desde el norte

Filosofía, Política

Otro hijo muerto en manos de las fuerzas de ICE en Delaney Hall. Edwin López-Cornejo, salvadoreño de 41 años, falleció el pasado sábado en el hospital de Newark luego de que los guardias del correccional llamaron a emergencias. López-Cornejo llevaba viviendo en los Estados Unidos veinte años, de hecho, los hubiese cumplido este mismo 2026. Deja atrás a una hija de doce años. Que el crimen se haya vuelto la norma pública de un sistema político es, llegados a este punto, algo suficientemente corroborado. En la repetición está el horror, y en la singularidad, en la muerte fechada y nombrada, yace el mayor punto de su definición de la trama social. Es cierto que eso que llamamos “Sociedad” siempre le ha declarado la guerra a los muertos – a los que siempre ha buscado ultrajar, incluso luego de estar bajo tierra, o cuando se le ha privado de la misma, como suele pasar en los tiempos que corren – pero en la nueva fase psicopática del Americanismo, el muerto es un ser privado del duelo al mismo tiempo que se le amplifica mediante retratos mediáticos en los que deviene otra cifra, otro nombre en el torbellino de nombres, o un rostro de un ser ajeno o indigente. Así, el muerto deviene un hijo.

Z.e.l.l.e / Nth

Sonido

El sonido de lo contemporáneo no es sólo la máquina, sino también lo digital. Secuencias, patrones, glitch, ruido, microtonalidades, son formas sonoras que están tan presentes en nuestro entorno que muchas veces las pasamos por alto. Nth, del dúo italiano Z.e.l.l.e, compuesto por Maurizio Martusciello y Nicola Catalano nos invita a escuchar atentamente una carga de sonidos pequeños, a veces apenas audibles, que toman como base la experiencia digital. En Ficción de la razón les invitamos a escuchar.

Giorgio Agamben / Pensamiento e imaginación. Nuevamente sobre la inteligencia artificial

Filosofía, Política

El problema de la inteligencia artificial, sobre el cual hoy se discute no siempre con natural inteligencia, ha tenido en la historia de la filosofía occidental — como ya hemos tenido ocasión de mostrar aquí — un precursor: el intelecto único y separado del averroísmo latino. La analogía es tan estricta — un intelecto único y separado que piensa al margen de los individuos singulares — que puede incluso coincidir en la sigla que la expresa: Inteligencia Artificial – Intelecto Agente (como los averroístas llamaban al intelecto separado). Para los filósofos medievales, en esto más cautos que nuestros contemporáneos, el problema crucial era el del modo en que el intelecto único y separado se une (copulatur) a los hombres singulares, para que el pensamiento sea adquirido (adeptus) por el individuo y se pueda decir hic homo intelligit, este hombre piensa. El medio que permite esta unión era, para Averroes, la imaginación, de la cual nuestros contemporáneos parecen en cambio absolutamente privados. En la inteligencia artificial, en efecto, hic homo non intellegit, el hombre singular renuncia a pensar y delega la más preciosa de sus facultades a una máquina, que debería pensar en su lugar y mejor que él. Para seguir las instrucciones de este ineluctable maestro, la imaginación no es de ninguna utilidad (aunque incluso para aplicar una norma alguna forma de imaginación podría ser necesaria). Quizá el verdadero problema de la inteligencia artificial es que ha sido hecha posible por una pérdida general de la facultad de la imaginación, casi como si su advenimiento hubiera sido precedido por la instauración de una omnipresente imaginación artificial. Una humanidad que había perdido la imaginación estaba lista para privarse también del pensamiento (que, por lo demás, como ya enseñaba Aristóteles, sin la imaginación no es simplemente posible).